Imagen de portada de 'La trenza'. Imagen de portada de 'La trenza'.

Nace un 'fanzine' de poesía escrita por mujeres en Colombia

El primer volumen de 'La trenza' se lanza este viernes. El proyecto pretende presentar una visión más amplia y desprejuiciada de la poesía escrita por mujeres. Hablamos con la editoras.

2018/06/29

Por Sara Malagón Llano

La trenza es una publicación independiente y periódica que busca reflexionar críticamente sobre la poesía que escriben las mujeres en Colombia (…); un espacio diseñado para reinventar la manera en que se acostumbra representar y pensar su trabajo”, dice una especie de manifiesto que abre el primer volumen de La trenza.

Continúa: “La trenza empieza a dibujar, por primera vez, un mapa crítico y estético en la poesía contemporánea escrita por mujeres”.

Ahora piense por un momento: ¿A cuántas poetas contemporáneas colombianas conoce usted? ¿A cuántas ha leído? ¿Sabe siquiera sus nombres?

El primer número de este fanzine, creado por un grupo poetas/editoras (Jenny Bernal, Camila Charry, Carolina Dávila, Tania Ganitsky y María Tabares), contiene tres ensayos de tres poetas con sólidas trayectorias (Lucía Estrada, Andrea Cote y María Clemencia Sánchez) sobre la poesía de otras menos conocidas (Mery Yolanda Sánchez, Yenny León y Fátima Vélez, respectivamente). Y a cada poema le corresponde una ilustración, en un intento por recordar la relación que siempre ha existido entre poesía e imagen.

Hablamos largamente con las editoras de este nuevo fanzine sobre poesía, y sobre por qué un proyecto como este resulta no solo significativo, sino necesario.

¿Cuál es la historia de este proyecto?

Tania Ganitsky (TG): Después de haber trabajado en un poemario con un artista, me quedó la fascinación por el trabajo colaborativo y quería conectarme con la poesía en Colombia [Tania vive actualmente en Londres]. La idea de publicar pocos poemas y ensayos sobre esos poemas es una alternativa frente a un modo de publicar poesía en el que la gente se preocupa más por aparecer que por ser leída, sin detenerse a pensar mucho en uno u otro poema, o sin investigar más sobre la obra de la persona que leen. Así, tenía que haber una forma de hacer algo distinto: publicar de manera reflexiva y menos competitiva y ligera. Además, había que abrir un espacio donde las poetas también hicieran pública su labor como lectoras, pues leer es uno de los trabajos más demandantes y necesarios de una poeta, y muchas veces la gente cree que las personas “que escriben versos” no son disciplinadas. Entonces, le comenté la idea a un grupo de poetas, todas mujeres, con las que a veces nos reunimos a compartir, criticar y aconsejarnos sobre poemas que tenemos en proceso. Todas se entusiasmaron y estuvieron de acuerdo con la necesidad de sacar el proyecto adelante por diferentes tipos de experiencias que cada una había tenido en los círculos literarios de poesía y con procesos editoriales, en su mayoría controlados por hombres. A su vez conocí, en un grupo de lectura feminista, a una mujer que trabaja con publicaciones independientes y fanzines; le conté y, mientras conversamos, me emocioné con la idea de sacar la publicación de manera totalmente independiente. Conformamos el equipo editorial y comenzamos hacer una lista de poetas colombianas. Nos dimos cuenta de que no habíamos leído a las mismas poetas y de que no siempre valorábamos lo mismo en la poesía, así, había mucho por investigar y decidir.

Carolina Dávila (CD): Yo me uní a la propuesta porque en ella confluyen al menos dos de los intereses personales a los que dedico mi tiempo, mi pensamiento y mi esfuerzo creativo: la poesía y la transformación de estructuras e imaginarios que relegan a las mujeres a espacios marginales o estereotípicos. Me refiero con marginalidad a ese papel secundario que, por ejemplo, se asigna a nuestro trabajo, cuando vemos antologías o catálogos de editoriales en los que no estamos o estamos de manera muy limitada. Y con estereotípicos, por ejemplo, a antologías de mujeres que giran en torno a temas como el amor, lo íntimo, lo erótico. Vi en La trenza la posibilidad de compartir una visión más amplia y desprejuiciada de la poesía escrita por mujeres y, a la vez, de dar un lugar a la lectura reflexiva y rigurosa sobre esa poesía.

