Fotograma tomado de AHMAD ZAHIR // the documentary film // Kickstarter video.  Bossy Fox Productions y Shabnam Zahir Fotograma tomado de AHMAD ZAHIR // the documentary film // Kickstarter video. Bossy Fox Productions y Shabnam Zahir

Ahmad Zahir: el ‘Elvis afgano' que simboliza tiempos mejores

Por su intemporal carisma y música, los afganos aún ven en Ahmad Zahir al ícono de épocas doradas en las que la cultura primaba sobre la guerra. 40 años después de su muerte, su pueblo lo celebra como el ídolo que en canciones profesó amor y unión.

2019/02/12

Por Revistaarcadia.com

En el mundo actual un hombre con el carisma y talento de Ahmad Zahir hubiera sido una celebridad global, pero sus tiempos proponían otras realidades. Zahir nació para trascender en la memoria colectiva de su país y eso hizo en vida y muerte. Año tras año, miles de afganos de todas partes del país y del mundo se reúnen en su tumba para rendirle tributo pues, como ningún otro artista, borró líneas divisorias entre etnias y pueblos y unió a Afganistán en torno al poema musical, al arte y al amor...

Cuando han ostentado el poder, los talibanes, que en la música ven al enemigo, se han empeñado en destruir su tumba para borrar su legado. Pero a la fecha no les ha sido posible. La tumba regresa, el legado sigue intacto.

A sus atractivos rasgos físicos y personalidad comprometida, el nacido en 1946 sumó un olfato musical experimental y una voz poderosa y sentida. Así se hizo estrella en los años sesenta y setenta en un país que vivía tiempos culturalmente efervescentes impulsados por una radio vibrante. Tiempos diametralmente opuestos a los que hoy retratan los medios. En ese entonces, Kabul, centro cultural del país, recibía el influjo de la moda del mundo y de ella brotaba cultura. Mujeres y hombres bailaban y cantaban, y eso hicieron al ritmo de la música de Zahir hasta que pujas internas y geopolíticas descarrilaron el curso de la historia y condenaron a Afganistán a una violencia todavía presente.

Por eso, 40 años después de morir en extrañas circunstancias, Zahir es venerado en su tierra como un ídolo más relevante que las desgracias, como un ancla eterna a tiempos mejores.

Éxitos y más éxitos que aún suenan en las radios, en los taxis, en los hogares...

De facciones viriles, pelo frondoso y patillas generosas, bendecido con el don del movimiento, del buen gusto y de una voz que movía fibras, Zahir se ganó el apodo de  ‘Elvis’ afgano en la cúspide de su fama. Esto pues, como lo hizo Presley en Estados Unidos, desencadenó una contagiosa fiebre. Congregó a las masas en torno a su música. Rompió paradigmas de lo que esta debía y podía ser y así la llevó a un nuevo lugar.

Hijo de un primer ministro, nacido en cuna de oro, de él ni se esperaba ni se toleraba la idea de emprender una vida en el arte. Su padre se resistió a la idea hasta que presenció de primera mano el impacto que la música que hacía tenía en la gente y el cariño que esta le profesaba. Aún así, no es arriesgado decir que, sin la venia de su progenitor, Ahmad hubiera seguido su obsesión musical. No se doblegó ante las expectativas de nadie.

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Zahir estudió bajo la batuta de músicos tradicionales del folklore afgano y alimentó su arte con viajes, exploraciones y corrientes musicales de los años sesenta que surgían de Estados Unidos, Europa e India. Interiorizó todas sus influencias y estudios y luego arrojó al mundo su propio estilo y revoltijo. En la mayoría de sus temas escogió cantar letras de viejos poetas (entre ellos su favorito, Rumi) en persa. “Ahmad Zahir es una leyenda para todas las generaciones de afganos”, dijo el músico contemporáneo Ahmad Sarmast a la BBC. “Su estilo y sus formas musicales integraron adaptaciones de la música india, también formas de la música occidental con hermosa poesía e influencia fuerte de la música folclórica. E incluyó en todo un sentido de la responsabilidad social… Por esa variedad, todos se pueden identificar y encontrarse en Ahmad Zahir”.

En efecto, todo un pueblo se une en torno a su figura. Esa es la razón que impulsó al documentalista Sam French a aliarse con la hija de Zahir. Con material inédito y archivo fotográfico fantástico explorarán la vida, la obra y los tiempos cambiantes de Ahmad Zahir en un documental para el cuál venían recogiendo fondos. La campaña de kickstarter sigue viva, este es su tráiler. 

Tráiler de AHMAD ZAHIR // the documentary film // Kickstarter video from Bossy Fox Productions. Ya superó su meta de 50.000 dólares, pero sigue recaudando.

En 1973, cuando el voz a voz ya había propagado su música y leyenda por todo el país, lanzó su primer disco, Dilak Am. Tristemente, ese año también marcó el comienzo de una inestabilidad política marcada por golpes de estado y fuertes injerencias externas. El artista no temió apoyar lo que creía que valía la pena (tratar de liberarse del puño soviético) y denunciar lo que consideraba promesas incumplidas de gobiernos títeres. Y cuando fue evidente que en sus letras transmitían un sentir de resistencia, los poderes soviéticos censuraron su música.

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Su muerte es un misterio... de puertas para afuera. La versión oficial dice que el 14 de junio de 1979, día de su cumpleaños 33 y del nacimiento de su hija Shabnam, un accidente de auto le costó la vida. Dentro de su país, sus seguidores no dudan en decir que el régimen comunista lo emboscó, le disparó, lo mató. Otras teorías apuntan a un padre de familia que, enojado con Zahir pues había enamorado a su hija, le quitó la vida.

Como ha sucedido en todos los aniversarios, afganos que viven fuera de su país volverán a Kabul el próximo 14 de junio. Volverán no para votar, no para hacer de su país un lugar mejor, solo para rendirle tributo al verdadero símbolo de una Afganistán que hoy parece inimaginable: cultural y festiva a pesar de las diferencias.

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