Yolanda Auza, fundadora de Wilborada 1047, abrió la librería en 2014 bajo el lema “Una botica para el alma”. Yolanda Auza, fundadora de Wilborada 1047, abrió la librería en 2014 bajo el lema “Una botica para el alma”.

“Las librerías somos visibles por primera vez en la vida”: Yolanda Auza

El mundo cambió y sigue cambiando. El relacionamiento con el otro e incluso con uno mismo está mutando imperceptiblemente. En charla con ARCADIA, Yolanda Auza, fundadora de Wilborada 1047, reflexiona al respecto.

2020/05/06

Por Daniela Morales Soler

En un mundo de puertas cerradas y redes abiertas, la vida de las librerías ha cambiado. Como negocio han debido replantear su funcionamiento y sus libreros han tenido que encontrar formas de relacionarse con la comunidad. Al respecto, hablamos con Yolanda Auza, fundadora de Wilborada 1047, quién abrió la librería en 2014 bajo el lema “Una botica para el alma”.

¿Cómo se ha adaptado la librería a la cuarentena?

Trato de pasar la coyuntura, pero también de estar preparada para cuando estemos al otro lado y no nos toque reconstruir lo que hemos hecho.

Nosotros tenemos una comunidad virtual. Tenemos nuestras redes sociales y una página web que se renovó a mediados de noviembre, eso ha sido un gran apalancamiento. Y tratamos de mantener, en lo posible, lo que queremos de la librería, que sea un espacio de encuentro, con excelente servicio al cliente, y un encuentro con los libreros maravillosos que tenemos.

¿Que hemos hecho? Comunicarnos permanentemente, publicar a diario fotos de las lecturas en casa. Los sábados teníamos una actividad que se llama ‘Lecturas para locos bajitos’. No se está haciendo como normalmente, entonces hacemos una lectura en redes los sábados y los miércoles.

También abrimos un evento que se llama ‘Una hora con los libreros Wilborada 1047’: en una sala zoom tenemos a los 6 libreros conversando sobre recomendaciones, contestando preguntas o interactuando con la comunidad. Contestamos todas las respuestas que tengan por todos los canales.

También creamos unos productos que nos ayudan a incrementar la lealtad. Hicimos unas suscripciones. Wilborada es una casa y funciona con las colecciones que dependen del lugar de la casa en la que te encuentres. Por ejemplo, hay una suscripción para leer en mecedora, que es la sección de poesía y cuento. La suscripción funciona a 6 meses y mensualmente les va llegando un libro a las personas.

¿Cómo ha sido el tema económico, han podido cumplir con sus responsabilidades?

A mí no se me pasa por la cabeza trabajar sin el equipo que tengo: los libreros son el sentido de la librería y las personas administrativas contribuyen enormemente. En la medida en que nos alcance el dinero van a estar.

La legislación de la cuarentena nos dice que podemos operar por medio de comercio electrónico, siempre y cuando despachemos a través de servicios postales. Como tenemos todos estos canales, estamos operando este comercio con el mínimo de recursos que se necesita para despachar a través de los servicios postales un día a la semana. 

La respuesta de la gente ha sido extraordinaria. Por supuesto las ventas están afectadas, no generamos los números que teníamos, pero con los canales digitales que ya teníamos puedo pagar mi nómina y los servicios. Además las expresiones de la gente a través de sus redes sociales también son muy satisfactorias.

La cadena se tiene que soportar, no es solo que los proveedores me financien, estamos pagando lo que podemos. La librería tenía un capital de arranque y es la casa, que es mía. Entonces no tenemos la responsabilidad del arriendo, si no llegó arriendo ¡no pasa nada, la casa es mía! (risas). Por eso podemos pagar nómina y servicios.

También apoyamos lo que están haciendo otros libreros, porque nos parece muy importante impulsar sus iniciativas. Y estamos aprovechando las becas. Aplicamos a una de Idartes, y no sé si me la gane pero por lo menos hay una opción, y seguramente participemos en las que saque el Ministerio de Cultura.

Eso es lo que estamos haciendo, buscar solidaridad, proteger a nuestro público, seguir curando, sacar productos nuevos. 

¿Cómo ha sido el comercio electrónico? 

¡Brutal! Para mí, comercio electrónico representaba menos del 4 por ciento y ahora puedo alcanzar el 60 o 70 por ciento de mi venta habitual, eso es mucho. No sé cómo concluya el mes, pero estoy mitigando la disminución en las ventas. Es un crecimiento brutal. Hasta ahora el apoyo ha sido increíble. Vamos a tener un golpe pero así va a ser mitigado.

Con respecto a Adopta una librería, ¿cómo ha funcionado?

Esta es una iniciativa de la Cámara Colombiana del libro para recaudar fondos y ayudar a pagar las nóminas de los empleados. Hay dos estrategias, una es esta, Adopta una librería, y la otra es Compra en una librería. 

A mí me parece que el apoyo que necesitamos es más que la gente compre, no que dé plata. En este momento tengo un capital que me cubre la nómina. Por eso me parecería tenaz aprovechar eso cuando no estoy como otras librerías que tienen muchas más necesidades. Lo que le pido a la gente es que se una, porque las librerías son un patrimonio que no podemos perder... y que me compren (risas).

En Colombia la compra de libros es baja, hay pocas librerías por el número de habitantes. Hay déficit en muchos aspectos, ¿cree que la cuarentena va a cambiar eso? 

Me gusta mirar el lado optimista. Yo pienso en una persona que tiene que trabajar todo el día frente a un computador, como nos pasa a los que estamos en teletrabajo, mirando todo el día una pantalla. ¿Va a seguir mirando una pantalla cuando termine de trabajar, cansado? No, no. Puede que haya personas muy adictas a las pantallas, pero hay quienes necesitan algo distinto. 

Lo que sí falta es el acceso, porque no existe la cotidianidad de un librero, la gente no ve una librería cerca a la que entrar y comprar.

Esta crisis como todas las crisis generan cambios y cosas que no se habían visto. En nuestro caso, el de las librerías es que somos visibles por primera vez en la vida. Que tú me llames, que los medios estén hablando de nosotros muestra que estamos en un discurso que no existía. No es que no vayamos a pasar problemas, claro que sí, porque estamos en una coyuntura única. Y puede que sea única  en este siglo, pero hace un siglo había librerías y hace cinco también. Los libros van a perdurar, nos vamos a acomodar.  

Lo que va a salir de esto es que todo va a cambiar. Lo importante es ver cómo nos vamos a adaptar a ese cambio, cómo le vamos a llevar libros a la gente que no va a salir de la casa. 

En toda crisis hay oportunidades y la mejor es la visibilidad, que la gente vea las librerías en los periódicos. 

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