Ilustraciones de 'La mano del pintor' de María Luque, editorial Sigilo

'La mano del pintor': los hombres que retrataron la guerra

María Luque narra una guerra devastadora en una novela gráfica que parte de un breve encuentro histórico y la obra sin acabar del “manco de Cutupaytí”.

2018/04/03

Por Mario Cárdenas

En el siglo XIX, antes de la expansión y uso masivo de la cámara fotográfica, los medios enviaban a dibujantes al frente de las batalla para dar testimonio por medio de sus dibujos y dejar un registro visual en periódicos y revistas. Muchos ilustradores iban a la guerra para hacer bocetos a lápiz: medios como el Illustrated London News y la revista Harper’s fueron pioneros en el uso de estos reporteros, entre los que se contaba Thomas Nast, que en lugar de entrevistar realizaba bosquejos al natural del terreno de los acontecimientos.

En ese siglo también se dio un auge de las revistas ilustradas y, por ende, del papel del corresponsal gráfico. No solo la prensa se servía de los dibujantes y pintores para documentar sus trabajos. En Colombia proyectos como la Comisión Corográfica, realizada entre 1850 y 1859, usaban dibujos y pinturas para describir visualmente las condiciones físicas del paisaje cultural y las costumbres regionales.

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A pesar de no ser un reportero gráfico al uso, el pintor Cándido López terminó encajando en esta línea de corresponsales gráficos. López fue reclutado como soldado durante la Guerra del Paraguay en el Batallón de San Nicolás, y fue ahí, entre los descansos de las batallas y sus ratos libres, que elegía lugares altos para hacer bocetos y dibujar paisajes de campamentos militares. Su trabajo derivó en una serie de pinturas que documentaron directamente la guerra, de la cual también hizo parte el médico Teodosio Luque, tatarabuelo de María Luque (Rosario, 1983). Ella parte de un encuentro entre ambos para contar una bella historia sobre fantasmas, el valor del dibujo como historia y la creación de la memoria, titulado La mano del pintor, que editó la editorial argentina Sigilo mediante una campaña de financiación colectiva en Ideame.

Luque ya había realizado algunos fanzines y había participado en revistas infantiles y libros para niños, además, recién ganó con La Casa Transparente el I Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas. En esta nueva novela gráfica, la autora parte de un momento en la Batalla de Curupaytí, cuando Teodosio tuvo que amputarle la mano izquierda a un soldado para salvarlo. Ese soldado era el pintor Cándido López, quien fue víctima del estallido de una granada que hirió su mano más hábil, la que usaba para registrar y hacer bocetos de cada pormenor de la campaña comandada por el general Bartolomé Mitre. Cuando volvió a su casa después de la guerra, López entrenó la mano que le quedaba y logró pintar 52 de los 90 bocetos que había hecho sobre la guerra.

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La mano del pintor retrata no solo la historia de Teodosio y Cándido, sino que abre una puerta histórica sobre la guerra donde la Triple Alianza (Argentina, Uruguay y el entonces imperio del Brasil) mató a más 300 mil paraguayos, una masacre que eliminó gran parte de la población masculina del país; una guerra de la que jamás se recuperó.

El dibujo que usa Luque se intercala con el estilo del pintor: las pinturas al óleo de López son recreadas por un trazo hecho por crayones y lápices de colores. Así, María Luque va cruzando su historia familiar con la nacional: cuenta la vida de López antes y durante y después de la guerra, el interés por los cuadros de pintor, la actividad independiente y colectiva que hace Luque como dibujante de fanzines y la reconstrucción ficticia de los cuadros no terminados de López. Esto último es lo que deriva en La mano del pintor, al hacer de su narración un puente entre un artista, el “manco de Cutupaytí” y su impresión de la Guerra del Paraguay, y una audiencia, a través de la historieta.

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María Luque logra con La mano del pintor crear una novela gráfica a partir de las ruinas de una guerra y una obra sin acabar. Comparte unas postales coloridas, unos fragmentos de la historia donde se extravían unos anónimos soldados miniatura, unas diminutas sombras en medio del espesor de esos paisajes naturales.

La mano del pintor

María Luque,

Sigilo,

192 páginas

2016

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