Foto: Cortesía Idartes. Foto: Cortesía Idartes.

Descenso a los infiernos: Rock al Parque desde los ojos de un novato

Nuestro periodista Ricardo Díaz cuenta, desde la sorpresa y la fascinación, cómo fue la experiencia de ir Rock al Parque por primera vez en su vida.

2018/08/20

Por Ricardo Díaz Eljaiek

El descenso: llegada

Desde que uno se baja de Transmilenio en la calle 26 y empieza a recorrer la 63 hacia el Parque Simón Bolívar, se empieza a notar el ambiente rockero que mana del festival. Paulatinamente, los transeúntes que se pierden en nuestra vista lateral empiezan a transformarse en personajes que evidentemente van para el mismo lado. Entre más cerca está uno del parque, más prendas negras lleva la gente. Rockeros caminaban con sus amigos, escuchando música, con sonrisas de emoción y expectativa en sus rostros, abrazándose por encima de los hombros con camaradería. Todos tenían un estilo que parecía caracterizar un género del rock. Una pareja pasó. El chico llevaba una camisa de leñador roja con negra, unos jeans y una gorra que decía kill. Su chica llevaba un vestido negro con chaqueta de denim. Parecían representar el grunge noventero.

Luego pasó un grupo de jóvenes con gabardinas hasta el suelo, algunos taches y cinturones oscuros. Las mujeres iban de vestidos negros con medias veladas, como suele suceder con los góticos. Los metaleros, por otro lado, tenían muchas manifestaciones: hombres de cabellos larguísimos y camisetas de bandas. Otros llevaban chaquetas de denim con sus taches y parches de bandas de metal. Algunos simplemente iban de negro. Las mujeres con los labios pintados de negro y expresiones rudas, pero de emoción a la vez. No faltaron los que pintan sus cabellos de colores llamativos como sucede en el punk y el rock alternativo de la primera década del siglo. Pero además, gente que optó por un estilo más casual, que si no hubieran estado en la fila se habrían confundido con peatones de sábado, esperaban entrar y se veían emocionados. Ya en la fila, los grupos se terminaban los tragos de whisky, ron y aguardiente que escondían en los bolsillos de sus chaquetas. Eran las 3:00 de la tarde, el cielo despejado y el sol incandescente: era hora del inicio de los conciertos.

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El pantano de los iracundos: los escenarios y los conciertos

Desde que se pasan las medidas de seguridad, ya no hay nadie que no pertenezca. Todos están contentos a la espera de las bandas a tocar. A algunos ya se les notaba que estaban pasados de copas. El cielo estaba despejado. El sol intenso de Bogotá caía sobre la banda que recibía a los primeros asistentes en el Escenario Plaza, el más grande de los tres, ubicado en la plazoleta de eventos Parque Metropolitano. Era The Brainwash Machine, una banda bogotana de progressive metal que canta mayormente en inglés.

Los otros dos escenarios estaban ubicados sobre el pasto. El Escenario Lago se ubicó detrás del Plaza y el Eco, el más pequeño, estaba al occidente de los otros. Tears of Misery, otra banda bogotana, abrió el concierto para el escenario Lago, con 45 minutos de death metal. El encargado de abrir el escenario más pequeño fue Vobiscum Lucipher, con algo de raw black metal pastuso.

El escenario Eco tuvo tres presentaciones, de una hora cada una: Vobiscum Lucipher, Skull y Loathsome Faith. El Lago, cuatro: Tears of Misery, Hypoxia, Cattle Decapitation y Suffocation. Finalmente, el escenario Plaza tuvo las siguientes presentaciones: The Brainwash Machine, Ángelus Apátrida, Masacre, en su show de 30 años de actividad, Implosion Brain, Dark Tranquility y Dark Funeral.

