Retrato de Alexander von Humboldt por Severin Worm-Petersen © (1857 - 1933) | Norsk Teknisk Museum Retrato de Alexander von Humboldt por Severin Worm-Petersen © (1857 - 1933) | Norsk Teknisk Museum

¿Qué podemos aprender de las investigaciones de Humboldt en 2019?

El doctor Frank Holl, historiador experto en la vida y obra del naturalista alemán, aborda esta pregunta en este discurso, con el que se inauguró el simposio internacional que el Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) organizó hace pocos días en el Museo Nacional sobre el legado de Humboldt para las Américas.

2019/05/16

Por Frank Holl*

Este contenido forma parte de nuestro especial de celebración de los 250 años del natalicio de Alexander von Humboldt en alianza con el proyecto temático “Humboldt y las Américas”, liderado por el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores de Alemania y el Goethe-Institut.

Alexander von Humboldt en el año 2019

Antes de todo quiero hacer notar dos cualidades distintas: 1) El Humboldt científico y 2) Humboldt, el hombre político. Analizaré estas dos funciones o contribuciones para las sociedades y para la historia.

Ver la historia y a las personas históricas es siempre un diálogo con el pasado. De las personas históricas tenemos sus escritos, sus dibujos, sus mapas e ilustraciones. Con estos medios, las personas históricas –por ejemplo, Alexander von Humboldt– pueden hablar con nosotros, si tenemos el interés y las preguntas adecuadas para ellos. Solo hay un límite: este lo encontró el profesor de Humboldt, Georg Christoph Lichtenberg, que una vez dijo: “Un libro es como un espejo: cuando un simio se mira en él, no descubre un apóstol”.

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No quiero decir o definir si somos simios o apóstoles cuando tratamos con Humboldt. Creo que a veces somos los unos y, a veces, los otros. Pero lo que es cierto es que los apóstoles y simios con el tiempo cambian, sobre todo en un periodo de 250 años.

Si además tomamos en cuenta los distintos públicos en los distintos países, encontraremos que la repercusión de las ideas de Humboldt en Europa es completamente diferente que en Latinoamérica. En mi juventud, muchos de nosotros tuvimos en Alemania un léxico para niños y adolescentes con el nombre “Schneiders Lexikon”. Fue publicado en miles de miles de ejemplares. En este hay un artículo sobre Wilhelm von Humboldt, pero, sorprendentemente, su hermano Alexander no se menciona. Mi ejemplar es del año 1968. Este es solo un ejemplo de la ignorancia hacia Alexander von Humboldt en Alemania en esa época. No solo en Alemania: en toda Europa, Alexander von Humboldt fue poco conocido en el siglo XX hasta los años setenta. O, mejor dicho, Europa no tenía muchas preguntas hacia su obra en este tiempo. ¿Por qué? Porque su foco de investigación se concentró en Latinoamérica.

Sucedió lo contrario en el mundo trasatlántico. Los políticos y científicos de los nuevos países que poco a poco se liberaron del colonialismo español absorbieron como una esponja el conocimiento y la información que Humboldt les proporcionó y los utilizaron para su progreso político, científico y económico. Simón Bolívar tenía toda la razón cuando en 1823 dijo: “Humboldt es el descubridor del Nuevo Mundo; su saber ha hecho más bien a la América que todos los conquistadores”. Creo que todos nosotros conocemos esta frase. Otro ejemplo: en 1859, el entonces presidente de México, Benito Juárez, nombró a Humboldt el “benemérito de la Patria” y exigió que se erigiera una estatua de mármol en su memoria.

No fue sino hasta los años setenta y ochenta del siglo XX que los europeos empezaron a redescubrir a Humboldt, especialmente como ecólogo. Su repercusión en Latinoamérica, por el contrario, nunca se interrumpió. Hay muchas ediciones de su obra y muchos textos sobre él. Uno de los ejemplos más maravillosos es la edición de los cuatro tomos de la Humboldtiana neogranadina de Alberto Gómez publicada en el año pasado. Esta obra muestra perfectamente la contribución de Humboldt a la región de Colombia en casi todas las disciplinas científicas: la geología, la climatología, la meteorología, la cartografía, la astronomía, la botánica, la zoología, la economía, la antropología.

La pregunta clave es: ¿qué podemos aprender de las investigaciones de Humboldt el día de hoy?

“Nada se manifiesta aislado”

Poco antes de partir hacia América, Humboldt definió su objetivo de investigación: “Mi único propósito es investigar el tejido conjunto de todas las fuerzas de la naturaleza, la influencia de la naturaleza muerta sobre los animales y plantas vivientes”.

