Foto: Johann Correcha / SEMANA Foto: Johann Correcha / SEMANA

Editoriales independientes, un punto de fuga de lo tradicional

No solo están refrescando los contenidos editoriales, visibilizan a escritores y escritoras que antes no tenían cabida. ARCADIA comparte una reflexión sobre el trabajo titánico que realizan por la lectura, por formar lectores y por construir nuestro imaginario.

2019/05/07

Por Juan Pablo Chaves

John Kennedy Toole, escritor estadounidense, se suicidó el 26 de marzo de 1969, roto, paranoico, contrariado, por el rechazo que vivió su novela La conjura de los necios. Toole la consideraba una obra maestra, pero esta no causó sorpresa o interés en los editores a quienes se la presentó.

Es extraño que, en la literatura y en diferentes expresiones artísticas, se descarte de tajo lo que más adelante será venerado. Así sucedió con La conjura de los necios. La madre de John Kennedy Toole, incansable y férrea en demostrar el talento de su hijo, logró su publicación. El libro, como su autor lo pensaba, es una obra maestra, y le representó a Toole el premio Pulitzer de ficción en 1981. Ha sido traducido a 18 idiomas y ha vendido más de 1,5 millones de copias alrededor del mundo.

Por eso, cada vez que paso por una biblioteca, librería o feria y veo los estantes, la historia de Toole me hace pensar en el libro que no está, el libro ausente, varado en el computador de un escritor o una escritora que sufre o resiste mientras enumera las razones por las que su libro fue rechazado, justas o injustas.

Y cuando sigo de largo, continúo pensando en ese libro ausente, que tal vez pudo haberme gustado o haberle gustado a alguien, o haber sido motivación para quien empieza en el viejo vicio de leer. También recuerdo como arranca el prólogo de Charles Bukowski en una nueva edición de Pregúntale al polvo, de John Fante: “Casi todos los libros que leía pertenecían a la Biblioteca Municipal del centro de Los Ángeles, pero nada de cuanto me caía en las manos tenía que ver conmigo, con las calles, ni con las personas que me rodeaban. Me daba la sensación de que todos se dedicaban a hacer juegos de prestidigitación con las palabras, que aquellos que no tenían prácticamente nada que decir pasaban por escritores de primera línea”.

Conectar al lector con un buen libro puede llegar a ser un proceso prejuicioso por parte de los editores. Las grandes editoriales, aparte de la publicidad, se sostienen por su propio nombre y por el nombre de quien escribe. Apelan a estos para acercar a la gente a sus libros. Pero, la duda de lo que va a tocar fibras sigue partiendo de un velo de suposición, y esto lleva a que escritos valiosos se queden estancados.

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Hay cuentos que a un editor nunca le gustaron y terminaron siendo los que le gustaron a los lectores”, me dijo Mario Cubillos, coordinador editorial de Pensamientos Imperfectos, una editorial emergente, con dos años de existencia, dedicada a sacar adelante a escritores noveles. Conversamos en el pabellón de editoriales independientes de la Filbo (Feria del Libro de Bogotá), un pabellón que sigue creciendo y que ofrece visiones particulares, innovación, nuevos temas y nuevas formas de abordar temas. Sin duda, las editoriales independientes están refrescando los contenidos editoriales mientras visibilizan a escritores y escritoras que antes no tenían cabida; un trabajo titánico por la lectura, por formar lectores y también por construir nuestro imaginario como país.

El slogan de este año de la Filbo fue: Léete. El país invitado eres tú. Y, precisamente, lo que están haciendo las editoriales independientes es crear diferentes formas de mirarnos y leernos. Ellas, las independientes, nos están dando una riqueza de la que carecíamos. Al respecto, Cubillos añade: “Se piensa todavía el libro como un objeto, pero nos repensamos en maneras de presentar los libros, en la gráfica, en la manera de construir el libro, en la manera de llegarle al lector”.

Cómo así que yo tengo que pagar para pertenecer a una asociación de editores independientes, mejor sigo solo”. El trabajo independiente se aborda de forma apasionada pero da pie a varias posturas. Eso prueban las palabras de Hernán Vargascarreño, poeta, traductor y editor. Vargascarreño es cabeza y alma detrás de Ediciones Exilio, con la que suma 24 años de trayectoria y 130 títulos publicados, en los que destaca la poesía.

Su editorial le hace honor al nombre. Apartada incluso de las independientes. Sus libros se encontraban un poco lejos, en el stand de la Casa de Poesía Silva y en el pabellón Colombia. Ediciones Exilio trabaja sin rosca y da la mano a los autores que son todavía más independientes, desconocidos, pero no por ello carentes de calidad literaria. Esta editorial descentraliza para ampliar el mapa poético y literario colombiano, con una premisa impensable en editoriales grandes: permitir que los autores se queden con un gran número de copias de la edición para compartir literatura, la creación, la palabra. El acto, uno de comunidad que tanto hace falta, lo ha llevado a traer a Bogotá a escritores y escritoras desde las regiones para que lean y presenten su obra en la Casa de Poesía Silva.

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Yo no iba a esperar a que me ganara los premios que llegan cada 5, cada 6 o cada 7 años, llega uno a viejo y no ha publicado ni lo han leído”. Vargascarreño sabía el camino complicado de la edición de un libro y así forjó su senda, que no solo ha fomentado el conocimiento de nuevas voces, también el fortalecimiento del patrimonio cultural del país.

Haber entablado una breve conversación con dos editoriales independientes, una emergente y otra con amplia trayectoria, ofrece tan solo un punto de vista, o mejor, un punto de fuga de lo tradicional, para que cuando vaya a una librería se fije en el trabajo que se construye desde este tipo de editoriales. Indague, arriésguese por lo desconocido, y probablemente halle un libro que conecte con usted, un libro que si no fuera por ellas, las independientes, seguramente sería un libro ausente.

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