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“Cada vez que abres una puerta te encuentras con alguien hecho pedazos”

A diferencia de Simone de Beauvoir, Doris Lessing lo dejó todo, no por un hombre sino para salvarse a sí misma. Toda su vida ha insistido en que no es una escritora feminista. Pero las lectoras han decidido ignorar sus reclamos. Hacen bien.

2010/03/15

Por Marta Ruiz

Doris Lessing es todo menos adorable. Es inteligente como pocas. Radical toda su vida, y una escritora que no le hace concesiones al lector. Es difícil salir ileso, por ejemplo, de El cuaderno dorado. Un libro injustamente encasillado como parte de la literatura feminista, cuando en realidad se trata de un escrito devastador sobre los dilemas más profundos de su generación. El desencanto con el comunismo y el quebrantamiento de la fe en las ideologías. La mujeres y los hombres de los años 50, con sus preguntas sobre la sexualidad, la familia y la vida afectiva, que serían la génesis de la llamada revolución sexual de los años 60. La búsqueda de experiencias psíquicas, que rompieran las barreras de las emociones y del pensamiento. El colonialismo y sus abusos. Las estética como una necesidad vital, la de romper los cánones literarios y deshacer las estructuras conocidas. Y esa sensación un poco existencial que dejó la posguerra. “He visto el mundo del desorden, lo había vivido, el mundo donde la gente se mantiene abierta hacia nuevas emociones o aventuras, vive al día, como pelotas bailando perpetuamente en la cima de surtidores de agua saltarina.”, dice Janet uno de los personajes adolescentes de la novela.

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