Modernas enciclopedias definen ecología prácticamente con las mismas palabras: “la teoría de las interrelaciones de los organismos entre sí y con su entorno animado e inanimado”. En el tiempo de Humboldt, la palabra ecología no existía. Fue acuñada 1866, poco después de su muerte. Humboldt consideró el paisaje como un espacio de interrelación dentro de la naturaleza, y entre el hombre y la naturaleza. “Todo es interacción”, anotó en su diario de viaje. Él veía la naturaleza “como una cadena, no de manera lineal, sino en forma de red”. “Nada se manifiesta aislado”, escribió, “un lazo común concatena toda la naturaleza orgánica”.

Grabado del Salto del Tequendama, 1812 por Alexander von Humboldt

Hoy decimos que la vista de Humboldt es una vista ecológica y transdisciplinaria. Transdisciplinaria porque él condujo sus estudios no desde la perspectiva de una disciplina única, sino que combinó los distintos campos científicos. Humboldt tampoco tenía la palabra moderna “transdisciplinario”. Él llamó su ciencia una “física del mundo”.

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Ver en Humboldt el ecologista o transdisciplinarista es un descubrimiento bastante nuevo. La idea de Humboldt como ecologista creció junto con el ambientalismo en la década de los años setenta del siglo XX. Una obra clave en esta época fue el informe del Club of Rome, Los límites del crecimiento. Los primeros que llamaron el pensamiento de Humboldt “ecologista” fueron el biógrafo alemán Hanno Beck en los años setenta y el germanista francés Pierre Bertaux en el año 1984. La reciente biografía de Andrea Wulf de 2015 se dedica casi completamente a esta visión. Es un redescubrimiento de su obra bajo nuevos aspectos. Los ecologistas y ambientalistas descubrieron a Humboldt como uno de ellos, como un compañero de armas.

Uno de los descubrimientos más sorprendentes en este contexto son sus estudios sobre el clima. En 1843 en su obra Asia Central. Investigaciones sobre las sierras y la climatología comparada Humboldt dice que el hombre cambia el clima por el “talado de los bosques, el cambio en la distribución de las aguas y la exhalación de grandes masas de vapor y gases en los centros industriales”. Ese reconocimiento es impresionante, porque por primera vez en la historia se describe aquí correctamente las influencias antropogenias sobre el clima, sobre todo la exhalación de gases. Es sorprendente que Humboldt mismo no da mucha importancia a su propio análisis. Él escribe que “la civilización no tiene una influencia perceptible“ al clima. En este caso él tenía razón: en el año 1843 los seres humanos no tenían mayor influencia sobre el clima. Humboldt no pudo prever que hoy el cambio climático es el mayor reto de la humanidad, había reconocido el factor climático humano, pero no toda la dimensión de su efecto.

Sin embargo sus estudios sobre el balance hídrico de las selvas y la importancia de los bosques para el paisaje y la atmósfera tenían un gran impacto en el siglo XIX. En Australia, los Estados Unidos de América y en África del Sur algunos ambientalistas intentaron con reforestación mejorar el clima local y el balance hídrico del paisaje. Pero estos intentos y los hallazgos de Humboldt se cayeron en el olvido en el inicio del siglo XX. No hay duda de que el ser humano estaba en el centro de la ciencia de Humboldt como factor formativo, o en otras palabras como actor político.

El Humboldt político

El científico no puede vivir en una torre de marfil y dedicarse a sus estudios sin considerar su responsabilidad con la sociedad. En su Ensayo político sobre la isla de Cuba Humboldt dice que la esclavitud es “sin duda, el mayor de todos los males de la humanidad” y su Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España termina con las palabras: “¡El bienestar de los blancos está íntimamente enlazado con el de la raza cobriza, y no puede existir felicidad duradera en ambas Américas, sino en cuanto esta raza, humillada pero no envilecida (...) llegue a participar de todos los beneficios (...) de la civilización y de las mejoras del orden social!”.


Daguerrotipo de Alexander von Humboldt, 1847 por Hermann Biow (1800–1850) | Museum für Kunst und Gewerbe Hamburg

Humboldt siempre defendió los derechos humanos. El primer tomo de su Cosmos termina con las palabras: “Al afirmar la unidad del género humano, también resistimos cualquier aceptación desagradable de razas superiores e inferiores del hombre (...) Todos están igualmente destinados a la libertad”. Humboldt ve un desarrollo constante de la humanidad hacia una civilización cada vez más elevada. Esto también se aplica a los indígenas: él respeta su cultura y su independencia; rechaza la imposición de otra religión como, por ejemplo, la del cristianismo; desea que ellos participen en el progreso de la civilización, y eso significa sobre todo la educación a través del “intercambio entre los pueblos”.

