«Dárgelos» Rodríguez, Diego «Uma» Rodríguez, «Uma-T» Tuñón, Diego «Panza» Castellano y Mariano «Roger» Domínguez presentarán 'Discutible' (2018), el más reciente disco de Babasónicos, en Rock al Parque. «Dárgelos» Rodríguez, Diego «Uma» Rodríguez, «Uma-T» Tuñón, Diego «Panza» Castellano y Mariano «Roger» Domínguez presentarán 'Discutible' (2018), el más reciente disco de Babasónicos, en Rock al Parque.

“El rock pone en escena lo que la sociedad ortodoxa tapa”

Este año, los Babasónicos volverán a Bogotá para el cumpleaños número 25 de Rock al Parque, donde presentarán su más reciente álbum, ‘Discutible’. Antes de su llegada, hablamos con su baterista, «Panza» Castellano, sobre sus nuevos sonidos, los límites del rock y la resistencia desde lo 'queer' frente al machismo en la música latinoamericana.

2019/06/19

Por Felipe Sánchez Villarreal

Babasónicos ha sido, desde los noventa, el hijo raro del ‘Nuevo rock argentino’. Casi treinta años después de su primer disco, Pasto (1992), en el que hits como “D-generación” y colaboraciones con faros de esa ola como Gustavo Cerati y Daniel Melero hicieran que ese experimento grungero, cargado de ironía contra su propia generación, tomara un rumbo propio hacia lo que luego se llamaría “rock sónico” un traslape de pop y rocanrrol experimental teñido de grunge, la banda fundada por Adrián «Dárgelos» Rodríguez y Diego «Uma-T» Tuñón ha condensado sus logros en una sentencia: Pocas bandas han logrado que canciones tan incorrectas se conviertan en hits radiales y que estadios enteros, en toda América Latina, canten verdaderas barrabasadas como si se tratara de dulces e inofensivas cancioncitas pop”.

Once álbumes después, como ellos mismos han detectado, de los sonidos más robustos y distorsionados de Trance Zomba (1994), su música se ha depurado, tras un largo romance con el pop, hacia su forma más minimalista: una que cada vez bebe menos del metal o el funk con el que su “rock sónico” se hibridó en los noventa y que, más bien, se ha ido hacia las atmósferas de la electrónica, el synth pop y el techno. Aunque Discutible (2018), su más reciente álbum, no abandona la sarcástica ensoñación romántica de ese pop con el que llegaron al mainstream de discos como Infame (2003) o Anoche (2005), sí se extiende hacia nuevos registros que, con incisivo humor, cuestionan su misma trayectoria (“No se puede sólo desatar el nudo con un estribillo pop / Que lo repetís / Hasta que lo pueden cantar / Un conjunto de orangutanes”, cantan en “La Pregunta”).

Hoy, los Babasónicos, alineados con casi todos sus miembros fundadores («Dárgelos» Rodríguez, su hermano, Diego «Uma» Rodríguez, «Uma-T» Tuñón, Diego «Panza» Castellano y Mariano «Roger» Domínguez), siguen siendo una de las caras imprescindibles de la alternativa latinoamericana. Y, aun habiendo pisado Colombia en numerosas ocasiones, el público parece seguirles dando razones para continuar. Lo ha mostrado la recepción en presentaciones como la de 2004 en Rock al Parque, la del Festival Estéreo Picnic en 2014, la de la presentación de su Romantisísmico (2013) en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo en 2015 o la de 2017, cuando presentaron Desde Adentro - Impuesto de Fe (2015) en Armando Music Hall.

Este año, los Babasónicos volverán a sazonar el cumpleaños número 25 de Rock al Parque, donde presentarán su celebrado Discutible. Antes de su llegada, hablamos con su baterista, «Panza» Castellano, sobre los límites del rock, los sonidos que persiguen en el disco y su abierta resistencia queer frente al machismo de la música latinoamericana.

Para hablar de la trayectoria de la banda, ustedes han dicho que “Babasónicos se ha encargado de desestabilizar al rock argentino desde el mismísimo corazón de la bestia”. ¿A qué se refieren con eso?

Eso es que cuando empezamos veíamos que el rock se repetía en una fórmula que nos parecía ya muy antigua y con la que no nos identificábamos. Nosotros llegamos a romper algunos preconceptos que se tenían de lo que es una banda de rock y de cómo son sus músicos: nos formábamos de una manera totalmente intuitiva, nadie sabía mucho de nada sino que fuimos aprendiendo sobre la marcha, en la calle. Desde siempre valoramos más la actitud o el contenido, lo que teníamos que decir o transmitir, que las fórmulas convencionales del rock.

¿De qué manera recibió esa “ruptura” el público cuando comenzaron en los noventa?

En su momento, con Babasónicos se identificaba un grupo más bien pequeño de gente, gente que estaba en el mundo underground. Era gente muy joven a la que le pasaba lo mismo que a nosotros: una resistencia contra lo que veía y escuchaba de la escena de los ochenta. Empezamos así. Con el tiempo nos volvimos mainstream. Ahora, irónicamente, estamos en la posición de las bandas que antes criticábamos.