Todos los géneros del metal (pronunciado a la española, con el acento prosódico en la última sílaba) tuvieron cabida en el festival Rock al Parque de este año. Una gran cantidad de talento colombiano e internacional. Los asistentes disfrutaron de los conciertos mientras agitaban sus cabezas con violencia, cantaban con pasión, ponían los cuernos del diablo en sus manos, fumaban cigarrillos y otras cosas, bebían cerveza y aguardiente o se iban a dar saltos, puños y patadas en los pogos. Los artistas tocaron canciones sobre nihilismo, pensamiento crítico, venganza, supremacía animal, violencia en Colombia, guerra, crítica religiosa, muerte, desespero, satanismo y muchos otros temas.

Los círculos del infierno: los pogos

Una de las cosas que más llama la atención en un concierto de rock o metal son los pogos, esos remolinos de gente que se forman en la mitad de los conciertos. Cualquiera podría pensar que esto no tiene sentido, que no es más que una manifestación de violencia inspirada por lo pesado de los ritmos. Quizás sea así, pero al estar ahí, al verlos y al entrar en ellos por primera vez, no se puede evitar pensar de otra manera. Todos los prejuicios que se tienen se pueden caer, si los ojos que los miran así lo aceptan.

En primer lugar, la formación del pogo es casi tan misteriosa como su sentido. Pareciera que se formaran de la nada, como si fuera un infierno real. Un grupo de personas están quietas en el centro, mientras un círculo a su alrededor se despeja para dejar pasar hombres y mujeres de todos los tamaños, que corren de acuerdo al ritmo de la música. Cuando las canciones tienen un son melódico, se los ve saltando y dando pasos largos, pero más tranquilos, mientras que cuando se colocan tonadas rápidas y violentas, todos empiezan a correr, dando puños y patadas a todos lados. Es como si estuvieran bailando. Este baile, en el que participan muchas personas, está completamente sincronizado con las canciones que suenan. Tanto es así, que los sonidos de algunas bandas no formaron pogos.

Los que están fuera miran y se encargan de que el círculo no se expanda de manera desordenada. Por otro lado, los que están dentro también están pendientes de la seguridad del pogo, pues cuando alguien se cae, hombre o mujer, se acumulan unos cuantos a su alrededor hasta que lo ubican de pie y puede seguir corriendo y “pogueando”. Quien diga que esto es un desorden sin sentido no se ha detenido a ver cómo funciona, y mucho menos participado de ellos.

Cuando el pogo se detiene, por una canción que se acaba o un ritmo que no lo permite, las caras que salen están ruborizadas, quizás por el éxtasis o el cansancio, los ojos rojos y más de una nariz o boca están manando sangre, muchas veces tras una sonrisa.

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¿Y cómo se siente? Es cierto, no es del todo seguro. Se puede salir golpeado, pateado, arrastrado y ensangrentado. Es una lucha por la supervivencia propia o del grupo con el que vaya uno abrazado. Cada quien vela por sí mismo. La única defensa parece ser el ataque. No es para todos. Pocos minutos pasan cuando ya se siente el cansancio. La euforia se prende. Es el instinto. Todos quieren salir vivos. Todos salen golpeados. Todos quedan con ganas de volver a intentarlo.

Cuando Ángelus Apátrida, en Plaza, se disponía a tocar su penúltima canción, Give’Em War, pidieron que el público hiciera un wall of death (muro de la muerte). Les dijeron a los asistentes que despejaran un pasillo en donde no quedara nadie. Así se formó un rectángulo que iba hasta los extremos en donde empezaba la gradería. La canción empieza con una progresión rápida de guitarra, acompañada por unos golpes de batería. En este momento algunos se lanzaron al centro, pero, cuando la batería empezó su progresión completa para la introducción de la canción, toda la gente que quería participar salió corriendo, formando el pogo más grande de todo el día. Giros y giros se dieron durante esta canción y la siguiente, You Are Next, éxito con el que terminaron su concierto.

