"La lectura común me ha hecho pensar en nuevos cauces para la educación. Me ha llevado a leer con redoblada parsimonia una obra que antes había enseñado": Carolina Sanín. "La lectura común me ha hecho pensar en nuevos cauces para la educación. Me ha llevado a leer con redoblada parsimonia una obra que antes había enseñado": Carolina Sanín.

#Homero2019: un diario colectivo de lectura

Con el hashtag #Homero2019, en redes sociales se está llevando a cabo una lectura colectiva de la ‘Odisea’. En esta primera entrega, la escritora Carolina Sanín cuenta sobre su experiencia con esta nueva “compañía de lectores”. En adelante vendrán sus comentarios sobre los cantos.

2019/07/09

Por Carolina Sanín

Hace unas semanas me enteré, por el Twitter de Margarita Rosa de Francisco, de la lectura colectiva que iba a hacerse de la Odisea en redes sociales. Luego me enteré de que se había hecho otra así de la Ilíada durante la primera parte del año, y antes —yo todavía no tenía Twitter—, una de la Divina comedia y una del Quijote. La idea feliz fue del escritor argentino Pablo Maurette. El plan actual es dedicar cada semana a un canto de la Odisea (son veinticuatro), hasta haber leído el poema completo para fin de año. Los lectores leen por su cuenta, conectados por la simultaneidad del interés, y van poniendo en Twitter cualquier registro de su experiencia, etiquetado con el hashtag #Homero2019, que tiene ya miles de seguidores.

La lectura del primer canto tuvo lugar durante la semana del pasado 1 de julio; la gente tuiteó propuestas para la traducción de ciertos términos, comentarios etimológicos, información de la historia textual de la obra, y análisis, inquietudes e impresiones de la historia. Tuitearon también comentarios sobre comentarios, y comentarios sobre los comentarios de los comentarios. Hubo quienes compusieron fragmentos de canciones que parafraseaban o parodiaban o complementaban los primeros versos de la Odisea. Varios mandaron fotos del libro en el que conocían el poema, subrayado y con glosas en el margen, y otros hicieron dibujos y los fotografiaron. Muchos leían por primera vez y manifestaban su asombro. Otros leían por enésima vez, enseñaban sus descubrimientos viejos y hacían nuevos descubrimientos ayudados por los de sus nuevos interlocutores. Alguien se filmó leyendo los primeros versos griegos en voz alta. Otro transcribió la letra de la canción de Leonard Cohen que dice “Lover come back to me”. Otros hablaron de otros libros u otros momentos a los que los remitía la tesitura del pobre Telémaco. Hubo chistes y hubo chismes.

La empresa es tradicionalista: durante la mayor parte de la vida de nuestra cultura hemos leído y oído historias en grupo y no aisladamente. Es también moderna y barroca, en cuanto el lector hace visible su vínculo con el texto, se inviste como autor de una lectura, y con su nueva autoridad se ve a sí mismo integrarse a una tradición que siempre fue suya; a una tradición que lo constituye. El espacio virtual se siente como un escenario dramático en la lectura compartida. Creo que los participantes de la lectura en Twitter llegamos a comprender —o sea, a sentir— algo que a veces, en momentos iluminados, se entiende en un salón de clase: que la Odisea puede leerse con la curiosidad palpitante de quien lee lo que él mismo escribió, y con la gran emoción dignificante de conocer un lugar donde uno ha durado mucho más que uno; tanto como todos juntos. 

Al seguir la lectura colectiva, me he ilusionado con la construcción de una compañía de lectores que no está constituida principalmente por académicos y cuyos miembros no necesariamente están vinculados por un interés común precedente, sino que se congregan en torno a un descubrimiento vivo y paulatino que va compartiéndose mientras crece. He visto cómo aparecen entre los lectores las afinidades, la confianza y la influencia. He visto cómo nos afectamos unos a otros a través del testimonio sobre la manera como el texto nos afecta, y cómo nos lo mostramos. La lectura común me ha hecho pensar en nuevos cauces para la educación. Me ha llevado a leer con redoblada parsimonia una obra que antes había enseñado. Me ha hecho esforzarme en componer mensajes breves que contengan lo que antes he tratado de explicar en horas de discurso. Me ha enseñado elasticidad. Me ha hecho contratar a un profesor de griego antiguo, que es uno de mis exalumnos, convertido ahora en mi maestro. Y me ha ofrecido una cotidiana victoria sobre el pedante carcamalerío local de señores satisfechos de su ilustración, que han desestimado una y otra vez —en medios que la gente, por cierto, ya solo lee a través de las redes sociales— la difusión y la composición de poesía y de crítica en las redes sociales.

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