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‘Les di la mano, tomaron la piel’: la infancia frente al conflicto

El libro recoge las voces de 23 jóvenes que se rebelan ante el silencio que se les ha impuesto para narrar lo que es crecer en un país en guerra consigo mismo.

2017/11/30

Por Fernando Hernández*

“Quiero, cómo quiero, escupirle en la cara su verdad”, recita Dannis, una de las autoras del libro Les di la mano, tomaron la piel. A través de cartas, cuentos, mitos y poemas, ella y otros jóvenes se atrevieron a enfrentar el silencio en el que estaban sumidos después de haber vivido en contextos de violencia. Las creaciones de los niños recogen sus maneras particulares de entender la vida, en un país que desestima las ideas, las emociones y las expresiones creativas que brotan desde la infancia.

Aunque los primeros años de muchos de los autores estuvieron marcados por el conflicto armado, la apuesta de las Fundaciones Huella Indeleble y Fahrenheit 451 nunca fue desconocer cómo infancia ese periodo de sus vidas. Los relatos dan cuenta de una niñez que no deja de serlo, así se viva en la guerra, dentro de una realidad que históricamente se ha negado y se ha escondido detrás de los cálculos de gobiernos y grupos armados.

Al amparo de tal convicción, durante los talleres de las fundaciones se organizaron sillas en un círculo donde cada uno de los participantes se ofrecía para dialogar y leer más allá de jerarquías y juicios de valor. Los jóvenes, que se encontraban en proceso de restablecimiento de derechos en Benposta Nación de Muchach@s, eligieron por votación los temas sobre los cuales querían leer y escribir. Así, Kenlly describió el amor y el deseo, expresando que “llega un momento en que todo sale como un volcán”, y Maurendis escribió sobre los instantes en los que la “cabecera ya no resiste tu cabeza, por aquellos sueños sin horizonte”. Dentro de sus muchos intereses, los participantes abordaron el amor, la paz, los paisajes, el sexo y mucho más.

Provenientes de Norte de Santander, Cauca, Valle del Cauca, Bogotá, Meta y Arauca, los 23 autores empezaron a llevar sus textos más allá de los talleres y a compartirlos en asambleas, recitales, eventos y hasta medios de comunicación. Cada semestre y ante casi 100 jóvenes de su comunidad, ellos declamaban lo que habían escrito.

De esta manera, los dos años de proceso terminaron por materializarse en 167 páginas y 7 capítulos. A lo largo de esa lectura es posible sentirse identificado, entender que lo allí plasmado consigna parte de la historia que compartimos  como seres humanos y como país. Sin proponérselo, este libro constituye un resguardo en el que la memoria puede descansar fuera del alcance de nuestra indiferencia y de nuestra apatía.

*Miembro de la Fundación Huella Indeleble.

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