Humboldt creía en un progreso continuo del ser humano a escala mundial. “Conocer y reconocer –escribió en Cosmos– es el placer y la facultad del ser humano, y es una de las riquezas de cualquier nación”. Sus áreas de investigación, juntos con su ideales políticos fueron básicas para el desarrollo de los nuevos países independientes en Latinoamérica. No solo para México es válido lo que dijo el historiador y político mexicano Lucas Alamán a Humboldt en 1824, que su obra era “un cabal concepto de lo que podrá ser México bajo una buena y liberal Constitución, por tener en su seno los elementos de la prosperidad, y su lectura ha contribuido a avivar el espíritu de independencia que germinaba en muchos de sus habitantes, y a despertar a otros del letargo en que los tenía una dominación extraña”.

Pero con esas ideas tan liberales Humboldt en Alemania tenía más contraviento. En la corte prusiano los conservadores lo odiaron, por ejemplo, Otto von Bismarck, que más tarde se convirtió en Canciller del Reich. Humboldt simpatizó con la Revolución alemana de 1848. En las mañanas participaba en las asambleas del pueblo y por la noche cenaba con el rey, respetado por ambos partes. Con una sonrisa tomó las palabras del rey de Hannover, quien durante una estancia en Berlín después del fallido intento de revolución caracterizó a Humboldt de la siguiente manera: “siempre él mismo, siempre republicano y siempre en la antesala del Palacio”.

Esa libertad política y científica que Humboldt exigía requiere una comunicación sin fronteras. Él tenía un contacto con científicos y políticos de todos los continentes. Escribió más de 35.000 cartas. A su manera y con las posibilidades de la época, Humboldt estabilizó el primer “internet” e hizo accesible sus resultados para todos. Humboldt es el primer divulgador de las ciencias.

En 1827 y 1828 dio las famosas “conferencias de cosmos” en la gran sala de la Singakademie (Academia de Cantos) en Berlín. No cobró entrada. La audiencia incluyó todas las clases sociales, también mujeres que en esta época normalmente no tenían acceso a la vida académica. Detrás de esto había un ideal educativo y democrático. Su gran obra Cosmos fue el último intento de un ser humano de resumir todo el conocimiento científico de su época en un solo trabajo. Humboldt se dedicó a esta obra como un hombre poseído, siempre tratando de incorporar los últimos descubrimientos científicos: fue una carrera contra el tiempo restante de su vida y, en última instancia, un intento vano de seguir la velocidad de la producción de conocimientos cada vez más rápida en todo el mundo. “Cada investigación más profunda conduce a la entrada de nuevos laberintos”, escribió una vez. Murió trabajando en el quinto volumen a la edad de 89 años.

¿Qué podemos aprender de este intento? No es posible tener el conocimiento completo sobre todas las disciplinas, especialmente hoy, en el año 2019. Pero siempre es nuestra responsabilidad por lo menos de tener una visión general del conocimiento científico.

Las ideas de Humboldt siguen, y cada día son más valiosas. Para cada generación es importante redescubrir a Humboldt con sus propias nuevas ideas y con nuevas preguntas. Es muy probable que en 10 o 20 años encontrarán nuevos aspectos. Nuevos simios o apóstoles van a mirar su obra como espejo. De todas maneras tiene razón lo que dijo su colega, el fisiólogo Emil du Bois-Reymond: “Todo erudito ambicioso es hijo de Humboldt. Todos somos su familia”.

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*El Dr. Frank Holl (1956-) es historiador que recibió su Doctorado en la Universidad de Munich con una tesis sobre el físico Max Born. Curador de una serie de exposiciones sobre Alexander von Humboldt (México 1997 y 2003/04, La Habana 1997/98, Caracas 1999, Berlín 1999 y 2009, Bonn 1999/2000, Bogotá 2001, Quito 2001, Lima 2002/03, México, Madrid 2005/2006). En 1994, recibió el premio de la Sociedad Georg Agrícola para la promoción de la historia de las Ciencias Naturales y de la Técnica, y en 2003 un premio del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (MECD) en España por uno de los libros mejor editados ("El mundo de Alexander von Humboldt", Editorial Lunwerg, Barcelona y Madrid, 2002). En 2009 su libro "Alexander von Humboldt - mein vielbewegtes Leben" ("Alexander von Humboldt – mi muy movida vida", Eichborn, Berlín, 2009), fue elegido como el mejor libro histórico del año de la revista "Damals" en Alemania. La cuarta edición, opulentamente aumentada, fue publicada del editorial "Andere Bibliothek", Berlín, en 2017. De 2008 a 2018, Holl dirigió las "Jornadas de la Ciencia de Munich". En 2018, recibió el "Premio Grüter" para la divulgación de las ciencias.
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