María Tabares (MT): Además, si bien hoy muchas mujeres escribimos poesía, también es mucho lo que se discute en tertulias y corredores acerca de si existe o no algo que pueda llamarse “poesía femenina”. Y a mí personalmente me inquieta realmente cómo, sin estudios serios acerca de lo que escribimos, es posible saberlo.

Camila Charry (CH): Por otro lado, el que cada una propusiera desde sus afinidades estéticas a algunas poetas, quizás desconocidas por las otras integrantes del proyecto, nos condujo a nuevas búsquedas y esto se vio reflejado en el hecho de que definitivamente hay muchas mujeres en Colombia escribiendo; voces que al no pertenecer a los círculos más reconocidos, no han tenido la oportunidad de que su trabajo sea leído. Ampliar y enriquecer este panorama me resultó particularmente importante. Pretendemos que, a través de La trenza, los lectores se aproximen a nuevas maneras de crear, no siempre atadas a la tradición literaria a la que estamos acostumbrados. Poner en diálogo diversas voces, asegura que, de alguna manera, estas mujeres también tengan la oportunidad de acercarse a otras autoras y desde allí se pueda construir un espacio de colaboración, de cierta solidaridad que a veces no se da por desconocimiento de lo que otras están haciendo. La trenza también está pensada sobre el diálogo interdisciplinar. La ilustración –al haber invitado a diferentes ilustradoras para hacer una lectura de los poemas desde la imagen visual– también resulta interesante, si pensamos en otras formas de aproximarnos al trabajo poético.

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¿Por qué creen necesario el énfasis de género?

TG: Las antologías de poetas colombianas normalmente son editadas por hombres o incluso (y pocas veces) por mujeres que reproducen ciertos imaginarios patriarcales que presentan y limitan nuestra poesía a algo vivencial, doméstico, íntimo o confesional. También pasa que algunas colecciones de poesía incluyen largas listas de libros de hombres y muy pocos de mujeres. Al final, nuestra inclusión se entiende como una cuota o una curiosidad. Más allá de eso, a veces el énfasis en las antologías se centra en quién aparece incluido y no en qué apuestas poéticas están en juego. A nadie parece importarle, por ejemplo, que la poesía que han hecho la mayoría de hombres en el país, a lo largo del siglo veinte y veintiuno, sigue anclada en el romanticismo, en lo confesional, y que incluso puede llegar a ser muy católica. Necesitamos reflexionar sobre esto. Y desprendernos de ese legado. La trenza presenta otro tipo de apuestas y las explora. Creo que actualmente las mujeres son quienes más están experimentando en la poesía, y quienes están logrando separarse de una tradición poética conservadora. Tenemos más ganas de rebelarnos.

Fuera de la academia considero que no existe un espacio para pensar críticamente sobre la poesía que escriben los hombres y las mujeres en Colombia, pero se nos hace más interesante ponerle atención a lo que están haciendo las mujeres. También porque tienen menor representación y oportunidades de publicar.

Jenny Bernal (JB): Esta pregunta, que es particular, remite a un hecho más general y es el papel de la crítica literaria en la actualidad. Considero que a pesar del esfuerzo de la academia, de algunas revistas especializadas y otros agentes, aún hay falencias en los ejercicios de lectura crítica. La poesía es un género que se lee en pequeños círculos y que para el caso de las publicaciones recientes, escasamente tienen eco de orden reflexivo en reseñas o ensayos. Esto, sumado a la proliferación de autopublicaciones o libros de autor, que no siempre responden a una calidad estética o a una apuesta honesta. Los autores se están posicionando a sí mismos por encima de la crítica, las redes sociales han influido un poco en este escenario del ruido, en el que el lector en ocasiones es un receptor pasivo. Por todo esto es pertinente pensar en la urgencia de los ejercicios de lectura detenida y crítica. En nuestro caso, con la mirada particular y el interés de centrar la atención en la escritura de las mujeres. No se trata sólo de nombrar o de llenar una lista con mujeres que escriben, estos trabajos merecen la lectura atenta. La invitación que nosotras estamos proponiendo empieza por trazar un mapa con autoras contemporáneas, pero la reflexión debe invitar al lector a considerar también esas grandes deudas históricas en el campo de la poesía, como es el caso de la poeta bogotana Emilia Ayarza, quien no solo es desconocida aún para muchos lectores, sino que ha sido ignorada por el canon.