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¿Cómo han vivido ese tránsito: pasar del underground a habitar el mainstream?

Ese movimiento ha sido un constante llamado de innovación que ha perdurado en el tiempo. En los 2000 tuvimos un romance con el pop, pero aún en ese mainstream siempre tratamos de no repetirnos, de tener rupturas.

¿Algo de eso tiene que ver con las hibridaciones de rock y pop, de pop y techno, de rock y disco que han venido experimentando en los últimos álbumes?

Creo que eso es lo que nos divierte y es algo que vivimos desde muy chicos, porque nuestros padres tenían discos de todo tipo. Desde siempre escuchábamos cosas variadas, nunca nos encerramos en un estilo o en una tribu urbana. Siento que siempre hemos investigado desde la diversidad la cultura y la contracultura. Las posibilidades son infinitas. El límite lo hemos puesto nosotros: siempre tratamos de reformularnos, de discutirnos a nosotros mismos. Hacemos un disco y luego vemos cosas que cambiaríamos en el disco que va a seguir. Para la generación de música las ideas preconcebidas solo sirven como un disparador. Lo que para mí va quedando son los universos de espontaneidad: eso es lo que termina siendo más sincero. En el último disco sucedió eso: es un disco en el que la génesis de la música fue completamente distinta a la del disco anterior, que había sido un disco acústico, en vivo, que se ensayó mucho. A diferencia de ese, en este no ensayábamos nada, sino que empezamos con una idea primitiva, con una primera impresión, con lo que salía, e íbamos obteniendo pequeños gestos espontáneos que después desarrollamos. En Discutible hay mucho de improvisación.

Hablando de esos ejercicios de improvisación, ¿cómo funcionan esas sesiones creativas de los Babasónicos?

Alguno tiene una idea, se la muestra al resto, el resto toca arriba y eso evoluciona. Poco a poco nos vamos dando cuenta de cómo una idea primitiva va evolucionando. Se trabaja, se borra lo que no va y se vuelve a grabar. En Discutible, en vez de hacer múltiples ensayos, hicimos múltiples grabaciones. El resto apenas fue una síntesis. El concepto de contraste es algo a lo que también apelamos siempre, porque vemos que el mundo nos impacta siempre desde los contrastes. Por eso le damos más preponderancia al silencio, porque queremos un contraste con lo que tocamos. El silencio es el que manda. El silencio es el summum, lo mejor, el nirvana. Si yo pongo sonidos o música tienen que ser mejores que el silencio. Es un postulado utópico que nos surgía: el respeto por el silencio. Pero bueno, a la vez, qué sé yo, entendemos que la música evoluciona, que nos gusta el rock, nos gusta el techno, nos gusta el pop. Nos gusta todo en realidad, pero en general nos gusta cómo dialogan todos los estilos, cómo contrastan con el silencio y bueno, ahí adentro estamos inmersos.

Para intentar definir a qué suena Babasónicos varios usan la categoría “rock sónico”. Si tuvieras que poner en palabras el sonido que lograron en Discutible, ¿cómo lo llamarías?

Discutible sigue teniendo el concepto de “sónico”: siempre es más importante cómo suena algo que cómo se está tocando. Para pensar el concepto de lo “sónico” en el disco hay que partir de su diversidad sonora: pasa del tema “La pregunta”, que es una especie de techno minimalista, a temas más elaborados, temas de rock en los que tocamos todos juntos a la vez, como de la vieja escuela. A eso, por otro lado, se le cuela un tema con cajas de ritmo también muy minimalistas, como “Un Pálpito”, o un tema como “Partícula”, donde intervienen tres o cuatro tipos de ritmos distintos que van evolucionando, en los que la canción nunca se repite: tiene una parte A, una parte B, una parte C, etc. En ese diálogo “sónico” entre diversas estructuras, entre sonidos, entre estilos, se sintetiza un mensaje claro.

Leyendo Discutible en contraste con trabajos de hace más de veinte años como Trance Zomba, ¿qué es lo que se ha transformado de manera más radical en el proyecto?

Más que una transformación, veo esto como una evolución. El cambio más notorio es que ahora cada uno genera un espacio sonoro distinto. Pero más que un cambio lo vería como una evolución que tiene que ver con nuestra capacidad de síntesis. También hoy en día tenemos más ganas de ir a tocar, de hacer shows, que es algo que nos conmueve a nosotros y, por ende, sentimos que va a conmover a la audiencia. Eso es lo principal: queremos que nuestra música nos conmueva y, de ahí, proyectar algo hacia afuera.

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Babasónicos ha cultivado esa conmoción en un gran número de grandes éxitos que la gente pide a gritos: “Putita”, “Pijamas”, “El Colmo”. ¿Cómo han hecho para que esos éxitos no los esclavicen?

El ciclo es que los nuevos temas se transforman a la vez en nuevos clásicos. De hecho, en la lista del nuevo concierto estamos presentando, más que los éxitos, todo el disco nuevo en diálogo con temas muy conocidos de discos pasados. Siempre están los dos impulsos compitiendo, dialogando.

¿Así será la presentación en Rock al Parque?

