Fotos: Cortesía Festival Centro (FUGA) y Fotos: Cortesía Festival Centro (FUGA) y

Bandas legendarias de Bogotá toman la palabra

En el marco del Festival Centro 2019, ARCADIA entrevistó a los participantes que, con décadas de experiencia a sus espaldas, son los referentes musicales de la capital y del país: 1280 Almas, Ship, la Etnnia y Tequendama.

2019/02/07

Por RevistaArcadia.com

Con ritmos que alternan entre el rock progresivo, el rap y pop experimental, estas cuatro agrupaciones reúnen una nómina excepcional de músicos con amplia trayectoria; quienes, a su paso por los principales escenarios de la capital, con estas bandas o con proyectos anteriores, han sido figuras decisivas en la forma en que se ha escrito la historia musical de la capital en las últimas décadas. A lo largo de los 5 días del evento, los miembros de estas agrupaciones repasaron parte de esta historia.

1280 Almas

1280 Almas interpretó sus clásicos en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán | Foto: Cortesía Festival Centro 2019 (FUGA)

Desde 1992, año de su fundación, las “Almas” han sido la insignias del rock desencantado que engendra una ciudad como Bogotá. Su discografía, desde Háblame de horror (1993) hasta Marteko Euriak (2018), constituye una de las trayectorias que mejor representa el desarrollo de la capital como centro musical del país.

¿Qué significa Bogotá para 1280 Almas?

Fernando del Castillo: Pues donde vivimos. Fácil.

¿Qué influencia ha tenido esta ciudad en su manera de componer e interpretar su música?

Juan Carlos Rojas: Si en algún momento se ha hecho una música con alguna intención de reflejar la realidad, se hizo basada en esta realidad que es Bogotá. No hay manera de evitarlo.  Incluso, a pesar de que hemos intentado hacer fusiones con ritmos diferentes, la música está permeada de Bogotá.

1280 Almas es un clásico indiscutible de la música bogotana. Pocas agrupaciones pueden dar un mejor testimonio de la escena local. ¿Cómo han visto su evolución? ¿Cúal es su estado actual?

Fernando del Castillo: Yo por ahí leí que, cuando uno llega a cierta edad, uno empieza a pensar que todo tiempo pasado era mejor. Probablemente si contestamos esto, lo contestemos en esa tónica. Yo creo que eso es mejor dejarselo a los críticos.

Juan Carlos Rojas: Lo que sí compete hoy en día es que, realmente, no se esperaba que un festival como el Festival Centro creciera tanto. Y eso es muy importante. Eso se debe a las políticas democráticas dentro de un festival. Entre esas, el hecho de que haya mucho tipo de música. Es una “chimba” de festival porque es un barrio al que puede llegar todo el mundo. Hay espacios cobrando y hay espacios gratuitos. Hay toda una franja infantil. Escenarios grandes, escenarios pequeños. Ya es algo masivo. Si uno puede ver algo que haya progresado de alguna manera positiva es el Festival Centro. Y por eso es chévere celebrarlo. Lo peor de todo, creo que dicen, pero yo no tengo memoria. Que hace 10 años, nosotros tocamos en el Festival Centro. Eso quiere decir que cuando comenzó, el festival era muy chiquito. Era tan chiquito que era una risa decir que era un festival. Sin ser peyorativo.

Fernando del Castillo: Para mí, esta es la primera vez que tocamos.

(Los otros integrantes del grupo cuestionan las afirmaciones de Rojas)

Juan Carlos Rojas: Creo que la primera vez que tocamos fue en los sótanos. En los sótanos de la Jiménez, ¿se acuerda? Creo que ese fue el Festival Centro. Yo no sé. Yo no me acuerdo. Pero sí ha habido un crecimiento muy significativo. Porque si uno va a hablar de una vaina más general, uno puede decir que todo va mejor. Aunque, la realidad es que si uno es un grupo emergente, en realidad no hay escenarios, en realidad no hay apoyo, en realidad el público no va. Entonces es peor. Y pues, lo que pasa es que ya hace 10 años ya éramos “grandes”... Bueno, realmente “cuchos”, más que grandes.

¿Y qué le depara a 1280 Almas?

Fernando del Castillo: Pues mientras nuestras enfermedades lo permitan...