CD: El énfasis en el género es el resultado de una preocupación en la que coincidimos las cinco: no hay en el país escenarios no académicos de crítica de poesía, en general, pero particularmente de poesía escrita por mujeres. Por otra parte, las lecturas que se hacen sobre nuestro trabajo pocas veces logran desvincularse de ideas preconcebidas que limitan la forma en que el público lee lo que hacemos. Hoy, en el país, las mujeres estamos escribiendo con gran libertad formal y temática. Entre nosotras hay búsquedas poéticas que subvierten lo que tradicionalmente se ha entendido por poesía en Colombia. Este es un fenómeno interesante que contribuye a la buena salud de nuestra poesía, a su renovación, por lo que se requieren espacios en los que estas propuestas sean difundidas y leídas de manera crítica.

CC: Por lo general las antología que se hacen están motivadas por los amiguismos, más que por la calidad. Separarse de esta manera de operar es importante para nosotras. Escoger a un autor para que sea publicado requiere, por lo menos, de una revisión seria de su trabajo, sentarse a leer con atención lo que ha hecho, hacer una revisión juiciosa de su poesía, más allá de pensar en cuál es el nombre que más suena en estos tiempos, no siempre por razones que obedecen a un trabajo literario cuidadoso y de verdad sugerente.

Telares. Ilustración de Daniela Gallego.

Más allá del énfasis de género, ¿consideran o no que la poesía es un arte relegado en Colombia?

TG: En Colombia es un arte relegado por el mundo editorial. Hay poetas como Kate Tempest, en Gran Bretaña, que llena escenarios y los sacude; o está la poesía híbrida de Claudia Rankine en Estados Unidos que habla de clase, racismo, que rompe las barreras entre lo personal y lo político, entre la poesía y el ensayo, y por esto ha merecido premios que nunca antes habían recibido libros de poesía. El último libro de una de las autoras incluidas en el primer número de La trenza es un ejemplo de cómo las editoriales colombianas son indiferentes a la poesía. Se trata de Del porno y las babosas de Fátima Vélez; es un poemario que actualiza la poesía colombiana porque es explícito, sexual, tierno, pervertido, ecológico, experimental. Además, fue ilustrado por la colombiana Powerpaola. El hecho de que fuera publicado en Brasil y todavía no exista en Colombia, de que los poemas estén traducidos y no esté publicada su versión original, es sintomático del ninguneo editorial a la poesía.

JB: Siento que, además del contexto editorial, también valdría la pena hablar de la lectura. En general somos un país con un nivel bajo de lectura. Las políticas públicas han sumado grandes esfuerzos desde la promoción de la lectura, las bibliotecas públicas y otras estrategias para acercar más lectores al mundo de los libros. Tenemos distintos contextos en los que entra la poesía y su lectura. En mi experiencia, he podido presenciar el valor y el potencial de la poesía en comunidades diversas: grandes y pequeñas ciudades, municipios, corregimientos y sectores vulnerables. La pregunta entonces sería si a la gente no le gusta la poesía o si los medios de aproximación a ella no han sido los más efectivos, lo cual nos llevaría a un tema complejo y es al contexto educativo. Por otra parte, algunos sectores han canonizado por completo la literatura sublimando a unos géneros por encima de otros. Yo creo que los tiempos actuales requieren una literatura vivencial, orgánica, cercana a todos. Hay que bajar a la poesía de ciertos pedestales y sin perder el rigor de aproximación lectora, dejar el miedo, abordarla más y con mayor detenimiento en las instituciones educativas, así como, acercarla a la gente del común.  

