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La salvaje ilustrada

Pilar Quintana vive en una playa selvática, separada de la gran ciudad por un remolino de ‘paras’ y guerrilla. Allí ha escrito su segunda novela, que de bucólica no tiene nada: con el mundo narco como telón de fondo, el todopoderoso sexo es la única carta ganadora de los protagonistas.

2010/03/15

Por Julio César Londoño

No hubo forma de sacarla de su madriguera. Ni las llamadas de su editor, ni las de Arcadia, ni las mías lograron sacarla de su refugio en Juanchaco, en la Costa Pacífica, en la cabaña de madera que construyeron sobre un acantilado ella y su marido, es decir, en la casa que él construyó mientras ella le pasaba el martillo y hacía las limonadas, porque los roles de los sexos se cumplen aquí y en la manigua, así él sea un intelectual y ella el antónimo de la chica plástica.

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