Juan Carlos Rojas: Mientras haya un baño cerca…

Fernando del Castillo: Nosotros no vamos en contravía de la escena. Siempre sucede como que la escena va en contravía de nosotros. “¡Uy! Que pereza ser como las Almas”. Y entonces quieren irse como por otro lado. Y algo que me parece muy bien. De hecho, me parece horrible que la gente se empiece a repetir. De hecho la razón por la cual ya no vamos a Rock al Parque, es porque hay que abrirle espacio a bandas nuevas. Y no que estén tocando los mismos manes con las mismas propuestas. Nosotros no sabemos bien si nuestra propuesta está cambiando, o evolucionando o si sigue siendo igual. Tampoco es que tengamos la pretensión de ponernos al frente de alguna vanguardia. Simplemente pensamos que la música da para mucho y que existan muchas bandas siempre va a ser importante y beneficioso.

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Ship

Ship regresa con nuevos integrantes | Foto: Bryan Flórez Olarte

Fundada a principios de los años ochenta, Ship fue una banda pionera de la escena nacional. Que desapareció en 1983 y se reunió en el 2016. Trajeron al panorama nacional los primeros atisbos del rock progresivo. De ahí, que su única producción discográfica Born (1982) sea una de las grandes producciones discográficas de culto en Colombia y uno de los registros más importantes de su género en el país. En 2016, de la mano de dos de sus miembros originales, Jorge Barco y Nacho Pilonieta, nuevos miembros se han unido para revivir el proyecto.

¿Qué significa Bogotá para Ship?

Jorge Barco: Es una meca musical para Colombia. No es solo la capital del país, sino también la capital cultural del país.

Nacho Pilonieta: Es el punto donde se supone donde había, y sigue habiendo más proyección al resto del país.

¿Qué influencia ha tenido la ciudad en su manera de componer e interpretar su música?

Jorge Barco: Definitivamente, el ambiente influye en la composición de los temas. La música de Ship tiene algo de contenido social a través de un mensaje espiritual. Y buscamos siempre lo que hay alrededor.

Nacho Pilonieta: En ese entonces, el sonido que se conseguía para producir musicalmente no era mucho. Afortunadamente donde ensayabamos, tenían, más o menos un buen sonido y nos tocaba de ciudad en ciudad, manejar y viajar con esas moles de sonido para tener una buen apoyo. No había todo lo que hay ahora. Todo era bastante con las uñas. De hecho, en esa época, era un tranque por todos lados, el colegio, la familia, etc. En ese entonces, la lucha era mucho más titánica.

Diego Fernando Torres: Bogotá se mueve a gran velocidad. Y eso influye en las experiencias de las personas. Y eso puede afectar las emociones al momento de componer.

Nahum Alberto Perez Barbosa: Tocamos principalmente rock. Es decir, un género importado. Y en ese entonces, para poder escuchar la música  tocaba importar los discos. Es muy diferente haber crecido como rockeros en una ciudad como Bogotá a querer ser rockeros en un pueblo. Los amigos que uno tiene en otros lugares, tardan mucho más tiempo en consolidar sus proyectos. Las ciudades van a un ritmo y los pueblos a otro.

Conformada a principios de los 80s, Ship conoció el panorama de entonces del rock en la capital. ¿Cómo han cambiado las cosas ahora que se han reunido?

Nacho Pilonieta: El mercado ha cambiado, la música ha cambiado. El auge tan grande que ha tenido el reggaeton. Sin querer desmeritar nada, baja un poco el nivel global de calidad de muchas cosas. Nosotros nos empeñamos en seguir haciendo esto, porque esto es lo que queremos hacer, para el que nos quiera oír. Para el que no, pues que aprenda un poquito. Pero la variedad de música que se está haciendo es inmensa.  El hecho de compartir hoy con artistas tan variados como los de este festival, es realmente algo único.

Jorge Barco: Yo sí lo respeto más. A nosotros nos tocó la explosión del vallenato. En su momento, se vendió nacional e internacionalmente. Ahora, el reggaeton es el género que se está comercializando de momento. Tiene un alcance inmenso, de nivel global y una producción de muy alto nivel. Es decir, futuro hay. Lo que no se sabe es quienes van a ser los protagonistas. Además, a pesar de que hay mucha más infraestructura, mucha más logistica. Inclusive para que lo artistas graben en su propìa casa con muy buena calidad. Pero antes, no había nada, si nosotros no lo haciamos, nadie lo hacia. Antes uno se quemaba tratando de hacer algo en la mayoría de los géneros. Bogotá está promoviendo todos los géneros, el jazz, el rock, el vallenato. Por ejemplo ir a Jazz al Parque es toda una maravilla.

