Martínez Cuéllar es profesional en Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana, y ha estado dedicado a impulsar proyectos culturales, especialmente en temas de gestión con entidades públicas y privadas. Foto: Penguin Random House. Martínez Cuéllar es profesional en Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana, y ha estado dedicado a impulsar proyectos culturales, especialmente en temas de gestión con entidades públicas y privadas. Foto: Penguin Random House.

"En el Amazonas, lo humano se mueve de una manera muy distinta": Felipe Martínez

'Frontera', la segunda novela del escritor bogotano Felipe Martínez Cuéllar, es la historia de un hombre que busca su lugar en el mundo entre el desamor y la violencia, en un territorio maravilloso y salvaje visto desde la óptica del forastero. ARCADIA habló con él.

2019/08/09

Por Juan Simón López

Felipe Martínez Cuéllar hace parte de una nueva generación de escritores colombianos que miran al pasado, que no desconocen el peso de la historia, pero que escriben desde y sobre el presente, sobre sus nuevas realidades y territorios. Martínez Cuéllar es profesional en Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana, y ha estado dedicado a impulsar proyectos culturales, especialmente en temas de gestión con entidades públicas y privadas. Ha trabajado en el Fondo de Cultura Económica, en el Ministerio de Cultura, la Biblioteca Nacional y como coordinador cultural de la Feria del Libro de Cali. 

En el entretiempo, no ha dejado de ser un lector asiduo y de escribir ficción. Su primera novela La cosecha, relata la historia trágica de un padre y su hija que, luego de sufrir un accidente que los cambia para siempre, abandona la ciudad para refugiarse en la soledad del campo. Este año, Penguin Random House publicó Frontera, su segunda novela, una historia que, si bien mantiene la economía del lenguaje de su primera obra, ha llevado su intensidad narrativa hacia el protagonismo de elementos como el paisaje y su historia. Hablamos con él sobre el Amazonas, el territorio como materia narrativa y la génesis de su nueva novela.

Frontera se desarrolla en el Amazonas. ¿Cuál fue su primer acercamiento a estos territorios?  

Como parte de mi trabajo en el Ministerio de Cultura tuve que coordinar unas campañas de dotación de libros en los departamentos del país que hacen parte de la Amazonía colombiana, lo que me dio la oportunidad de viajar en varias ocasiones veces a esta región. Durante el tiempo que duró la campaña, creo que estuve unas cuatro veces en Vaupés, un par de veces en el Vichada y en el Guainía, y otras tantas en el Putumayo, en el Guaviare y en el Amazonas.  

Yo había leído sobre la selva de una manera muy casual, por ejemplo, La Vorágine, algunos cuentos de Horacio Quiroga, también había leído El río, de Wade Davis, antes de viajar allí, y ahí la selva está siempre; pero realmente yo antes nunca había estado allí y estos viajes fueron fue mi primera aproximación a este territorio.  

¿Lo que encontró y lo que vivió en estos viajes fue fundamental para que decidiera escribir Frontera? 

Luego de estos viajes, que fueron principalmente de trabajo, yo quedé con un pie en el Amazonas. Tenía muchas preguntas, porque en el Amazonas colombiano uno entra a una dimensión en la que lo humano se mueve de una manera muy distinta. Por lo que me preguntaba cómo podía ver esa vida que se desenvuelve allá, cómo podía expresarla 

¿Así comenzó la novela? 

La primera versión de la novela era una novela negra policíaca. Había un crimen relacionado con la minería ilegal y un joven periodista que viajaba a investigar resultaba involucrado en el crimen. Ese digamos que fue el primer borrador, en el año 2017. La novela quedó guardada por un tiempo, hasta que releyendo y reescribiendo, y gracias a los comentarios de algunos amigos que la leyeron, me di cuenta de que todo lo que le sobraba a la novela era lo relacionado con lo policíaco. 

Sin embargo, hay un momento de la narración en que uno siente que la cosa va por ahí, que nos estamos acercando a la ocurrencia de un crimen o de un desenlace fatal… 

Puede ser que haya quedado un poco esa huella de lo que la novela era al principio. Inicialmente, en término narrativos, Frontera estaba mucho más centrada en ser una obra de novela negra, también porque yo mismo soy un gran lector de este género, pero definitivamente no he podido dominarlo y al releer la novela me di cuenta de que esto era precisamente todo lo que le sobraba.  

