Julieth Lozano nació en Bogotá en 1992. Crédito: Wilfredo Amaya.

Lo mejor del canto lírico suena en Cartagena

Hablamos con Julieth Lozano, la prometedora soprano nacional que llegó a la ópera “por casualidad”, sobre Mozart en bikini, el canto lírico en Colombia y el futuro del género.

2018/01/13

Por Ana Gutiérrez

Un aristócrata lascivo seduce a una joven campesina comprometida, prometiéndole que la llevará a un lugar lejano y se casará con ella. Así es Là ci darem la mano, una de las piezas más conocidas de Don Giovanni de Wolfgang Amadeus Mozart. El compositor austriaco es uno de los tres que articulan el Festival Internacional de Música Clásica de Cartagena de este año, por lo cual celebró un concierto dedicado a las óperas italianas de Mozart en el famoso Teatro Adolfo Mejía de la ciudad el 12 de enero. Antes de que empezara el evento, el musicólogo italiano Giovanni Bietti dio una breve conferencia sobre Las bodas de Fígaro (1786), Don Giovanni (1787) y Così fan tutte (1790), las tres obras que compuso Mozart con el libretista Lorenzo Da Ponte, utilizando Là ci darem la mano para ejemplarizar la elegante complejidad con la que Mozart creó sus obras. La soprano colombiana Julieth Lozano, una bogotana de 26 años, cantó el papel femenino de la pieza. La joven promesa del género habló con Arcadia antes del concierto.

El concierto del 12 es un recorrido por las famosas óperas italianas de Mozart, incluyendo quizás una de sus piezas más famosas: Là ci darem la mano, el dueto de Don Giovanni que usted va a cantar junto al barítono italiano Gabriele Nani. ¿Nos cuenta un poco sobre el programa?

En el teatro se van a hacer varias piezas, algunas son de Las bodas de Fígaro, otras son de Così fan tutte y, claro, de Don Giovanni también. Tenemos como cuatro o cinco arias y luego ensambles. Là ci darem la mano a mí me divierte un montón, todas las veces que la he hecho cambia, depende la propuesta del actor y cantante que esté al lado tuyo. Mi personaje, Zerlina, siempre tiene que acabar conquistado por el barítono, Don Giovanni. Ya uno decide que tan conquistado o no, pero igual al final ella se rinde ante él. Esta vez lo estoy haciendo con Gabriele Nani, que me parece que tiene muy claro su personaje, pero su Don Giovanni es bastante más sobrio, con la mirada nada más te va seduciendo. El resto de los ensambles son más grandes entonces somos seis los que vamos a cantar Alla bella Despinetta de Così que también es una de mis favoritas porque es pura comedia. Incluso la última aria que vamos a hacer, que es de Don Giovanni, a pesar de que no es tan cómica igual tiene un mensaje alegre al final. Todos los números son para que la gente se divierta.

Hablemos un poco más de la manera en que cambian los personajes en cada interpretación de la misma ópera, incluso estas que tienen cientos de años. ¿Cómo construye cada representación?

Ahí es dónde viene la importancia de un director escénico. En este caso, como es un recital, no tenemos un director como tal escénico y cae la responsabilidad en nosotros. Tenemos que tomar decisiones en cuanto a qué tipo de personaje queremos ser y dónde nos queremos parar en el escenario. En cuanto a Zerlina como tal, he hecho el papel unas tres o cuatro veces y cada vez es distinto. Cómo actor pienso que tienes que recibir la propuesta del otro. Y partir de lo que la otra persona te entrega tú también puedes negociar. 

Wagner decía que la ópera era una obra de arte total, en la medida que integra varias formas de arte. Los papeles requieren tanto de actuación como de canto, ¿cómo hace para balancearlas?

También pienso que depende del intérprete. A mí me encanta actuar y me parece que es una de las partes más importantes de lo que nosotros hacemos. Por supuesto la música tiene que estar en un alto nivel, pero personalmente me aburro un poco cuando hay cantantes que solo cantan bien pero que no se meten en el personaje. La actuación tiene que estar al mismo nivel de la calidad musical. Tú tienes que ser capaz de ofrecer calidad en la totalidad del arte operático.