¿Qué lugares de la ciudad han marcado la historia del grupo?

Jorge Barco: Definitivamente, el Teatro Libre, que antes se llama la Comedia es uno de los escenarios legendarios del desarrollo del rock en Colombia. También están la Media Torta y el Jorge Eliécer Gaitán. Yo diría que esos son los tres espacios que aún se conservan. Tristemente, el Teatro Almirante que quedaba en la 85 con 15 quedó demolido. Hoy en día, es un edificio de consultorios médicos.

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La Etnnia

"Toda esa descomposición social la plasmamos con las líricas de un hip-hop contundente". La Etnnia | Foto: Cortesía Festival Centro (FUGA)

Es difícil hablar del rap colombiano sin referirse a la Etnnia. Desde su fundación en 1992, han traído grandes clásicos del género como El ataque del metano y Manicomio 5-27.  Su presencia en el panorama nacional ha definido la forma de componer e interpretar la música urbana en el país.

¿Qué significa Bogotá para la Etnnia?

Bogotá es uno de los epicentros más importantes de nosotros para la inspiración. Bogotá es el reflejo de una sociedad que ha crecido en una balanza muy inequitativa para algunos de los que habitan este gran país.

¿Y específicamente el barrio las Cruces? ¿Qué influencia ha tenido la ciudad en su manera de componer e interpretar su música?

Primero que todo, la Etnnia siempre reflejo lo que veíamos en las Cruces: muchos jóvenes sin oportunidades. Pero también, sabíamos que detrás de todo eso había un contexto histórico muy rico. Allí estalló la primera bomba de gasolina en Colombia, allí nació Jorge Eliécer Gaitán, en el pasado fue un barrio de clase alta. Todas esas cosas siempre han estado, de alguna manera, en nuestras letras.

Así como en la Candelaria, allí se vivieron los inicios de Bogotá. Gran parte de la historia de nuestro país está reflejado en ese territorio. Una historia que, con el pasar del tiempo y la falta de presencia del Estado, se deterioró, se cayó. De ahí surgieron parte de las problemáticas que nos tocaron vivir a nosotros. Digamos, donde queda el parque de las cruces había un riachuelo. En ese riachuelo se bañaban los españoles y los ‘socios’ de Simón Bolívar les daban cuchillo. Y hay una parte que le dicen “el callejón de la muerte”. Que cuando uno era pequeño, se decía “uy, el callejón de la muerte” y eso era por la historia del país, que ha sido sangrienta desde sus comienzos. Desde la colonización, toda esa sangre que se derramó por los españoles ha influido en la sociedad. Y esa es la historia que reflejamos en nuestras canciones, en nuestras letras. Porque eso fue lo que nos tocó vivir. Nosotros escuchábamos los raperos gringos cantando sobre Brooklyn, de Nueva York. ¿Y nosotros cómo vamos a hablar de Nueva York si nosotros vivimos es en Colombia? Quisimos narrar nuestra problemática y de ahí salieron canciones como “La vida en el ghetto”, “Pasaporte sello morgue”. También Sacamos El ataque del metano, y  alcanzamos a sacar parte de la Malicia indígena. Todas son historias que pudimos plasmar en líricas. Toda esa descomposición social la plasmamos con las líricas de un hip-hop contundente.

¿Qué le depara a la Etnnia?

Nos han acusado de “vendidos”. Puede que ya no seamos “underground”. Pero somos los mismos. Solo que tenemos un público más amplio. Si más gente está dispuesta a escucharnos, no hay nada de malo con eso. Con tal de que el mensaje sea bueno, no necesitamos hacer rap “chucuchucu”.

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Tequendama

Alejandro Duque "El Duque" baterista de Tequendama | Foto: Cortesía Festival Centro (FUGA)

Tequendama es un nombre reciente para la escena musical de la ciudad. Sin embargo, sus integrantes son un auténtico collage de algunas de las bandas que, desde los años noventas, han tenido más influencia en el desarrollo de la música colombiana. El grupo está compuesto por el vocalista Amós Piñeros (Catedral y Ultrágeno), el bajista Jota García (Ciegossordomudos y Sonorama), el baterista Alejandro Duque ‘El Duque’ (Aterciopelados, Bajo Tierra y Burning Caravan) y el tecladista Camilo Zúñiga (Zyderal).

