David Fricke. Crédito: Pilar Mejía. David Fricke. Crédito: Pilar Mejía.

“La música cambia a las personas y luego las personas cambian al mundo”: David Fricke

El editor senior de la revista 'Rolling Stone' visita por primera vez Colombia. El 23 de febrero a las 5:00 p.m. dará una charla sobre periodismo musical en la Universidad de los Andes. Conversamos con él antes de la presentación sobre la música y el mundo editorial.

2018/02/23

Por Laura Ospina

David Fricke tiene alrededor de 65 años. Es alto, delgado, lleva gafas, pelo largo y una sonrisa grande. Tiene el aspecto de un hombre detenido en el tiempo. Fricke lleva 35 años llenando las páginas de la revista Rolling Stone con reseñas y entrevistas, escribiendo sobre la música de estrellas de rock como The Rolling Stones, The Velvet Underground y Jimi Hendrix, tres bandas que lo motivaron a convertirse en periodista.

En 1968, Fricke asistió a su primer concierto: era de Pink Floyd, luego de que David Gilmour reemplazara al compositor Syd Barrett. La banda tocó canciones como Astronomy Domine y Lucifer Sam. En 1979, más de diez años después, Fricke escribió por primera vez para Rolling Stone: una reseña sobre Frank Zappa y su álbum poshippie Sheik Yerbouti. En 1985 su entrevista con Mark Knopfler de Dire Straits salió en portada. 

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Es crítico, historiador, coleccionista de vinilos, periodista y el editor senior a nivel global de una de las revistas de música más importantes del mundo. No es artista, pero es uno de los personajes con más influencia en la escena musical. Fue el último periodista que entrevistó a Kurt Cobain, pero también ha hablado con Patti Smith, Duff McKagan, U2 y Scott Weiland, entre muchísimos otros. Sus escritos han acompañado los álbumes de bandas como Metallica, Led Zeppelin, Nirvana y AC/DC. Y, aunque no lo menciona mucho, defiende y exalta la música de Oasis.

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Este año, Fricke llegó a Colombia por primera vez para dar una charla sobre periodismo musical en la Universidad de los Andes, el 23 de febrero a las 5:00 p.m. Hablamos con él sobre el impacto de la música en el mundo, el cubrimiento actual del tema y los cambios que ha visto en el campo editorial de la industria musical.

Usted lleva muchos años en la parte editorial de la industria musical. ¿Cómo ve el cubrimiento periodístico actual de la música?

Como escritor y periodista, uno de los cambios que veo es que los periodistas no hacen la investigación necesaria antes de abordar a la fuente. Si alguien entrevista a un personaje y le dice “Cuénteme sobre su nuevo álbum”, no está haciendo una pregunta, sino solicitando que hagan la tarea por usted.

Hay que escuchar, ver qué más se ha hecho, no creer en toda la información de Wikipedia porque datos tan sencillos como la fecha o lugar de nacimiento pueden estar mal. Soy coleccionista y puedo darme cuenta cuando hay o no información imprecisa y ninguna plataforma, ni siquiera Spotify tiene las referencias y los catálogos completos. El periodismo musical, como todo periodismo, significa hacer reportería. Hay que hacer el trabajo completo y por adelantado para poder juzgar y hacer crítica cuando se escuche alguna canción. La gente espera que los boletines de prensa les lleguen sin tener en cuenta que la información que es enviada es la que otras personas desean que tenga el reportero.

Ahora es más complejo porque el acceso a la industria y a la música en general es más organizado y restringido en el sentido que solo hay 20 minutos para hacer una entrevista, cuando en mi época el reportero se podía ir una semana de gira con la banda. Eso enriquecía la conversación. Pero, en las condiciones actuales, 20 minutos no son suficientes para conocer la propuesta musical de alguien. Es necesario, al menos, sacar lo mejor de ese tiempo, y eso se hace a través de claridad y reportería. Las palabras son sagradas, no pueden ser usadas y cometer errores con ellas.

