El pasado 5 de abril, Diana Patricia Restrepo Torres relevó a Consuelo Gaitán en la dirección de la Biblioteca Nacional. Foto: Cortesía Biblioteca Nacional. El pasado 5 de abril, Diana Patricia Restrepo Torres relevó a Consuelo Gaitán en la dirección de la Biblioteca Nacional. Foto: Cortesía Biblioteca Nacional.

"Podemos lograr que se incremente el índice de lectura en el país": directora de la Biblioteca Nacional

ARCADIA habló con Diana Patricia Restrepo, actual directora de la Biblioteca Nacional y de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas del país, sobre sus primeros meses en el cargo, los programas que hereda y sus proyectos para seguir robusteciendo los programas de promoción de lectura en Colombia.

2019/09/09

Por Julián Santamaría

El pasado 5 de abril, Diana Patricia Restrepo Torres relevó a Consuelo Gaitán en la dirección de la Biblioteca Nacional. Desde entonces tiene a su cargo la planeación y diseño de políticas relacionadas con la lectura y el manejo de las 1.520 bibliotecas públicas que conforman la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, la institución cultural más grande de Colombia. Restrepo es historiadora de la Pontificia Universidad Javeriana, obtuvo una maestría en Bibliotecología de la University College London y se desempeñó como Directora Técnica de la Red de Bibliotecas del Banco de la República durante una década. 

Desde su nueva posición, Restrepo ha dirigido el Plan Nacional de Lectura y Escritura "Leer es mi cuento" –parte del Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 “Pacto por Colombia, Pacto por la equidad”– que tiene como objetivo incrementar el promedio de libros leídos por la población lectora en el país. Su objetivo, dice, es pasar de 3.8 libros a 4.2 leídos en el grupo de 5 a 11 años, y de 4.2 a 4.4 libros, en los colombianos mayores de 12 años, en los próximos cuatro años.

ARCADIA conversó con Restrepo sobre sus primeros meses en el cargo, los proyectos que se han gestado desde su llegada a la institución, así como sobre los programas que conservará de la dirección anterior y el futuro que bajo su dirección espera para los programas de promoción de lectura.

El Plan Nacional de Lectura, el proyecto sombrilla de los planes que ejecuta la Biblioteca Nacional, parece indicar que el principal reto que hay en materia de lectura en Colombia es el fomento a través del acceso. ¿Qué estrategias implementarán para dar respuesta a esa carencia?

El reto no es solamente de acceso, sino de trabajo a través de la promoción de lectura: al generar acceso al material y a los planes de promoción de lectura, podemos lograr que se incremente el índice de lectura en el país. El ejercicio va más allá de solo dejar materiales a disposición de la gente. Se trata de propiciar e incentivar su uso para formar un país que lee más, porque sabemos que un país que lee más se convierte en un país más educado. 

Para eso hemos trabajado, sobre todo, en dos vías. Tenemos lineamientos que se articulan desde la Red Nacional de Biblioteca Públicas, como los programas de formación a bibliotecarios para que ellos aprendan y fortalezcan sus habilidades para la promoción de lectura. Actualmente hay 51 promotores de lectura que andan por todo el país. Tenemos otros programas paralelos, como el de “Escritores en bibliotecas”, en el que, a través de una convocatoria, las bibliotecas escogen escritores que tengan en sus bibliotecas para construir un programa junto al bibliotecario para que se lean sus libros con la comunidad. Al final, el escritor va allá para tener un intercambio con todos los que se juntaron para el proceso de lectura. Creo que de este tipo de dinámicas nace una nueva relación tanto para la comunidad como para quienes escriben. Atendemos muchos frentes en lo físico y lo digital para cumplir con la meta que nos proponemos.

Uno de los programas insignia es el de "Promotores de Lectura Regionales", que entre 2013 y 2018 hizo un recorrido por el país promocionando la lectura y comenzó a hacer un nuevo recorrido este año. ¿Qué retroalimentación trajeron consigo quienes hicieron parte de la primera cohorte?

Hay una cosa interesante y es que varios de ellos son los mismos. De esta experiencia se hizo evidente que tenemos unas brechas muy grandes entre los centros urbanos y las zonas rurales. Entre el 2013 y el 2018 el programa tuvo presencia en 1.079 municipios de los 32 departamentos y atendió a 1.539 bibliotecarios a través de los procesos de formación. En total, 1 millón cincuenta mil de personas hicieron parte de este programa y se entregaron 104.000 títulos.