¿Qué significa Bogotá para Tequendama?

Amos Piñeros: Bogotá es el lugar donde yo crecí y el lugar que me dio cierta identidad. Donde descubrí muchas de las cosas que me influenciaron. También, el lugar donde sentí que tenía unos gustos firmes y que iba por algún camino. Este es un lugar donde la muerte y la vida están siempre presentes. A veces uno está muy saturado y tiene que ausentarse de ella. Como yo, que estuve casi 15 años fuera. Pero, regrese con la misma avidez con la que me fui de ella. Porque es un lugar donde el caos produce vida y situaciones nuevas. Aquí podemos crear nuevas ramas del fractal de la vida. Por eso siempre me ha parecido interesante estar aquí.

Alejandro Duque: Para mi, que no soy bogotano. Es mi hogar hace ya muchos años. Y nunca me he “desenraizado” de ella. La siento como una gran madre. Por eso, la quiero y la respeto. Es como un constante “masaje interno”. Qué a veces no es tan placentero. A veces duele un poco. Pero donde finalmente se acomodan las piezas. O uno hace el esfuerzo para que esas piezas se acomoden. Y al igual que la vida cambia y se transforma. Bogotá se transforma y cambia radicalmente. Y la amo profundamente.

¿Qué influencia ha tenido la ciudad en su manera de componer e interpretar su música?

Jota García: Llevo muchos años caminando una sabana que está cubierta de concreto. Pero la camino y la camino, ya hace como cuarenta años. Y creo que la música que estamos intentando armar. Es la mùsica que después de tanto de andar, se ha ido cocinando lentamente en el inconsciente de nosotros. Una vez nos reunimos, vimos que: está Alejo que es un baterista potente de rock, está Amos que es un poeta que tiene un montón de cosas para decir, está Camilo que sabe manejar la síntesis de una manera muy actual, y por mi lado, hay una interpretación del bajo muy groovy. Entonces, sabiendo que teníamos todos esos ingredientes, decidimos comenzar el proyecto. Pero me gusta pensar que es la mùsica que me imaginé cuando era chico y que ahora sí, es la ocasión adecuada. Siento que estamos en el camino correcto. En el right path.

Cada uno, en su carrera, ha conocido de primera mano el desarrollo de la música en las últimas tres décadas ¿Cómo han visto la evolución de la música? ¿Cúal es su estado actual? ¿Qué le depara?

Amos Piñeros: Estamos exportando música como nunca y además hemos dado unos saltos cualitativos en materia de técnica, de producción, de industria y de profesionalización. Ahora el mundo tiene los ojos puestos sobre Colombia.

Jota García: Estamos viviendo un proceso. Un proceso en el que Europa, Argentina y México, nos llevan fácilmente treinta años. Pero, desde diez años para acá, la cosa ha ido cambiando. Desde las primeras bandas que era super rústicas. Luego un poco más estructuradas. Y entonces, en los noventa y los dos mil, llegaron esas bandas que creyeron que la cosa folclórica, mezclada con el rock generaba algo. Y ahora, finalmente, está llegando en que ya no es, lo que yo llamo, “rock con alpargata”. Ahora es una “alpargata cósmica”. Ya no es como que uno tiene una banda y le pone “guache”. Ahora, el folclor está metido en el ADN.

¿Qué lugares de la ciudad han marcado la historia del grupo?

Amos Piñeros: Hace cuatro años y medio que regrese a Bogotá y me he afianzado en el centro. He vivido el centro muy intensamente. Entonces, aunque tengo historias regadas por todo Bogotá. Creo que en el centro, y en particular en San Diego ha sido lo que me ha hecho escribir lo que he escrito para Tequendama.

Alejandro Duque: En las canciones de Tequendama se pueden recrear muchas y diversas localidad es de la ciudad. No es una banda del centro, no es una banda de Chapinero, no es una no es una banda del norte, no es una banda del Chicó, no es una banda de la sabana. Es decir, si un recorre las canciones de Tequendama, podría perfectamente recorrer Bogotá de norte a sur y de oriente a occidente.

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