CD: También habría que preguntarse si, además de las causas relacionadas con el mercado editorial o con los bajos índices de lectura, hay una corresponsabilidad por parte de quienes escribimos. ¿Está diciendo la poesía algo relevante socialmente en el país? ¿Da pie nuestro trabajo a reflexiones de contenido estético, ético, político que contribuyan a transformar lo que somos como sociedad? Y con esto no estoy haciendo un llamado a la poesía política o social, me refiero a que la poesía no es neutra, se inserta en un diálogo colectivo y sería importante preguntarnos como poetas de qué manera y con qué propuestas estamos insertándonos en ese diálogo. Dice Cristina Rivera Garza que trabajamos con un lenguaje que es un bien común, y que, por tanto, adquirimos una responsabilidad con la sociedad de la cual lo tomamos prestado. Pienso que asumir de manera consciente y permanente esta responsabilidad tal vez sea una de las claves para que la poesía tenga otro lugar en nuestras comunidades. Vienen a mi mente Citizen de Claudia Rankine, libro que protagonizó al menos dos conocidos actos de resistencia en el marco de la campaña presidencial en Estados Unidos; y Antígona González, de Sara Uribe. El lugar de esas dos obras en sus entornos tiene que ver con la capacidad de leer su realidad y conectar con ella a través del lenguaje. Me parece que algunas de las voces que aparecen y aparecerán en La Trenza van por ese camino.

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MT: La respuesta, como la poesía misma, es paradójica. Indudablemente es un género de minorías que nada tiene que ver con los medios masivos ni con aquello, que en vez de cultura,podemos llamar ramplón entretenimiento. Sin embargo, también sucede encontrar asistencias multitudinarias de público, como las del Festival de Poesía de Medellín. Prácticamente en casi cada ciudad capital de Colombia, y en varias ciudades intermedias y municipios, existe un festival de poesía donde se lee poesía con asistencia importante de público en escenarios como colegios, universidades, bibliotecas, teatros, etc.

CC: Yo creo que la poesía siempre va a ser marginal, y desde allí es desde donde tiene algo qué decir; precisamente ahí está su valor y el por qué hay que dar la lucha por ella. La idea no es que la poesía sea un arte mayoritario, masivo, pues dejaría de ser lo que es. Pero también es cierto que carece de apoyo, de financiación. Buscar medios de difusión, transmisión y conservación es lo que permite que existan lectores. Si bien La trenza puede parecer dirigida a un público especializado, también esperamos que nuevos lectores se asomen a ella por curiosidad y hagan hallazgos que pueden cambiarles esa equivocada visión que tiene muchos sobre este género. Por ejemplo, que es incomprensible y aburrida.

Ustedes, que escriben poesía o sobre ella, ¿qué perciben sobre cómo se está escribiendo, y cómo se está percibiendo, leyendo, publicando poesía?

TG: Pese a todo, creo que es un buen momento para la poesía. Se están constituyendo algunas editoriales independientes que abren espacio (aunque las más reconocidas se enfocan en narrativa), y están perdiendo poder y credibilidad otras más institucionales (y patriarcales). Hay mucha más consciencia sobre la inequidad en cuestiones de género, raza y clase a la hora de publicar y yo diría, entonces, que se están empezando a dar procesos editoriales más justos y conscientes. Nuevamente, creo que hace falta pensar mucho, que los procesos editoriales tienen que ser más críticos, y los lectores y las lectoras también. En cuanto a los y las poetas, creo que están atreviéndose a tomar nuevas rutas en las que la poesía ya no se concibe como algo sagrado y están encontrando lenguajes extraños, bellos, imaginativos e inquietantes para hablar del dolor, de lo colectivo, de la sexualidad y del género, de la catástrofe ambiental, de las divisiones sociales y distintas formas de violencia, en fin… Suena básico pero creo que, aunque sea poca, por fin se está haciendo y se puede leer una poesía contemporánea –a nivel temático y formal, todavía no con respecto a los medios y materiales usados para la creación)–.

JB: Hace cinco años con un grupo de amigos tenemos una revista virtual de poesía, y la recepción ha sido positiva, en distintas partes de Colombia y el mundo. Actualmente tenemos colaboradores de México, Chile, España, entre otros, pero aún así percibo que el impacto de estos ejercicios se quedan en un pequeño grupo o los mismos “poetas”. En ese orden, aún tenemos mucho trabajo de cara a la lectura de poesía y al ejercicio crítico. También, debemos fortalecer el diálogo con el escenario editorial. Hay un movimiento de editoriales independientes que están editando muy buenos libros, ganando premios a nivel internacional, yo creo que ellas podrían apostar también por tener en su catálogo más títulos de poesía y ayudar a impulsar autores contemporáneos.

