Lucía Estrada, Tania Ganitsky, Rómulo Bustos Aguirre, Henry Alexander Gómez y Jacobo Cardona Echeverri son los finalistas de esta versión del Premio Nacional de Poesía. Lucía Estrada, Tania Ganitsky, Rómulo Bustos Aguirre, Henry Alexander Gómez y Jacobo Cardona Echeverri son los finalistas de esta versión del Premio Nacional de Poesía.

Finalistas del Premio Nacional de Poesía 2019: poetas y poemas

Antes del anuncio del ganador del reconocimiento que entrega el Ministerio de Cultura, que se hará la primera semana de octubre, compartimos los perfiles de los poetas y un poema de cada uno de los libros finalistas del Premio Nacional de Poesía.

2019/09/24

Por RevistaArcadia.com

La semana pasada, el Ministerio de Cultura anunció a los finalistas del Premio Nacional de Poesía. Los poetas Mariela Dreyfus (Perú), Andrea Cote (Colombia) y Juan Gustavo Cobo Borda (Colombia), que integran el jurado en esta la edición 2019, seleccionaron a Lucía Estrada, Tania Ganitsky, Rómulo Bustos Aguirre, Henry Alexander Gómez y Jacobo Cardona Echeverri como los finalistas de esta versión.

Este reconocimiento se ha consolidado como el más importante de Colombia para libros publicados del género y entrega 60 millones de pesos al ganador y le brinda apoyo para participar en ferias y otros certámenes literarios nacionales e internacionales. Los últimos ganadores del Premio Nacional de Poesía dfueron los escritores Darío Jaramillo Agudelo, con El cuerpo y otra cosa (2017) y Nelson Romero Guzmán con Música Lenta (2015).

Antes del anuncio del ganador de este año, que será la primera semana de octubre, compartimos los perfiles de los poetas y un poema de cada uno de los libros finalistas.

Tania Ganitsky

Tania Ganitsky (1986) nació en Bogotá y cursó la carrera de Estudios Literarios con maestrías en Filosofía y en Literatura. Actualmente reside en Inglaterra, donde cursa un doctorado en Filosofía y Literatura en la Universidad de Warwick.

En 2009 ganó el Concurso Nacional de Poesía de la Universidad Externado de Colombia, en el 2012 una mención de honor en el X Certamen Literario Gonzalo Rojas Pizarro de Chile y, en 2018, el Premio Nacional de Poesía Obra Inédita que convoca la Tertulia Literaria de Gloria Luz Gutiérrez.

Ha sido incluida en diferentes antologías y ha publicado los libros El don del desierto (2009), Dos cuerpos menos (2015) y Cráter (2017).

EL MUNDO va a acabarse antes que la poesía
y habrá nombres
para diferenciar el olvido de la fauna
del olvido de la flora.
La palabra esqueleto solo se referirá a los restos humanos
porque habrá una forma particular
de describir el conjunto de huesos
de cada especie extinta.
Habrá un nombre para designar la última chispa de fuego,
un nombre primitivo como el del maíz,
y otro para la transparencia del río
que muchos se habrán lanzado a atrapar
al confundirla con sus almas.
Las crías nacidas ese día no se tendrán en cuenta,
pero la palabra parto sustituirá la palabra ironía que ya habrá sustituido la palabra tristeza.
Y habrá un léxico de adioses,
porque se dirán de tantas formas
que llenarán un libro entero, que es lo que quedará del amor,
de la literatura.
El mundo va a acabarse antes que la poesía
y la poesía continuará afirmando su devoción
                                                            a lo perdido.

Jacobo Cardona Echeverri

Jacobo Cardona Echeverri nació en Medellín (1978). Es antropólogo, escritor, realizador audiovisual y magíster en Estética. Entre sus publicaciones se encuentran El ojo impaciente, Historia natural de los objetos insignificantes y Las vidas posibles.

Ha recibido numerosas distinciones por sus trabajos en las diferentes áreas en las que se desenvuelve, como la Beca Escritura Libro de Poesía de la Alcaldía de Medellín, el Primer Premio IV Premio Nacional de Cuento La Cueva en Barranquilla, el Primer Premio en la 14° Bienal Internacional de Novela José Eustasio Rivera de la Corporación Tierra de Promisión y el IV Concurso Nacional de Poesía UIS Universidad Industrial de Santander, entre muchas otras.

TUQUI TUQUI LULÚ

Me echaron de todas partes
del colegio
del trabajo
de la casa
del parque

Pero la música siempre me recibió
alegre y rebelde con su boca de hielo seco

a un par de cuadras de la esquina
donde la muerte
fuma Piel Roja sin filtro
y se ríe
que da miedo.

Rómulo Bustos Aguirre

Oriundo de Santa Catalina de Alejandría, Bolívar (1954), el poeta Rómulo Bustos Aguirre cursó Derecho, tiene una maestría en Literatura Hispanoamericana en el Instituto Caro y Cuervo, y estudios doctorales en Ciencias de las religiones en la Universidad Complutense de Madrid. Ha realizado exposiciones individuales y colectivas de dibujo e ilustrado revistas.

Ha sido merecedor de los premios nacionales de poesía de la Asociación de Escritores de la Costa en 1985, y del Premio Nacional de Poesía del Instituto Colombiano de Cultura, 1993. Es Premio Ausias March, 2007, y en 2009 recibió el Premio Blas de Otero de poesía de la Universidad Complutense de Madrid con su poemario Muerte y levitación de la ballena.

