Sam Fogarino, Paul Banks y Daniel Kessler: la gran Interpol Sam Fogarino, Paul Banks y Daniel Kessler: la gran Interpol

Cuando visita Colombia, Interpol marca la fecha en el calendario

A Daniel Kessler, guitarrista y compositor de la icónica banda neoyorquina, todavía le parece un sueño tocar y grabar discos. En veinte años de carrera ha descubierto que le gustan los festivales y le gusta Colombia. ARCADIA habló con él al respecto.

2019/03/21

Por Alejandro Pérez

Hay bandas cuyas guitarras, bajos y voz son reconocibles a primer oído, incluso a distancia. Esas que tienen un sonido claramente propio. Incuestionablemente, Interpol hace parte de este grupo.

Cada uno de sus seguidores tendrá una historia personal. Yo recuerdo cuando un gran amigo llamado Andrés, de esos que sabe encontrar sonidos memorables en la maraña e iluminar compartiéndolos, me puso a escuchar Leif Erikson y The New del Turn On The Bright Lights. Desde ahí ha sido imposible dejar de seguirles la pista a los neoyorquinos. Dos veces vinieron ya a Colombia, ninguna pude verlos. La tercera será la vencida. ¡Oh, júbilo!

The New, una bestia de canción

El bajista que toca en esa gran canción (The New), Carlos Dengler, de madre colombiana, ya no hace parte de la banda. Baja sensible, sin duda, pero Interpol ha sabido seguir su camino sin melodramas. Sam Fogarino, Paul Banks y Daniel Kessler se asumen como trío, y así lanzaron su sexto álbum de estudio, Marauder (2018).

Previo a su concierto en Estéreo Picnic X, el viernes 5 de abril a las 8 de la noche, el tercero de su carrera en este país, ARCADIA habló con Daniel Kessler. Uno de los miembros fundadores y, así le moleste aceptarlo, de las fuerzas que ha impulsado a la banda en la duras y las maduras, esto dijo.

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No todo el público que va al Festival Estéreo Picnic los conoce, ¿cómo les describe Interpol?

Ehhhh, no sé si me corresponde a mí describirlo. Sé que disfruto tocar en festivales, y más aún en países en los que no hemos tocado antes. Pero tenemos una gran base de seguidores en Colombia y es genial tocar allá. Somos una banda de rock and roll en vivo, nos retroalimentamos del público y de lo que sucede alrededor. Pero es difícil para mí decirlo.

Les Claypool nos contaba que cada disco era un pedazo de su vida. Cuando usted mira atrás a sus cinco discos y a Marauder, el sexto, ¿cómo los recuerda?

Son capítulos en esta historia, una historia que jamás hubiera podido predecir. Nunca imaginé que podríamos grabar tantos discos y que seguiríamos juntos después de veinte años. Fue una gran oportunidad poder hacer el primero, pues habíamos tocado cinco años antes de recibir esa oportunidad. Así que, para mí, estar acá, planeando una tercera visita a Colombia, es un sueño.

Los discos son capítulos, unos más difíciles que otros. Es impredecible. A veces crees que una canción será fácil de grabar y se vuelve muy difícil y viceversa. Es una ciencia imperfecta. Luego, con algo de tiempo, cuando vuelves a escucharlos, ocho, diez años después, recuerdas cosas que habías olvidado. Me gusta sentir eso. Escuchar como alguien que escucha la música, no como el músico.

Yo me siento tan orgulloso de Marauder (2018) como de Turn On the Bright Lights (2002). Hacemos arte, y lo creamos como representación del lugar en el que estamos en nuestra vida. Un lugar afortunado que pocas personas pueden experimentar.

Yo valido todos los discos que hemos hecho, todos representan algo, como pequeños documentos del lugar en el que estaba la banda, el momento de la vida de cada uno y de sus inspiraciones musicales, y así. Todos son parte del viaje y me identifico con todos. Entiendo por qué hicimos lo que hicimos. No somos de las bandas que se separan de lo que han hecho.

Usted ha sido una fuerza unificadora en la banda, ¿ha sentido esto como una presión?

No creo que me pueda considerar una fuerza por encima del resto, somos una banda. Y lo somos porque todos le invertimos tiempo y hace parte de nosotros. Si sobrevives a tanto tiempo en una agrupación como lo hemos hecho es porque hemos madurado y entendido más de la vida. También porque apreciamos todo lo que esta ha traído, nuestros, nos apreciamos entre nosotros y apreciamos a la banda.

Y cuando eso pasa es bueno aferrarse a eso, no olvidarlo a pesar de que a veces se compliquen un poco las cosas, o se sienta cansancio en las giras y los viajes. En los tiempos duros hay tratamos de recordar lo afortunados que somos de tenernos y de hacer música juntos.

Trato de no pensar de más, de no complicarlo. Pero entre más experiencia se gana y entre más se envejece, todo esto se aprecia más y más. Por ejemplo, ir a Colombia es increíble. Pensar que gente que ni había nacido cuando sacamos el primer disco nos sigue, así como gente de 40 años o más, es una gran fortuna.

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El sonido de su guitarra es muy particular, ¿siente que ha cambiado su manera de tocar?

Trato de nunca forzar nada en la música. A veces me siento más un compositor que un guitarrista. Seguro hay muchísimos guitarristas más talentosos que yo, pero me fascina escribir canciones, es mi pasión. Trato de encontrar nuevas avenidas para escribir y, en eso, sí siento un progreso y una evolución. Pero no he tomado desviaciones gigantes a propósito, no he dicho "ahora compondré basado en tal influencia".

Amo la música y admiro a quienes la hacen, pero me mantengo honesto porque me conozco. Trato de escribir todos los días, pero no logro escribir una canción todos los días, en últimas no sé cuándo una va a llegar. Y cuando sucede me siento como un canal, algo que se vive y se expresa. Y creo que eso es de lo mejor que he sentido en mi vida, y así pasaba cuando era adolescente y así pasa ahora. Y así viví las canciones de Marauder. Cuando expreso e ilustro una emoción, y esta viene de muy adentro, y la comparto con mis compañeros para hacerla de Interpol, es la euforia de algo nuevo. Y lo que siento cuando va tomando forma es asombroso. No hay nada como eso.

Hay evolución en la vida y en la experiencia, pero ese placer lo he sentido desde niño. Y lo vivo como una necesidad, una necesidad profunda.

Viene por tercera vez a Colombia, cuéntenos de sus experiencias, lo que recuerda y lo que espera de este regreso.

Las dos veces que hemos tocado, el público ha sido tan entusiasta como los públicos más entusiastas que hemos tenido la fortuna de encontrar en el mundo. Colombia ha sido genial.

Además, me emociona tocar festivales: no se sabe qué va a pasar. Entonces, ya sé que amo al público de Colombia y que me emocionan los festivales, y que me emociona tocar frente a bastante y diverso público… pero tendremos que ver qué sucede.

En el pasado tuvimos un día libre en Bogotá, y pude ver a una amigo y caminamos un montón e hice amigos. En mi calendario marco cuando voy a Colombia y la idea es disfrutarlo cuanto sea posible.

Marauder, su sexto álbum de estudio

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