Fragmento de la ilustración de carátula de 'Ghosteen', de Nick Cave & The Bad Seeds. Fragmento de la ilustración de carátula de 'Ghosteen', de Nick Cave & The Bad Seeds.

‘Ghosteen’, de Nick Cave & The Bad Seeds: encarando la muerte a través de la música

Lanzado el pasado 4 de octubre a través de plataformas digitales, 'Ghosteen' es el decimoséptimo trabajo de estudio de Nick Cave & The Bad Seeds, una agrupación que ha transitado por una extensa variedad de estilos y sonoridades y que en este disco deja ver de nuevo su costado más trascendental y minimalista.

2019/10/25

Por David Martínez Houghton*

A pesar de que en nuestro país la recepción de la obra de Nick Cave & The Bad Seeds se ha reducido a pequeños cultos, su presencia ubicua en el soundtrack de la serie Peaky Blinders o las versiones de sus temas hechas por agrupaciones y artistas como Metallica, Johnny Cash, P. J. Harvey o Iggy Pop son apenas indicios de su importancia cultural. A lo largo de sus cuarenta años de actividad artística, el músico, escritor e intérprete australiano Nick Cave ha construido una imagen, dual pero no contradictoria, que lo ha posicionado como una de las figuras más enigmáticas y reverenciadas de la cultura pop. Por un lado, se ha erigido como profeta gótico del blues que escribe canciones ruidosas o decadentes sobre ex-convictos, pistoleros, almas rotas por el amor y toda clase de outsiders sedientos de redención. Por otro lado, un artista que, a través de delicadas composiciones, explora los abismos del dolor, la pérdida y la soledad. Ambos extremos unidos por una incansable búsqueda artística que ha sido el eje para crear su amplio catálogo, desde sus inicios como genio del noise y el post punk con su primera banda, The Birthday Party, pasando por su singular aproximación a la mitología del sur de los Estados Unidos, a los temas bíblicos y a las tradiciones del country y el blues en su primera etapa junto a los Bad Seeds, hasta llegar a su imagen de crooner maduro y consagrado que sacude el mundo del rock con cada uno de sus discos. 

Con el lanzamiento de su último trabajo de estudio, Ghosteen, Nick Cave y su banda The Bad Seeds ratifican una vez más su carácter innovador. Concebido como la última entrega de una trilogía compuesta por Push the Sky Away (2013) y Skeleton Tree (2016), este disco continúa la exploración del sonido ambient y el uso de sintetizadores, algo inusual en esta agrupación que se ha decantado casi siempre por un formato instrumental más ligado al rock. No obstante, este ambient que propone Ghosteen no es una invitación a navegar por sofisticadas y tranquilas atmósferas. Se trata de un espacio sonoro que, sin ser decadente, es de una belleza desoladora. Las melodías de piano que acompañan en ocasiones la voz profunda de Cave, contribuyen ampliamente a crear esas texturas sonoras mínimas, delicadas y melancólicas que produce Warren Ellis, director musical de los Bad Seeds y responsable de buena parte de la evolución de la banda desde su llegada en 1994.

En el plano lírico, como era de esperarse de un poeta que atraviesa por un periodo de duelo, es posible encontrarse con motivos que van de la inminencia de la muerte hasta la aceptación de la pérdida como parte fundamental de la existencia, esta vez con un enfoque surrealista evidente en temas como “Bright Horses”, “Galleon Ship” y “Ghosteen Speaks”, llenos de criaturas fantásticas y escenarios a medio camino entre lo terrenal y lo divino. Al respecto, algunos críticos y fanáticos han señalado la influencia de C. S. Lewis en su libro A Grief Observed (1960), una serie de reflexiones del autor acerca de la muerte de su esposa. Frente a este cambio de enfoque en la escritura, que muestra un abandono de su habitual estilo narrativo, el propio Cave expresa en sus Red Hand Files: “The idea that we live life in a straight line, like a story, seems to me to be increasingly absurd and, more than anything, a kind of intellectual convenience […] There is a pure heart, but all around it is chaos”. En la propuesta lírica de este disco subyace, entonces, una idea de trascendencia, de posibilidad de encontrar sentido ante lo desconocido, de poder conectarse afirmativamente con el misterio que encarna la muerte de aquellos que amamos. En lo que parece ser un intento desesperado por comprender quién es frente a la grandeza e inminencia de lo desconocido, en el tema “Fireflies” escuchamos a Cave cantando:  “We are partial to this partial light/ We cannot sleep and fear our dreams/ There is no order here, nothing can be planned/ We are fireflies trapped in a little boy‘s hand/ And everything is distant as the stars/ And I am here and you are where you are”. 

En Ghosteen asistimos a la transformación de un hombre que acaba de perder a uno de sus hijos y, motivado por el dolor, trata de conjurar su ausencia a través de la música y la relación con su público. Esa es quizá una de las razones por las que el disco parece menos un ejercicio de ego y más un intento por conectarse con cuestiones metafísicas. No es gratuito que su más reciente gira, llamada Conversations with Nick Cave, haya desarrollado una estructura de pregunta respuesta en la que el público pudo interactuar directamente con el músico en el intermedio de las canciones. Tampoco es coincidencia que su proyecto digital más innovador sea el ya mencionado The Red Hand Files, un blog en el que sus seguidores hacen todo tipo de preguntas, que son respondidas por el propio Cave de forma extensa, lúcida y sincera. Precisamente en una de estas elaboradas respuestas, Cave expresó que su reciente pérdida lo llevó a “see people in a different way”, dándole “a deep feeling toward other people and an absolute understanding of their suffering”. El resultado de este giro de consciencia es un disco que expresa un anhelo de redención, de encontrar el camino a un estado de gracia, evidente en cada una de sus canciones e incluso en la carátula, una pintura del artista británico Tom duBois que evoca una escena bucólica con aires muy kitsch, al mejor estilo de las publicaciones de los Testigos de Jehová. 

Celebrado de forma casi unánime por la crítica, Ghosteen se ubica desde ya en la línea de otra obra maestra de la banda como The Boatman‘s Call (1997), que también contiene algunas de las más hermosas canciones de este artista, quizá uno de los más importantes compositores y escritores de la música contemporánea. Ghosteen es, finalmente, una oportunidad perfecta para empezar a introducirse en el universo de esta banda y su figura central, a veces macabro, a veces melancólico, a veces romántico.

Ghosteen
Nick Cave & The Bad Seeds
Ghosteen ltd. / Bad Seed
2019

*Profesor de la cátedra de Música y cultura de masas, realizador en Uninorte FM Estéreo 103,1 y coordinador del taller Lado E en la Universidad del Norte (Barranquilla).

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