Entre sus publicaciones están El oscuro sello de Dios, Lunación del amo, En el traspatio del cielo, Palabra que golpea un color imaginario, La estación de la sed, Oración del impuro, obra reunida y La pupila incesante.

ESCENA DE MARBELLA

Junto a las piedras está Dios bocarriba
Los pescadores en fila tiraron largamente de la red
Y ahora yace allí con sus ojos blancos mirando al
cielo Parece un bañista definitivamente distraído
Parece un gran pez gordo de cola muy
grande Pero es solo Dios
hinchado y con escamas impuras
¿Cuánto tiempo habrá rodado sobre las
aguas? Los curiosos observan la pesca
monstruosa Algunos separan una porción y
la llevan
                                                    para sus casas
Otros se preguntan si será conveniente
      comer de un alimento que ha estado tanto
                                                         tiempo
                               expuesto a la intemperie

Lucía Estrada

La escritora Lucía Estrada nació en Medellín (1980) y vive en Envigado desde 1991. Después de formar parte de la Organización del Festival Internacional de Poesía de Medellín se vinculó a la Casa Museo Otraparte como coordinadora Cultural.

Su primera publicación, a sus diecisiete años, fue Fuegos nocturnos, seguida de Noche líquida, Maiastra, Las hijas del espino, El ojo de Circe, El círculo de la memoria, La noche en el espejo, Cenizas de Pasolini y Cuaderno del ángel.

Sus textos han aparecido en diversas antologías y publicaciones de Colombia y del exterior. Ha sido merecedora de diferentes premios literarios como el Premio de Poesía Ciudad de Medellín en el 2005, la Beca de Creación en Poesía, otorgada por el Municipio de Medellín en 2008, el Premio Ciudad de Bogotá 2009 y, en ese mismo año, fue nominada por la UNESCO al Premio Mundial de Poesía Joven (Struga).

Del laberinto de Ariadna I

Toma este delgado hilo de sombra y envuélvelo en torno a ti. Ténsalo hasta el límite. Comprueba su resistencia. El roce oscuro pronto ganará la carne, el hueso, la médula feroz de tu memoria.

Insiste en el corte que aguzará tu oído, tu lengua. Insiste hasta que seas de la herida su cerco de palabras afiladas.

De un extremo a otro de la sangre, allí donde la luna marchita alimenta a sus perros, extiende su línea sedienta. Pero no lo rompas. No rompas la noche ni la palabra espejo. No rompas lo que has escuchado ni la voluntad de seguir en pie sobre el hielo que cruje, bajo el ardor de tantas lámparas contradictorias.

Toma entre los dedos este delgado instante; púlsalo como a la sola cuerda del piano en la torre de Tübingen.

Esta es la última posibilidad de aferrarte. Ténsalo en torno a ti. No lo pierdas.

Henry Alexander Gómez

Henry Alexander Gómez  (1982) nació en Bogotá y es magíster en Creación Literaria de la Universidad Central y licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Es director del Festival de Literatura “Ojo en la tinta”. Ha recibido diferentes distinciones, entre ellas, el Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia, el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y el Premio Internacional de Poesía José Verón Gormaz de España por el libro Tratado del alba (2016).

Otros libros publicados: Memorial del árbol (2013), segundo Premio Nacional de Poesía Obra Inédita; Diabolus in música (2014), Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía; Georg Trakl en el ocaso (2018); La noche apenas respiraba (2018). mención honorífica en el Certamen Internacional de Literatura Sor Juan Inés de la Cruz; y las antologías Teoría de la gravedad (2014) y El humo de la noche rodea mi casa (2017).

Sus poemas aparecen diferentes antologías y revistas de Colombia y el exterior. Es cofundador y editor de la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida y docente de la Universidad Javeriana, Central y La Salle.

El borracho

“El borracho”, le decíamos. Un soldado
que rezaba a media lengua y disparaba
por la culata de su fusil.

El lanza Ramírez era un puñado de niño,
un medio hombre que intentaba cazar tigres
con la mirada perdida.

En la noche no paraba de contar estrellas.

“Borracho, caiga en veintidós de pecho”,
decía el capitán. “Borracho, usted solo
va a barrer la plaza de armas
y va a brillar la estatua de mi general Mosquera
hasta la madrugada”, le ordenaba el dragoneante.
El sargento Maldonado lo levantaba
a las tres de la mañana con un cubo gigante de agua.

Un día, mientras almorzábamos lentejas
bañadas en quenopodio,
se voló los sesos con su Galil AR 7,62.
Dejó una gruesa pasta de sangre
con pedazos de hueso por todo el techo del baño.

Lo levantaron como se ajusta una puerta caída,
como quien pone una cortina negra
para tapar la ventana rota.

Pero el borracho, el lanza Ramírez,
                                  no paraba de contar estrellas.

Se quedó en el baño,
espantando con su media lengua
y quemando la lluvia con el hedor de sus sesos.
Se le apareció en el espejo al sargento Maldonado
cuando se cepillaba los dientes. Le cerró la llave del agua
al cabo Zapata mientras se duchaba.
“Te voy a matar, maricón”, dicen que le susurró
al dragoneante Otálora, luego de voltear a un soldado
que lavaba el piso de los retretes.
Con mis huesos tiznados por el estruendo del miedo,
sentí su torpe respiración una noche
que fui al orinal, luego de prestar guardia.

Éramos soldados con el corazón disfrazado
por la muerte, intentando olvidar el rostro de la madrugada
traspasado por el rojo cañón de nuestros fusiles.

El sargento Maldonado
pidió la baja.
El lanza Ramírez, el borracho,
                                      nunca paró de contar estrellas.

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