Esto, a su vez permitió convertir la historia en algo más íntimo, e inmediatamente la novela fluyó hacia algo más orgánico. En ese momento, salieron los temas que a mí realmente me interesaba desarrollar: el desamor, la ambigüedad del personaje principal, sus relaciones con los personajes de la región, la ocurrencia del territorio. Mientras que los otros grandes temas, como la minería ilegal o el narcotráfico, que en la primera versión habían ocupado un plano central, siguieron allí pero ahora como una especie de telón de fondo.  

De nuevo menciona el territorio. En su novela el paisaje no es un simple fondo, sino que es un protagonista principal en la narración. ¿Por qué su interés de que el territorio fuera uno de los protagonistas? 

Lo primero fue la constatación, sin querer ser romántico, de que en estos territorios hay una vida que se desenvuelve entre una realidad que podemos llamar "occidentalizada" y otra realidad que está ligada a lo ancestral, a la naturaleza, a unas creencias radicalmente distintas.

Luego está el hecho de que un paisaje tan vivo y tan rico, que es a la vez tan violento y caprichoso como el Amazonas, es difícil que no se vincule con las experiencias de quienes habitan en él. En este sentido, Frontera nace desde el paisaje y después viene la historia. Es que fíjate que, en mi caso, este elemento es lo primero que se me mete en la piel, me remueve y que me genera un remezón que me lleva a sentir la necesidad de escribir Frontera. De cierta manera, gran parte de la novela se basa en experiencias con el territorio, porque imaginarse una región como esa, sin haberla visto, es imposible. Escribir un relato sobre la Amazonía, a partir de lectura o películas únicamente, no tiene ningún sentido, hace falta estar ahí y sentir el territorio para poder experimentar esa carga que el paisaje tiene.  

Cuando uno lee narraciones sobre viajeros que van a estos territorios inexplorados, en muchas hay lugar común recurrente, y es la figura del “héroe” que, estando allí, decide abandonarlo todo y quedarse para siempre en estas regiones. En su novela, en cambio, pasa todo lo contrario.  

Claro, porque precisamente yo lo que quise fue todo lo contrario. Mi intención fue mostrar la visión de un turista, de un forastero. No convertirlo ni en un colono ni en un héroe que lo deja todo para quedarse allí. La realidad es que por cada uno de esos “héroes”, que los hay, uno se encuentra otros diez mil que van y se regresan. Esto es además lo más común: un tipo que va, que de alguna manera tiene motivos personales para estar allí y que lo que encuentra en esta región, lo que ve, lo que vive, lo confronta con él mismo y le sirve para encontrarse, pero, al final, regresa a su lugar de origen; y ahí hay mil motivos, condiciones sociales o económicas, pero, fundamentalmente, que es lo que uno hace: uno va, ve, se confronta y se regresa. 

Leyendo novelas sobre el Amazonas, hay una suerte de fantasma o de obligación por hacer etnología. Como si fuera obligatorio al escribir sobre las amazonas hablar de las costumbres indígenas, de botánica, de zoología, de hidrología, y eso hace que ciertas historias sobre esta región terminen siendo algo desnaturalizadPor eso ahí también hay otra cuestión, y es que llegar a ser un nativo en estos territorios es muy difícil. Las cosas que en esta región lo tocan a uno de forma más inmediata, son absolutamente distante y lejanas viniendo desde donde venimos. La misma naturaleza es diferente a todo lo que estamos acostumbrados, es violenta y difícil de leer e interpretar. Esto se puede ver en uno de los episodios de la narración, cuando al personaje principal le choca profundamente conocer a alguien que a pesar de que lleva muchos años allí, sigue hablando del lugar con cierta ligereza, con irresponsabilidad y con cierto exotismo. Esto lo que muestra es la distancia que separa al forastero con este lugar. 

Por último, ¿por qué cree que ahora, y particularmente en Colombia, hay un interés por narrar el Amazonas desde campos como la literatura o el cine?

Pienso que eso tiene que ver con el crecimiento en los últimos años de la preocupación por el medio ambiente y de las organizaciones ambientalistas. Hoy somos conscientes sobre los daños que la deforestación y la minería ilegal están causando en la Amazonía, y creo que eso ha hecho que haya un resurgir de esta región. Ahora, por supuesto que he visto el Abrazo de la Serpiente Amazonas, también he leído lo de Wade Davis, pero todo como parte del proceso de documentación para la escritura, no es que realmente me haya detenido, al momento de escribirla, a pensar en que es lo que está pasando y a indagar por las razones de que estemos mirando hacia esta región tan enfáticamente.  

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