Carátula 'Un vaso de agua bajo mi cama' de Daisy Hernández. Rey Naranjo Editores. Carátula 'Un vaso de agua bajo mi cama' de Daisy Hernández. Rey Naranjo Editores.

Migración y feminismo: 'Un vaso de agua bajo mi cama' de Daisy Hernández

Nuestro columnista reseña el último libro de la autora estadounidense de raíces colombo-cubanas Daisy Hernández, publicado por primera vez en español por Rey Naranjo Editores.

2018/06/25

Por Ángel Castaño Guzmán

Las literaturas del yo –los volúmenes de historia lo enseñan– florecen en épocas de incertidumbre social y cultural: calendarios marcados por el desplome de los relatos tradicionales y las crisis en las instituciones vigentes. Se buscan respuestas a los enigmas de una realidad hostil y agreste en los engranajes de la vida doméstica y en las pequeñeces de la crónica familiar. Hoy, muchos autores colombianos, y no solo en el campo de las letras, apelan a estos registros para dar cuenta de sus visiones de mundo y dejar constancia de sus periplos. En efecto, en el documental (Amazona, My Way or the Highway, Nueve disparos, Yo, Lucas), en el cómic (Virus tropical, Elefantes en el cuarto y buena parte de la obra de Truchafrita) y en la literatura proliferan trabajos interesados en poner la lupa sobre la interioridad, en los territorios personales. En esta línea se inscribe Un vaso de agua bajo mi cama, el primer libro publicado en español de la estadounidense de raíces latinas Daisy Hernández.

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Nuestro patrimonio es la lengua. Pertenecemos al universo simbólico, ritual y elástico del idioma de los ancestros. ¿Qué ocurre cuando las palabras de la casa, las del hogar, son distintas a las de la escuela y las de la calle? Este es el primer desafío de los hijos de los migrantes: vivir en la encrucijada. Dicha perplejidad se agiganta en el caso de aquellos cuyos progenitores no manejan con suficiencia el idioma del país de albergue. Por la fuerza de las circunstancias asumen el papel de intérpretes, de puentes. La traducción de vocablos, costumbres, estilos de vida es la principal labor de los vástagos de los viajeros. Deben comprender contextos mentales distintos y buscar la forma de hacerlos encajar en narraciones convincentes. Desde muy pronto a Daisy Hernández, la primogénita de un matrimonio de una colombiana y un cubano, le correspondió servir de cicerone a sus familiares en la confusa y vertiginosa sociedad norteamericana. De esa manera, el suyo es un temple forjado en partes iguales por las creencias santeras y católicas de sus padres y el pragmatismo gringo.

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Presentada al público como novela de no ficción, Un vaso de agua bajo mi cama relata con buena prosa algunos hechos centrales en la formación de Daisy Hernández: el descubrimiento de sus preferencias amatorias, el despertar de su conciencia de hija de latinos de clase media, el poder de la escritura para revelar el rostro del minotauro. Al hablar de ella, también lo hace –es inevitable– de las historias anudadas a la suya: las de sus tías, las de sus parejas, la de una chica triturada por la maquinaria de los prejuicios, la de las mujeres con dones espiritistas, la del alcoholismo del padre y la sabiduría campesina de la madre. Al terminar de leer Un vaso de agua bajo mi cama se me vino a la mente el concepto de resistencia: Hernández en ningún momento oculta sus posturas feministas y sociales. Sin embargo, no asume el ‘tonillo’ de superioridad moral del radical chic; en el libro, ella no ataca a las personas: pone en cuestión los valores.

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