Pero uno de los aspectos positivos es la democratización de la palabra y la opinión, de publicar y ser leído en otros formatos. Sin embargo, entre más oportunidades hay para sacar una nota, también aumentan las personas que desperdician esas posibilidades. Si usted tiene una oportunidad, úsela para bien, para el futuro, para el presente. Muchas personas olvidan que hacer periodismo no se trata de la persona que ejerce la profesión, sino del trabajo que están haciendo con las historias de los otros.

¿Qué diferencia hay entre la escena musical de antes y la de ahora?

Una de las cosas que son realmente diferentes es que para los músicos hoy resulta más difícil hacer música y vivir de ella. La gente no quiere pagar por discos. Entonces los artistas quieren estar en la televisión, en el cine y en los comerciales para poder sobrevivir y eso hace que un músico no pueda ser tan devoto a su arte como tal vez quisiera.

Varias veces ha hablado de cómo la música le cambió a usted la vida. ¿Cómo ha visto que la música ha cambiado el mundo?

La música, sea el género que sea, es un acto, una expresión que habla de lo que las personas que hacen esa música han vivido y lo que quieren inspirar. Si miramos cada década, la música ha cambiado el lenguaje de cómo expresarse y las historias que pueden ser contadas.

Antes, como en 1930, había compositores que se dedicaban exclusivamente a eso y luego se las daban a los cantantes. Pero, cuando los cantantes empezaron a escribir sus propias canciones, ellos se convirtieron en las voces y en las historias mismas de las canciones, y esa fue una diferencia profunda.

A partir de ahí se crearon canciones como las que hablaban de la vida de los afroamericanos en la década 1970. Entonces, la música se convirtió en la posibilidad de no solo mostrar lo que realmente estaba pasando, sino de ser el primer paso para el cambio. Lo he dicho varias veces: la música transforma a la gente y luego la gente cambia el mundo. Una canción puede servir de inspiración para que alguien tome una postura, y que se vea reflejada en las elecciones, la forma de protestar o la manera en la que trabaja y se relaciona con su comunidad.

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¿Qué artista prometedor tiene en el radar en este momento?

Su nombre es Nathaniel Rateliff y su banda se llama The Night Sweats. Es de Denver, Colorado, crean sonidos vintage, soul, rhythm y blues. Están escribiendo canciones originales, sobre la vida, las relaciones, batallar con el alcohol y seguir con la vida. Sus historias son interesantes y las está contando a través de ritmos clásicos. Es brillante, y dentro de dos semanas saldrá su nuevo disco.

Alguna vez mencionó que escuchaba canciones de otros países para acercarse a su cultura. ¿Qué le dicen las canciones de los artistas colombianos sobre la cultura de este país?

Es un lugar muy complejo porque es como si existieran pequeños países dentro del territorio colombiano. Cartagena es muy distinta a Bogotá, y así sucesivamente. Dependiendo de las regiones cambian las canciones, los estilos y las historias. No es lo mismo hablar con Carlos Vives sobre el vallenato, o con Juanes sobre cómo su folclor impacta su música, o con Diamante Eléctrico y sus influencias de rock y funk. Estoy aprendiendo que no existe el ‘estilo colombiano’ sino muchos estilos colombianos.

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¿Qué ve reflejado en lo que pasó en los Grammy este año: cuando al presidente de los premios, Neil Portnow , le preguntaron sobre la ausencia femenina en los ganadores de los premios y en la industria en general, comentó que las mujeres "deben hacer un esfuerzo adicional y elevar su juego"?

Los Grammy no me interesan mucho porque no hablan de la música que yo escucho. Pero hay que tener en cuenta que, aunque este evento representa la industria musical, no representa todo el universo que es la música y hay que aprender a separar eso. Pero, definitivamente ese comentario no fue acertado ni inteligente. Lo que demuestra es que quien lo dijo no cayó en cuenta de lo que decía, y eso muestra cómo muchísimas personas en la industria tampoco se están dando cuenta ni están pensando en el papel de la mujer en la escena musical comercial. Y estoy seguro que eso también pasa en la industria editorial. Debería haber más mujeres en todos los campos.

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