'Dos aguas', la primera novela de Esteban Duperly. Foto: Cortesía Angosta Editores. 'Dos aguas', la primera novela de Esteban Duperly. Foto: Cortesía Angosta Editores.

‘Dos aguas’, la primera novela de Esteban Duperly

El periodista y fotógrafo paisa se estrena como novelista con 'Dos aguas' (Angosta Editores), una historia de dos hombres de orígenes distintos y también espejo, quienes reflejan las marcas dejadas por el desarraigo en medio de un paisaje agreste. Hablamos con él antes del lanzamiento.

2018/12/13

Por Adriana Cooper

En casi ninguna de las reseñas o notas literarias que escribo incluyo detalles adicionales al texto. No hablo, por ejemplo, sobre el autor, sobre el camino que recorrió para escribir el libro o sus datos más desconocidos, que a veces llegan al azar y hablan de mundos un poco más privados. Pero esta vez voy a hacerlo. Quienes conocemos y hemos trabajado con Esteban Duperly admiramos su talento para hacer bien dos oficios: tomar fotos y escribir. A esto hay que sumar la capacidad que tiene de analizar bien una imagen, hacer un buen diseño, su gusto por la naturaleza, el respeto por los oficios manuales y su curiosidad hacia temas históricos o relacionados con la vida de hoy, como el minimalismo, el cuidado del ambiente o la vida sin esnobismos.

Esta mezcla de intereses, esta forma de mirar las situaciones y saberes que reúne, se refleja en Dos aguas, su primer libro de ficción, que narra la historia de dos hombres de orígenes distintos que, en su encuentro, reflejan las marcas dejadas por el desarraigo en medio de un paisaje agreste. Allí, las descripciones tienen fuerza: a ratos pueden ser poesía o una imagen nítida. Los diálogos se oyen naturales y son escasos, solo aparecen cuando son necesarios. Antes de su lanzamiento, que tendrá lugar hoy 13 de diciembre a las 7:00 de la noche en La Pascasia de Medellín (donde conversará con José Ardila, editor de Angosta Editores), hablamos con Esteban sobre Dos aguas y compartimos un breve adelanto de la novela.

¿De qué trata esta historia?

Dos aguas es la historia del encuentro de dos hombres, uno que sale de Europa con su familia en un contexto histórico que no es preciso (porque no es una novela histórica) pero que el lector creo que puede fácilmente identificar como la antesala a la Segunda Guerra Mundial. Este hombre está escapando y busca un lugar para huir de la crueldad, y en esa suerte de trashumancia se topa con otro que vive con su mujer y también padece el desarraigo. En el encuentro de ambos hay puja, choque, enfrentamiento y la paradoja de infligirse una y otra vez los mismos males de los que todos están escapando.

Creo que una de las fortalezas de este libro son las descripciones. Hay unas muy potentes que permiten ver la imagen con claridad absoluta. ¿Cree que su formación como fotógrafo y, además, como persona que aprecia y conoce la naturaleza, ayudó para esto?

Ambas cosas son ciertas. Por ejemplo, en uno de los últimos capítulos hay un párrafo entero que describe la manera cómo cambia la luz cuando atardece. Y también es cierto que hay una exaltación del entorno natural que rodea a los personajes la mayor parte de la historia, y que también tiene que ver con yo haber estado en contacto cercano y a veces prolongado con lugares así. Pero creo que es normal que un escritor se apoye en sus fortalezas a la hora de escribir, porque es el lugar donde se siente más seguro. En contrapunta, en la novela no hay muchos diálogos. 

Muchos de los relatos actuales e incluso de los concursos o eventos literarios (como Bogotá 39), tratan principalmente sobre experiencias urbanas. ¿Por qué escribir una novela que transcurre principalmente en la naturaleza?

Esta respuesta se relaciona con la anterior.  Lo que en el libro llamo el Golfo no es un lugar real, sino una sumatoria de lugares en los que he estado y que en algún momento pensé que podían ser un escenario para una novela, porque la naturaleza puede ser bella, pero también difícil, dura y agreste. Puede ponerse en contra y tomar el control. Y luego volver a encantar.  Ahora bien, yo soy un tipo urbano, vivo en una ciudad, hago una vida en la ciudad, pero me siento muy a gusto cuando me voy de ella y encuentro mucho bienestar en lo rural. Así que ambas cosas, que la naturaleza me resultara un escenario “novelable” y que tuviera afinidad desde lo sensorial y lo emotivo con el aire libre, me permitían escribir con cierta fluidez.

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Esta novela tiene una estructura llamativa. ¿Cómo podría describirla en unas pocas palabras y cómo llegó a ella?

Me ha sorprendido que los lectores que la novela ha tenido hasta ahora les ha llamado la atención la estructura. Yo no he tenido formación literaria académica, entonces no es algo que haya surgido desde lo consciente. No me propuse carpintear los párrafos para formar una estructura extraña o compleja. Creo, más bien, que obedece a la necesidad de mostrar una acción vista desde el punto de vista de dos personas que son muy distintas. Eso hace que el foco cambie de escena a escena pero para mostrar lo mismo, y al parecer el lector lo ha encontrado agradable y llamativo. Pero si se mira bien, es un recurso que viene del cine: el plano y el contraplano. En la novela también hay flashbacks y elipsis y todas esas cosas que hemos visto en el cine comercial y en los videos de Mtv. Yo soy hijo de los ochenta y los noventa; me he pasado la vida viendo televisión. Creo que a esas combinaciones de recursos, que surgen desde el inconsciente, le llamas estructura llamativa.