Portada de La trenza, el fanzine de las poetas/editoras Jenny Bernal, Camila Charry, Carolina Dávila, Tania Ganitsky y María Tabares.

Háblennos un poco de esta primera edición de La trenza en términos de las autoras que participan, de las temáticas que aparecen tanto en los poemas como en los ensayos, las ilustraciones.

TG: Para esta primera edición estuvimos de acuerdo desde el principio sobre las poetas que queríamos invitar a participar, pues representan un punto de quiebre con una tradición conservadora. Algunas son poetas muy reconocidas y con una trayectoria de publicaciones importante, un punto que nos pareció relevante para este primer número; la obra de las otras ha sido merecedora de importantes galardones, aunque tienen menos publicaciones y llevan menos tiempo en la escena. En esta trenza Lucía Estrada (Medellín, Premio Nacional de Poesía 2017) cumple la función de lectora de Mery Yolanda Sánchez (Tolima), a quien el equipo editorial concibe como una precursora en su aproximación a la violencia desde un lenguaje íntimo, en prosa, bello y fuerte a la hora de abordar el duelo personal y colectivo (y de borrar estas barreras). Esta sección es ilustrada por Daniela Gallego. En la siguiente sección la reconocida poeta de Barrancabermeja, Andrea Cote, quien también trabaja temas de violencia, lee a Yenny León, una poeta de Medellín que ha ganado significativos  premios de poesía y tiene tres libros publicados. Su poema explora las correspondencias entre lenguajes, sentidos y realidades fracturadas. Esta sección fue ilustrada por María Fernanda Patiño. En la tercera sección la poeta y académica María Clemencia Sánchez (Medellín) lee un poema largo e irónico de Fátima Vélez (Manizales) sobre las “desviaciones” del deseo sexual. Lucía Parías ilustró esta sección. Todas las ilustradoras trabajaron a partir de un poema, sin leer el ensayo. El collage de la portada lo hizo la poeta feminista Daniela Prado (Cali).

JB: Para mí, además del valioso aporte de las poetas, es muy significativa la inclusión de las ilustradoras: cómo cada una a partir de un trazo particular interpreta el universo poético. Destaco la generosidad y el ánimo con el que contribuyeron al proyecto.

CC: Cabe destacar también que el estilo de cada una de las poetas y las invitadas a participar como ensayistas, es muy distinto, y esto enriqueció el diálogo. Por su parte, algunas de las ilustradoras no son cercanas a la poesía y para ellas también fue un reto acercarse a estos trabajos y encontrar un lenguaje que les permitiera ampliar la lectura que queremos ofrecer a quienes se aproximen a La trenza.

¿Por qué escogieron el formato del fanzine?

TG: Porque afirma lo que queremos decir: que podemos hacer esto solas –contando con nuestro apoyo como una red de mujeres escritoras– y que vamos a seguir inventando el proyecto como queramos y como lo sintamos necesario, según las necesidades que nosotras mismas identifiquemos como lectoras, escritoras y editoras. También es un formato económico que, por ser un proyecto autofinanciado por el equipo editorial, nos conviene. El fanzine es un formato de resistencia y rebelión. Algo de eso buscamos con esta publicación. Tatiana Pino y Erik Naranjo nos orientaron sobre el formato y nos ayudaron con el diseño y la producción.

CC: El fanzine además nos permite otra tipo de propuesta, menos tradicional y esto va acorde con el contenido que queremos difundir. Su flexibilidad permite que puedan entrar a jugar la poesía, el ensayo y la ilustración libremente.

***

El primer número del fanzine se lanzará el viernes 29 de junio en el auditorio Aurelio Arturo de la Biblioteca Nacional (Calle 24 # 5- 60), a las 6:30 p.m. Entrada es libre.

Algunos ejemplares del fanzine se podrán adquirir en la librería especializada en literatura escrita por mujeres El Telar de las Palabras en Bogotá, ubicada en la calle 56 nª 6- 33. También se harán algunos eventos de presentación en Medellín, Bucaramanga, Cali y Pasto.

Toda la información sobre las presentaciones y nuevos puntos de venta se irán reportando en la fan page La Trenza. También pueden escribir a latrenzapoesia@gmail.com o seguirlas en Twitter: @latrenzafanzine.

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