El fango de los golosos: otras actividades en el festival

Además de los tres escenarios de rock, el festival cuenta con un espacio para descansar, jugar, competir y comer. 26 emprendedores colocaron sus tiendas de manera oficial en el parque. Entre la mercancía que venían, podían encontrarse camisetas, gorras, ropa rockera para bebés y adultos, arte, cuadernos, tarjetas personalizadas del SITP, discos, impresiones, tulas, billeteras y muchas cosas más. Además, tenía una zona de comidas amplia, zonas de hidratación del Acueducto de Bogotá y espacios para descanso con mesas, divanes y hamacas. También había varios juegos patrocinados por distintas marcas. Domicilios.com llevó una tarima en donde se puede hacer air guitar, que es como si se tocara la guitarra con el aire. Todo Rico ponía a tres personas a competir con un generador de diferentes sonidos. Por otro lado, el festival llevó una batalla de bandas, en donde dos dúos de guitarristas y bateristas competían durante dos minutos de improvisación. Todas estas actividades traían premios para sus participantes y ganadores.

En el círculo más profundo: el cierre del primer día

Las bandas encargadas de cerrar el primer día del festival fueron Dark Tranquility y Dark Funeral, ambas de Suecia. La primera, caracterizada por sus canciones melódicas y temas variados. La segunda, mucho más oscura, trata temas de satanismo. Dark Tranquility tocó a las 7:10 de la noche. A esta hora ya habían terminado las presentaciones en Eco y terminaban las de Lago. Todo el festival venía a reunirse a ver las últimas dos bandas en Plaza. La plazoleta de eventos estaba llena hasta el fondo. Headbang y Metal era lo que había en el ambiente. Un pequeño pogo se formó durante esta presentación. Tocaron éxitos como Encircled, Atoma, Forward Momentum y cerraron con ThereIn, Lost to Apathy y Misery’s Crown.

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Luego vino el turno de Dark Funeral, que le cantó al rey de las tinieblas en más de una ocasión. Una de las cosas que más llama la atención de esta banda es el color que se ponen sus integrantes en el rostro. Se pintan de blanco, con manchas negras de diferentes formas que usualmente rodean los ojos. Los asistentes estaban extasiados. Muchas veces se escuchaban expresiones como “Viva Satán” o “Hail Satan”, que es su versión en alemán, ampliamente usada en el Metal cantado en inglés. No eran todos. De hecho, algunos miraban extrañados a aquellos que se expresaban de esa manera. No obstante, quedaba claro que todos tenían cabida ahí. Todos podían estar. El sonido Black de Dark Funeral sonó durante algo más de una hora, con pocas melodías en los instrumentos, voces guturales y progresiones ultrarrápidas. Uno de los momentos más movidos fue cuando tocaron Open the Gates. Terminaron su presentación, la última de la noche menor luminosidad, con los Atrum Regina, Where Shadows Forever Reign y, después de un pequeño encore, Hail Murder.

La noche acabó con los miembros de Dark Funeral tomándose una foto con todos los asistentes de Rock al Parque, que alzaban sus manos en aplausos o mostrando los cuernos con los dedos.

Regreso a la vida: salida del evento

Una vez terminó de tocar Dark Funeral, las personas se dieron la vuelta y empezaron a salir de manera calmada. Caras cansadas, pero emocionadas, hablaban de lo que acababa de terminar. Las mejores canciones y las mejores presentaciones se escuchaban mencionar. Pequeños gritos de sorpresa. Todo el mundo volvía a sus casas. El sonido del Metal retumbaba en los oídos de todos. La calma del regreso a la noche abierta, callada en ese sector de la ciudad, se parecía a aquella que deja la salida de un cine, cuando se abandona la realidad eufórica de la ficción y se regresa a la vida real. Mientras abandonaba el recinto, cansado y con dolor en todo el cuerpo, no pude evitar pensar que acababa de salir del infierno. Sin embargo, después de escuchar todas las bandas por primera vez en mi vida, indagué sobre qué tal la había pasado. Entonces pensé que si el infierno se trataba de eso, no dudaría en volver en una ocasión diferente y cuantas veces se presentara oportunidad.

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