Este año hubo una nueva estrategia muy interesante para la promoción conjunta de los dos frentes de lectura y escritura: organizamos junto al Ministerio de Cultura y a una serie de escritores una serie de talleres que se llama “Relata”, en los que armamos algo así como “combos” donde se hace la promoción del ejercicio de escritura articulando procesos de lectura. Los escritores que han participado de este programa nos han dicho que para ellos ha sido revelador conocer el país, estar frente a la comunidad y reconocer que puede existir relación muy diferente a la que mantienen con lectores que encontrarán en una gran ciudad. Para ellos es muy diferente trabajar con alguien en una librería en Bogotá a asistir a un evento en una biblioteca de un resguardo indígena. Cuando están en un espacio rural, se convierten en la gran figura que viene a visitar a quienes lo han leído con anticipación a su llegada. Creo que es un proceso que genera muchos vínculos.

‘Leer es mi cuento’ no es solo el nombre del Plan Nacional de Lectura, también es una serie de libros que se han publicado desde 2015 y a la que recientemente se le añadieron seis títulos más, algunos relacionados con el Bicentenario. Cuéntenos sobre estos nuevos títulos.

Dos están relacionados con el Bicentenario. Está José María Espinosa con Memorias de un abanderado y Manuel Uribe Ángel con Espadas son triunfos, que no son para el público infantil. De los otros cuatro, hay uno en particular me gusta mucho: Cantos populares de mi tierra de Candelario Obeso, que es parte de la articulación que hacemos entre diferentes tradiciones, siendo este de la tradición afroamericana. También estamos apuntando a los cuentos de la tradición europea como Rapunzel y Pulgarcito, y otros de Latinoamérica como Las travesuras de Naricita de José Bento Monteiro Lobato y La gata blanca de Madame d’Aulnoy. 

Y es que con el programa ‘Leer es mi cuento’ en la Biblioteca nos articulamos con el sistema educativo a través de una convocatoria en la que los libros se distribuyen junto a un programa de lectura que se hace en la biblioteca y se coordinada de la mano de maestros y estudiantes para que el programa no se reduzca a entregar libros.

Uno de los detalles más interesantes de esta estrategia es el tiraje, que es de dos millones y medio de números para esos seis títulos. Esto permite que haya siempre ejemplares para llegar a espacios convencionales y no convencionales con facilidad. Es decir, ‘Leer es mi cuento’ llega a toda la Red Nacional de Bibliotecas, a escuelas y colegios, a las sedes de la Fundación Batuta, a academias de de danza, a museos, etc.

¿Por qué decidieron llevar el programa a esos espacios de promoción “no convencionales”?

Porque en muchos de esos espacios, que no necesariamente son bibliotecas o librerías, es donde aparece el disfrute. Y por eso hacemos un esfuerzo importante para que los libros sean atractivos. Los diseñadores e ilustradores son colombianos y eso nos ha permitido hacer un trabajo muy lindo de la mano con quienes están trabajando el diseño gráfico editorial en el país actualmente.

Durante su gestión, ¿qué esperan lograr con el programa? ¿Habrá continuidad con respecto a lo que venía haciendo la administración anterior? 

Para 2022 queremos llegar a los diez millones de ejemplares; es decir, dos millones y medio cada año hasta entonces.Y sí, claro que ha habido una continuación de los programas que fueron exitosos durante el gobierno anterior. Tanto el Gobierno Nacional como el Ministerio de Cultura determinaron que el impacto del plan ha sido tan positivo que no tenía lógica cambiarlo. Esto es, de alguna manera, una consolidación de una política de Estado y una apuesta por continuar lo que está bien. Nuestro compromiso se ve en el aumento de tiraje que hay respecto a la administración anterior. Creo que los colombianos deberíamos estar orgullosos de que un gobierno le apueste a la cultura y a la lectura como verdaderas metas de un plan nacional.

A pesar del cubrimiento tan amplio que tiene la Red Nacional de Bibliotecas, está claro que hay aspectos y regiones que permanecen desatendidas. ¿Cómo abordar esta situación?