A mí las voces que más me llegan al alma son las más dramáticas, las que pueden inyectar en su canto la emoción, que puedes escuchar algo más allá que solo notas bonitas. No sé cómo describirlo, es como el factor X, que no todos tienen pero cuando lo escuchas lo sabes.

¿Cuánto pesa la tradición a la hora de interpretar una obra de Mozart? ¿Mira otras interpretaciones o prefiere no ver cómo lo han hecho otros?

Yo miro muchas producciones y trato de aprender sobre qué está pasando en este momento con la ópera en todas partes del mundo. Quiero mantenerme al tanto del nivel de dirección de escena para saber qué retos voy a tener que vivir en un futuro. Obviamente está la típica producción en vestuario de época con los vestido gigantes pero también está otra, por ejemplo pueden decidir hacerla en una playa entonces tienes que estar en un bikini y tienes que estar lista para eso. Suena un poquito feo, pero la ópera es un arte como de museo. Si no lo renovamos o si no lo acercamos a lo que vivimos ahora nosotros se queda allá lejos y uno siente que no lo puede tocar. Pero las historias son cercanas a cualquier momento. Son romances, con celos y todo, que hablan de lo que vivimos hoy, mañana y en diez años, en cien años. Por eso se ha mantenido vivo. Sin embargo si se queda en la típica producción tradicional se aleja del público.

Este es su cuarto año en el Festival Internacional de Música de Cartagena. Primero fue becaria, luego joven talento y el año pasado fue una de las voces de una gran producción de Las bodas de Fígaro. Entre eso y trabajar en lugares como Londres, ¿cómo ha visto la evolución de la ópera en Colombia?

La situación de ahora, hablando de Bogotá específicamente que es dónde yo vivo, ha cambiado de una forma impresionante. Recuerdo que hace cuatro o cinco años había uno o máximo dos montajes al año. Este año y el que viene hay muchísimos y paralelos: la Filarmónica está haciendo uno, también la Sinfónica, el Teatro Mayor y más. Sin embargo la propuesta sigue sin ser suficientemente llamativa para que todos nos quedemos en Colombia y podamos hacer una carrera en el país. Yo desde que estoy afuera siento que mi cabeza se ha abierto en lo que yo esperaba ver. Todavía me impresiona que en Londres tú puedes ir a la semana a tres óperas y eso es solo en la casa de ópera grande. Hay mucha oferta cultural.

¿Cómo llegó a ser cantante de ópera?

Fue casualidad. Yo estaba estudiando ingeniera industrial en la Javeriana y a mí me gustaba la música pero yo era instrumentista y me daba miedo cantar. Pero conocí a alguien que se volvió intenso conmigo, me repitió "tu cantas, tú tienes una voz bonita" hasta que decidí estudiar un poquito para ver. Me metí a la academia Calvo a estudiar música tradicional colombiana, me encantaban los bambucos pero por alguna razón la voz no me daba para cantarlos. Me dije a mi misma “la Javeriana tiene doble programa, allá deben saber cómo enseñarle a uno”. Yo no me di cuenta que cuando estaba haciendo el ingreso me metí en el programa que era para canto lírico. Ahí me mostraron mi primera ópera, a los 19 años, y me dijeron “esto es lo que estás estudiando”. La escuché y quedé enamorada. Era El elixir de amor de Donizetti, con Anna Netrebko y Rolando Villazón que son unos actorazos. La vi y pensé que era lo máximo, que era como los olímpicos del canto y que si podía aprender eso podía cantar lo que quisiera. 

Para terminar, en cuanto a la ópera, ¿drama o comedia?

Yo prefiero hacer comedia. Me parece una de las cosas más difíciles para hacer, el drama también es duro pero la comedia tiene que ser muy precisa porque si te pasas un momentito te tiras el chiste. Ya la gente no le entiende o no se ríe. Para hacerla el elenco tiene que ser un equipo que funciona perfectamente, como un reloj. Pero para ver yo diría que el drama. A mí no me gusta cantar cosas dramáticas porque todavía me afecta demasiado y es cómo cuando uno está llorando, se me sube la voz como si tuviera algo en la garganta. Entonces no es tan chévere para cantar, por lo menos en este momento. Pero me encanta ver ópera dramática porque la voz en esas cosas tan dramáticas se vuelve tan visceral que es como si esa persona estuviera dejando el corazón ahí.

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