En esta novela las mujeres intervienen poco y cuando lo hacen aparecen seguras, tranquilas o dotadas de una “fuerza serena”. ¿Tienen algo en común las mujeres de esta novela?

El asunto de lo femenino en esta novela fue algo que me cuestionó. Justo cuando estaba escribiendo y reescribiendo reventaron varias de estas situaciones recientes que nos hacen preguntarnos por el trato y el lugar que le damos a las mujeres. Una de ellas era sobre rol de las mujeres en la literatura, desde el estatus que tiene una escritora hasta el papel que desempeñan los personajes femeninos en las historias. Yo me cuestioné mucho, porque era evidente que en mi historia las mujeres aparecen como secundarios. Yo no quería caer en “pordebajeos” y analicé mucho lo que estaba escribiendo, pero llegué a la conclusión de que mi historia era una historia de dos hombres y sobre ellos estaba puesto el foco. Ahora bien, esta no es una historia que hace héroes a los hombres, antes bien muestra lo torpes que los hombres podemos llegar a ser. Las pujas y las tensiones entre los dos protagonistas son las de dos hombres cegados por sus egos; son infantiles, y por culpa de ellos sufren los demás y hay dolor. 

Otra cosa es que desde lo puramente dramático, sí hay unos personajes muy fuertes que tiran hacia un lado, es necesario que haya otros que los moderen, y en ese sentido las mujeres en esta historia hacen el contrapeso. Pero esta novela es ante todo sobre una condición humana: causar sobre otro el mal que nos han hecho. Y eso lo hacemos los hombres y las mujeres. Si pusiéramos el foco sobre el grupo de mujeres de esta novela (tal como lo hacemos con los dos hombres) quizás veríamos surgir una fuerza menos serena y más crueldad. 

Antes había escrito notas periodísticas y no estaba muy seguro de escribir ficción.  ¿Qué lo llevo a decidirse a escribir una novela?

Todos queremos escribir ficción, pero escribir ficción tiene unos retos distintos a los de la no ficción. No me motivó nada en particular, sino que cuando consideré que tenía el suficiente momentum acumulado en los dedos, arranqué a escribirla. No lo había hecho antes sencillamente porque no tenía suficiente impulso. Supongo que es como en los deportes de puntería: un arquero sabe cuándo es el momento de soltar la cuerda y que la flecha salga. Y segundo porque tenía una historia en la cabeza que el medio adecuado para contarlo era el literario de ficción. Y que intuía que tenía la longitud y drama suficientes para llenar las páginas de lo que constituye una novela. Aunque esta en realidad es una novella, una novela corta, o nouvelle, como dicen los franceses. 

 ¿Cómo fue el trabajo con el editor?

Con José trabajamos inicialmente en un “sin compromiso”. Yo escribía dos capítulos por mes y se los mandaba, pero aún no había historia así que era más un asunto de la “dale, seguí a ver dónde terminamos”. En diciembre de 2017 el primer manuscrito estuvo listo y ahí sí comenzó el trabajo de reescrituras, de poner, de quitar, de fundir, de omitir, de pulir. Jose leía, señalaba, conversábamos, me daba unos días para escribir, y volvía otra vez el mismo proceso, que duró quizás hasta septiembre. Lo bueno de las editoriales pequeñas es que el trabajo es muy cercano, entonces el trabajo con el editor es cercano también: emails, chats, bromas, un par de veces cervezas en murito.

En este libro, el agua a veces es serena, limpia, revitaliza, sepulta, se pulveriza, inunda o se convierte en un mar de leva en el que solo echan raíces las matas bravas. ¿Podría decirse tal vez, que aquí el agua es como la vida?

No realmente. El agua funciona como metáfora para las dos personalidades opuestas, pero en realidad no hay un símbolo de la vida en ninguna de las formas en que aparece. Más bien actúa como un elemento de la naturaleza, y como traté de expresarlo más arriba, mi intención era hacer que la naturaleza fuera un estado de ánimo.

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Breve adelanto de Dos aguas

Todavía era de noche, pero las sombras comenzaban a tornarse azules. En el horizonte, entre dos picos, la parte baja de un cúmulo de nubes se teñía de rojo y amarillo. Estaban arriba, en la cordillera, y desde hacía un par de horas atravesaban nudos de colinas y peñas y barrancas, y pueblos amortajados por la niebla donde los vagos despiertos hacían el papel de espíritus en el escenario espectral de la alta madrugada.

Berhardt ya conocía esa carretera, en dos viajes que hizo solitario para preparar el destierro. Protegerse tanto había sido un error: alguien en la ciudad pensó que detrás de los alemanes que se encerraban en el garaje, tomaban fotos desde el aire y cuyos hijos no iban al colegio, habitaba algo oscuro y peligroso. Y se lo confió a otro; a un amigo, como si fuera cosa cierta. Y ese a otro más, y pronto se tejió un rumor. Entre todos fabricaron un enemigo común; una idea que les permitía participar en murmullos y compartir miradas de cautela.

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