En las grandes ciudades y los municipios siempre habrá una necesidad de bibliotecas. Una ciudad como Bogotá afortunadamente tiene una red muy consolidada. En el resto del país nos dimos cuenta de que la cobertura de las 1523 bibliotecas es del 99% de los municipios del país pero, de todos ellos, tan solo 162 son rurales. Con la retroalimentación y los datos de los bibliotecarios, de los promotores y de los tutores aprendimos que no podíamos seguir con el mismo modelo. Por eso diseñamos un modelo que no necesariamente tenga que ser fijo. Esto nació de la creatividad, la flexibilidad e innovación de cada espacio que se debe adaptar al espacio donde sea necesario. 

La Red Nacional de Bibliotecas Públicas es la institución cultural más grande del país. Desde una perspectiva logística, ¿qué retos implica dirigirla?

La Red está tan decantada y consolidada que varias de las dificultades se han podido superar. El caso más reciente es la forma en que se ha sorteado la comunicación para toda la red. Para ello, se decidió firmar un contrato con un call center porque, claro, comunicarse con 1500 bibliotecas es muy difícil y había que buscar la forma de pueden canalizar y resolver problemas. Se necesita algo donde todos se sientan atendidos y además un sistema que nos permite sacar registro que nos permite para tener indicadores acertados de la actividad que tiene la biblioteca. Eventualmente, esto permite saber cuales son los datos de cada consulta y determinar donde se requiere acompañamiento y que se tomen decisiones acertadas para ejecutarlas. La Red Nacional de Bibliotecas Públicas es un programa tan bien montado históricamente, que las evaluaciones que hicimos de estos registros nos dieron datos muy concretos de cómo las zonas rurales estaban desatendidas por las bibliotecas y a partir de eso ahí nació el programa de ‘Bibliotecas itinerantes’.

En una entrevista de SEMANA con la entonces saliente Consuelo Gaitán, ella señaló que el gran reto para su sucesor sería reconocer la ruralidad como interlocutor en la creación de proyectos. ¿Son las ‘Bibliotecas itinerantes’ una forma de hacer frente a este desafío?

Sabiendo que las zonas rurales tienen un componente de comunicación oral muy fuerte, las maletas que envíamos vienen acompañadas de un kit de tecnología para la creación de contenidos. Incluye un computador, tres tabletas, una grabadora periodística, una cámara de video y un videoproyector para que ellos se sientan en comunidad a través de las guías. Por eso se les enseña a hacer libros cartoneros y ejercicios de cartografía social para que ellos mismos se conozcan a través de sus historias. Es un ejercicio de reconocerse.

La idea no es que cada creación salte de una vereda a la otra. Eso es algo importante. El territorio en que se mueve la biblioteca itinerante está circunscrita a un territorio. Queremos que el resultado quede guardado en la biblioteca municipal y así se fortalezca la concepción que tienen comunidad a través de la biblioteca que nace de su propia mano. No es solo un repositorio de libros y estamos seguros de que de este ejercicio van a salir proyectos muy interesante.

La digitalización ha sido una de las apuestas que lleva algunos años haciendo la Biblioteca Nacional y se prevé que para 2023 hayan 7300 títulos publicados. ¿En qué va ese proceso? 

Además de la digitalización del patrimonio colombiano en las colecciones del fondo de la Biblioteca Nacional, también estamos desarrollando libros digitales como los de la Biblioteca Básica Colombiana, que son producciones digitales con introducciones, comentarios, prólogos. Esta serie incluye libros de diferentes disciplinas (literatura, historia, arte) y esto implica un gran reto desde la gestión de todo lo que son derechos y permisos, entre otras. Estamos haciendo el trabajo.

Se acerca la a sexta versión del Premio Nacional de Bibliotecas Públicas “Daniel Samper Ortega”. ¿Qué refleja este premio sobre el panorama actual de la gestión de las bibliotecas en Colombia?

Este año se presentaron 336 postulaciones. Lo más lindo es que la comunidad es la que los propone junto a los grupos de amigos de las bibliotecas, el alcalde, el Concejo; las bibliotecas no se pueden postular a sí mismas. Hay 165 bibliotecas, lo que significa que cada una tuvo más de una postulación. Creo que no hay mejor forma de mostrar que hay apropiación de la comunidad por su biblioteca.

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