En 2015, Ponsford reemplazó a Fernando Zapata en la dirección del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc). Foto: Pilar Mejía. En 2015, Ponsford reemplazó a Fernando Zapata en la dirección del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc). Foto: Pilar Mejía.

“Ser lector no solo es pasar las noches leyendo a Cervantes”: Marianne Ponsford

En diciembre, Marianne Ponsford cierra su gestión como directora del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc). Hablamos con ella de cómo la institución, que vela por el fortalecimiento de sociedades lectoras en la región, se ha adaptado para encarar un mundo en transformación y un continente en crisis.

2019/11/18

Por Felipe Sánchez Villarreal

El Cerlalc nace en los años setenta para apoyar el desarrollo de la industria editorial en Iberoamérica. De cara a las transformaciones del sector libro y de la región en las últimas décadas, y durante sus cuatro años de gestión, ¿cómo se ha reenfocado ese objetivo?

Tal vez el viraje más importante del centro ha sido hacer un mayor énfasis en el tema del acceso a la lectura. Y eso implica un diálogo profundo y permanente con los gobiernos de la región. Vivimos en un subcontinente tremendamente desigual y de poco sirve fortalecer la industria editorial si no se crean lectores. Siguiendo los lineamientos de la Unesco y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la ONU, desde el centro nos hemos volcado sobre la pregunta por el acceso a la lectura para la población vulnerable: migrantes, población en situación de discapacidad, personas en situación de pobreza y primera infancia. Nos hemos focalizado en el diseño y ejecución de política pública de fomento a la lectura, tanto desde ministerios de Cultura como de Educación en América Latina. Eso implica trabajar en fortalecer las bibliotecas escolares y públicas, y en formación de bibliotecarios y docentes lectores. Implica también hacer énfasis en la necesidad de implementar más y mejores compras públicas de libros, así como desarrollar legislación en conjunto con los gobiernos que mantenga la exención de IVA a los libros y otros beneficios, que protejan los derechos de autor y que garanticen el acceso a la lectura y a la información a quienes viven en pobreza.  

Para algunos, el éxito en la promoción de lectura parece reducirse a los índices de libros leídos por persona al año. El Cerlalc que usted deja, por el contrario, entiende la lectura de otra manera...

Si bien la lectura inmersiva, la lectura de libros, es capital para el ser humano, sabemos que es necesario entender la lectura más allá del libro. Las prácticas de lectura se explayan hoy en diversos consumos en la vida cotidiana y se ven atravesadas por otros consumos. Pero como organismo multilateral, nuestro deber es impulsar una definición de lectura desde la competencia del Estado. Para lo público, ser lector no quiere decir, como tanta gente cree, pasarse las noches leyendo a Cervantes. Un ciudadano lector es alguien que sabe cómo tener acceso a la información escrita que necesita y quiere y disfruta. Que entiende esa información de manera crítica y actúa desde ese conocimiento. En el Cerlalc sabemos que tanto en la escuela como, más tarde, en la biblioteca pública, es responsabilidad del Estado brindar al ciudadano el acceso a los contenidos que requiere, para que pueda tener las herramientas que le permitan construir nuevas capacidades, en tiempos en los que la inteligencia artificial presenta amenazas tan graves contra la estabilidad laboral. 

El objetivo de “formar lectores y lograr sociedades lectoras” tiene muchos obstáculos: otras formas de consumo en internet, el robustecimiento del sector audiovisual, los precios de los libros. ¿Qué estrategias han desarrollado para hacerle frente a ese contexto?

Basta revisar las encuestas de consumo cultural y de lectura en Colombia para darse cuenta de que el precio de los libros no es ni de lejos la principal razón por la que la gente decide no leer. El desinterés es mucho más fuerte. Leer es una práctica ardua, mucho más retadora (y por lo mismo más gratificante) que ver una película en Netflix. Es cierto que el libro ha perdido esa extraordinaria ventaja que tenía sobre otros contenidos: su portabilidad. Pero hoy se lee más que nunca, si bien las nuevas formas de lectura son fragmentarias e híbridas. Creo que no hay mejor estrategia que trabajar en lectura en la primera infancia. América Latina ha avanzado de manera notable en la atención a sus niños más pequeños, pero solo en dos patas del taburete: salud y nutrición. La tercera pata, el desarrollo cognitivo del niño, se logra leyéndole a la bebé, dejando que pase páginas, que las rompa y babee y absorba las ilustraciones, que escuche la voz del papá contándole historias mientras se queda dormida. Así se forman lectores. Y formar lectores quiere decir formar ciudadanos mejor capacitados para llevar buen pan a su mesa. En el Cerlalc creamos un Observatorio dedicado al tema, y formamos a cuidadores de primera infancia en la crucial importancia de la lectura temprana. Pero, para ello, el Estado debe dotar con libros los espacios dedicados al cuidado de los niños. No es tan difícil ni tan costoso. El gran esfuerzo que realizamos de manera continuada es poner el tema en la agenda pública de los países de la región. Y funciona.

Pensando en la relación entre formación de lectores y formación de ciudadanías críticas, ¿qué papel puede jugar el Cerlalc de cara a la convulsión social actual del continente?