Sí, estamos presentando todo Discutible en contrapunto con temas relevantes de nuestra carrera. Es una mezcla interesante: la gente que quiere escuchar los clásicos, como “Irresponsable” o “Putita”, pero el objetivo de esta gira es, sobre todo, mostrar disco nuevo. Es un show muy dinámico: no hay temas lentos, es todo arriba. Volvimos a la intensidad.

Se van a presentar en Rock al Parque, un festival en el que muchos espectadores tienen una idea más bien ortodoxa del rock. Mucha gente espera distorsión, metal, rock clásico, pero ustedes suenan ahora a otra cosa. ¿Qué es, en ese sentido, el rock para Babasónicos?

El rock es una sensación motora que a la vez te hace ver las cosas de otra manera. El rock es el camino más directo y rápido que te lleva a una toma de conciencia a través de la diversión. Es curioso, porque la imagen tradicional del rock nos parece casi siempre una pose cómoda: genera un ámbito de confort donde uno hasta se vuelve un poco un demagogo. Nosotros no queremos ser eso. Creemos que el rock es una expresión que supera al formato. Todos tienen una guitarra eléctrica, un Marshall y un pedal de distorsión. Pero eso ya se hizo. Cuando lo consumen tus padres ya no es más rock.

La rebeldía de Babasónicos ha estado anclada, ahora con temas como “Trans-Algo” o el video de “Ingrediente”, a abrazar lo queer, a los sujetos marginales, a los que no caben en la norma. ¿Cómo ven su abierta exploración de temas y estéticas que rodean lo travesti o lo transgénero en contraste con cierto machismo rockero?

Creo que la esencia del rock se basa en eso: poner en escena o poner en el espectáculo lo que la sociedad ortodoxa tapa. La misión es, en últimas, romper con la hipocresía. Sería muy fácil apelar solo a las chicas lindas y a los chicos lindos, los que están en la norma. En el caso del video de “Ingrediente”, si eso hubiera sido así, eso sería un video publicitario. Nos molesta cuando el arte o la música se hace para agradar. Creo que, por el contrario, la función del arte es generar una conciencia. Queremos, con nuestra música, buscar y conmover las conciencias.

Ese objetivo primigenio del rock, lo que llamas “conmover las conciencias”, para muchos artistas se ha vuelto más urgente hoy, con el auge de los movimientos de derecha extrema. ¿Algo de su música quiere ser una respuesta ante este regreso de los nuevos extremismos conservadores a América Latina?

Yo creo que más que política, todo es marketing. Todas las ideas, izquierda o derecha, ya no existen más. Lo único que existe, lo que manda, es el dólar: el dólar y el consumo. Así que la verdad es que estamos muy descreídos de todo movimiento político. Nuestra respuesta va más contra lo que podría llamarse, entre comillas, la “democratización del consumo” y todos los males que eso acarrea. El mundo actual es como una fábrica de pollos. A la gente se le generan deseos que no pueden resolver, sino que solo pueden satisfacer consumiendo. Todo tiene un precio, pero las cosas importantes carecen de valor. Es un mecanismo muy perverso: una tergiversación de la verdad para mostrar solo “una” realidad. Claro, esa única realidad es lo único que le llega a la gente, por la información, la internet, los medios, etc., pero la verdad no la sabe nadie. A nosotros siempre hay algo que no nos cierra entre lo que creemos que es la realidad, o el relato de lo que es la realidad, y la verdad. Somos, nos autodefinimos, como buscadores de esa diferencia. Queremos acortar la diferencia entre la verdad y la realidad que nos cuentan.

Explícame un poco más esa tensión entre verdad y realidad. ¿Cómo se le hace frente a eso desde la música?

La música puede generar un espacio íntimo donde uno puede ver otras cosas. La música puede hacer que entendamos que desde la diversión o el esparcimiento se puede abrir una vía de escape de la realidad tal y como nos la cuentan. Nosotros creemos que rompiendo el relato de la realidad se puede llegar un poco a la búsqueda de la verdad. No creo que lleguemos, pero por lo menos podemos desconfiar de lo que nos cuentan.

El tema de las letras que hablan de los afectos, el amor. Ahora volver a eso en una época en que hay poco, que la gente no siente tanto, ¿es rebelde?

No sé si es que no sientan tanto, pero creo que el tema del amor es un tema irresoluto. Si no, no existirían los poetas. Es como que nadie tiene la verdad, siempre está en boga, en discusión, porque justamente es algo que no se puede resolver. No hay una fórmula para hablar del amor. Eso va evolucionando con las épocas. El tema del amor en un momento lo abordamos fuertemente con Babasónicos. Ahora creo que un poco menos, en el último disco. Nos aburrimos un poco del romance. 

¿Cuál es, entonces, la principal preocupación a la que le hace frente Babasónicos ahora?

Lo que te decía antes: nos preocupa ver cómo un mundo sistemáticamente hipercomunicado, en el que se puede acceder a todo, tiene los mismos problemas de hace siglos. Nos inquieta este mundo, que por un lado evoluciona, pero en el que, por otro, la barbarie está a la vuelta de la esquina.

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