No es arriesgado afirmar que la conciencia de la desigualdad es el factor común que motiva las protestas actuales. Momentos de crisis como el actual deberían entenderse como posibilidades de la democracia para fortalecerse. Y justo en estos momentos es importante entender que las herramientas cognitivas, culturales y de comprensión del otro que se obtienen a través de la lectura juegan un rol importante para garantizar diálogos más horizontales. Aun a pesar de los grandes riesgos que encarna la permanente transformación digital en la vida de los ciudadanos, es innegable que el acceso a más canales de comunicación ha facilitado la creación de redes de solidaridad, de conocimiento y de acción colectiva. Esto sin duda está íntimamente vinculado a la lectura como práctica sociocultural esencial para la formación de una ciudadanía crítica. Pero lo más importante, en tiempos de crisis o no, es que la construcción de política pública sea genuinamente participativa. Los gobiernos deben entender la fuerza extraordinaria de un buen sistema de bibliotecas públicas como espacio de empoderamiento ciudadano y diálogo público, o la necesidad de aumentar el porcentaje del PIB que se invierte en educación para menguar la violencia.

"Hoy se lee más que nunca, si bien las nuevas formas de lectura son fragmentarias e híbridas": Marianne Ponsford. Foto: Pilar Mejía.

En los cuatro años que lleva al frente del Cerlalc, ¿cuáles han sido las apuestas más importantes que ha liderado? 

Haciendo un esfuerzo de síntesis, diría que hemos puesto al servicio de la región y de los editores varias herramientas digitales necesarias. Primero, Úrsula, que es un software que está permitiendo a los países construir catálogos de sus obras en braille y otros formatos accesibles. También desarrollamos SIRA, un software de gestión de ISBN impecable y a la altura de los más exigentes estándares internacionales de diseño de metadatos. Otro reto cumplido fue haber logrado convocar a la región alrededor de un centro pequeño, en tiempos en los que el multilateralismo es visto con sospecha y cansancio. Haber reactivado la relación directa con Unesco en París, y recibir de ella apoyo y recursos ha sido muy importante. Pero lo mejor de todo, sin duda, fue haber podido conformar un equipo técnico ejemplar. Hoy el Cerlalc reúne inteligencia, vocación, experiencia, conocimiento y sentido de la diplomacia cultural y de la función del multilateralismo. Ante mi equipo me quito el sombrero y le estaré por siempre agradecida. 

El Cerlalc, por su naturaleza como órgano regional, depende de su relación con los gobiernos regionales, a quienes aconseja y que lo sostienen. Las políticas culturales del actual gobierno en Colombia quieren encaminarse al desarrollo e implementación de las llamadas industrias creativas o, en palabras del gobierno, la “economía naranja”. ¿Cómo entra el Cerlalc allí?

El fomento de la economía creativa no solo es del interés de Colombia sino de casi toda la región. Por ello, trabajamos con Alianza Pacífico y Mercosur Cultural en un estudio comparativo de políticas de internacionalización de su industria editorial. ¡Cómo no aprovechar más y mejor la lengua común que nos une para que los libros circulen más por la región! Pero si quiere, le doy un ejemplo más concreto y reciente: tras poner en contacto a su director con el ministerio de Cultura, Colombia es invitado de honor a la Feria del Libro de Madrid del año próximo. Hemos propuesto al Gobierno llevar a cabo una mesa de negocios en el marco de la feria entre pequeños editores colombianos y pequeños editores españoles. La coedición es una fórmula potente que permite segmentar territorios y bajar costos de producción y distribución. Esperamos que el Cerlalc pueda liderar este proyecto en el 2020 bajo su nueva dirección, y otros semejantes. 

Uno de los caminos que has explorado es el engranaje del Cerlalc ya no solo con los ministerios de Cultura, sino con los ministerios de Educación. ¿Por qué es importante ese acercamiento? ¿Cómo pensar esa articulación entre el sector libro y el sector educativo hoy? 

Es imposible pensar en una educación de calidad sin buenos libros, tanto físicos como digitales. Y es imposible pensar en Planes Nacionales de Lectura en los que los dos ministerios no deban trabajar de manera articulada. No es realista pensar en que hoy cada pequeña población de América Latina tenga una biblioteca pública. Pero sí debe tener una escuela y es imperativo que tenga biblioteca escolar. Esa biblioteca, por ejemplo, puede abrirse a su comunidad en horario extracurricular. Y ese es solo un ejemplo de la urgencia del trabajo intersectorial.

A quienes descreen de la necesidad de un centro así en el mundo actual, ¿qué les diría?

En un continente que tiene pocos espacios neutrales de diálogo regional, tener un centro de Unesco dedicado al fomento de política pública de promoción del libro y la lectura, así como la protección del Derecho de autor, es un hecho francamente extraordinario. Uno de los grandes problemas políticos de América Latina es su complejo adánico. Son muchos los gobiernos que llegan y cambian a todos los técnicos -y todos los programas y todas las políticas- de los gobiernos anteriores. Y lo que se pierde en cada transición política es enorme. ¡A veces quisiera suplicar a los gobiernos que no cambien a los técnicos de sus ministerios! Como organismo altamente especializado y con un magnífico bagaje de conocimiento técnico, el Cerlalc cumple la función de puente entre administraciones y gobiernos.

Gracias al Cerlalc la región tiene legislación robusta en materia de libro, y somos nosotros quienes apoyamos —e incluso redactamos— muchos de esos proyectos de ley y acompañamos su andadura en el Congreso. Lo acabamos de hacer en Perú; también trabajamos en la nueva la ley del libro en Guatemala y Paraguay, y lo estamos haciendo ahora en Costa Rica. Asimismo —como hacemos actualmente para el Ministerio de Educación de Colombia y el año entrante en Panamá con el BID— lideramos los procesos de construcción de políticas públicas en materia de lectura y biblioteca escolar, y de recursos educativos. Qué duda cabe: el Cerlalc es una pequeña joya para la región y Colombia debería sentirse orgullosa de ser su sede.

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