New Order en vivo. De izquierda a derecha, Gillian Gilbert, Bernard Sumner, Peter Hook y Stephen Morris. Foto: www.neworder.com New Order en vivo. De izquierda a derecha, Gillian Gilbert, Bernard Sumner, Peter Hook y Stephen Morris. Foto: www.neworder.com

'Low-Life' de New Order, sobreviviendo a la obra maestra

El tercer álbum de la agrupación de Manchester cumple 35 años y en él respondieron al desafío de continuar sus carreras aún con el éxito de su emblemática ‘Blue Monday’ a cuestas.

2020/05/13

Por RevistaArcadia.com

La película 24 Hour Party People (Michael Winterbottom, 2001) narra el ascenso y la caída de la discográfica independiente Factory Records y de sus bandas más importantes, Joy Division, New Order, The Durutti Column o Happy Mondays. 

Cuando llega el momento de hablar de New Order, el personaje de Tony Wilson (interpretado por Steve Coogan) narra claramente que ninguna banda sobrevive a la muerte de su cantante. Lo dice en referencia al suicidiodel cantante Ian Curtis, en 1980, que precipitó el final de Joy Division.

Nadie esperaba que New Order, la banda formada por los miembros sobrevivientes, triunfara. No con Bernard Sumner en la voz (además de su rol de guitarrista) ni sumando a Gillian Gilbert en los teclados.

Cinco años más tarde ya habían demostrado de lo que eran capaces. Tras un debut todavía muy influido por su encarnación previa como fue Movement (Factory, 1981), el éxito de su sencillo Blue Monday y las buenas ventas del LP Power, Corruption & Lies (Factory, 1983) se hicieron con un nombre propio. Aprovechando las lecciones del post-punk en las líneas de bajo de Peter Hook, ahora New Order mezclaba synthpop y ritmos post-disco, ofreciendo un repertorio bailable y a la vez lleno de melancolía.

Durante ese periodo, que podríamos considerar formativo, la banda asume directamente las riendas de la producción tras sentir que el encargado de la consola durante los años de Joy Division, Martin Hannett, se había vuelto un lastre creativo.

Al mismo tiempo, comienzan a trabajar produciendo para otras bandas de Factory, como Section 25 o Happy Mondays, adquiriendo una mayor experiencia sobre el manejo de las consolas y entendiendo mejor lo que funciona y no funciona en una grabación. De este modo, y con la expectativa de la prensa sobre cómo sobrevivirán ahora al sorpresivo éxito de Blue Monday, los New Order encaran la grabación de su tercera placa, Low-Life.

De algún modo, en ese punto comenzaron a dejar de lado las típicas reservas y dudas de una banda (especialmente forjada en el mundo indie) sobre hacer ciertas cosas por temor a “ser demasiado comerciales”. Un ejemplo particular de esa apertura es Love Vigilantes, la primera canción. Aparentemente comenzó como una idea de Stephen Morris, quien secretamente admiraba artistas más orientados al country rock como The Flying Burrito Brothers o Kenny Rogers. Al parecer la idea de hacer una canción tipo romance de telenovela gustó al resto de la banda, y detalles como la armónica que da la melodía establecen ese peculiar vínculo.

Pero, por encima de cualquier consideración, con Low-Life comienzan a pulir esa fórmula descubierta del synthpop melancólico y bailable que explotarán a partir de entonces. Lo dejan ver en temas como los sencillos The Perfect Kiss, Sub-culture y This Time Of Night: teclados bien marcados, la voz tristona de Sumner y el bajo de Hook que, en un momento donde el propio synthpop se volvía predecible, todavía se ofrecía vibrante e innovador. Ese proceso de pulir la fórmula se aplica también a canciones un poco menos frenéticas como Sooner Than You Think o Face Up.

Y tal vez esa tendencia facilista en el synthpop explica que, en un afán de no renunciar plenamente a sus raíces punk, a lo largo del LP añaden rasgueos de guitarras que van y vienen. Los presentes en Love Vigilantes o Sunrise y los que suman al inquietante instrumental Elegia comprueban que, lejos de un conflicto de estilos entre lo orgánico y lo sintético, incorporaban naturalmente ambos en su repertorio.

Ese espíritu rebelde siguió presente incluso en la portada, que corrió a cargo de Peter Saville. En principio se puede ver el rostro del baterista Stephen Morris, que desmitifica la idea clásica de que los miembros o “el rostro de la banda” aparezcan en la portada. Además, por esos días no eran mucho de dar entrevistas o de ser fotografiados. Así pues, esa portada fue de las primeras imágenes de difusión a gran escala del grupo fuera de sus conciertos o sus presentaciones en el show de televisión inglés Top Of The Pops.

La canción más destacada del álbum es, sin duda, The Perfect Kiss, de la cual se rumoró en su tiempo que hablaba maliciosamente sobre la masturbación. La memorable melodía del bajo de Hook se alterna con ruidos de sapos aportados por Gillian Gilbert, que aparecen en la versión de estudio pero se aprecian incluso mejor en el video promocional, dirigido por Jonathan Demme. En este clip se les ve a los cuatro miembros interpretando una versión extendida del tema en los estudios Cheetam Hill, donde se compuso y grabó el álbum. Y vale destacar el acertado cencerro (cowbell) a cargo de Sumner. Originalmente la idea del grupo era incluirla en toda su extensión en el LP, pero por petición de su distribuidora en Estados Unidos debieron acortarla para poder promoverla como sencillo.

Con Low-Life inició el camino que durante el siguiente lustro le dio a la banda de Manchester algunos de sus mejores momentos, comercial y creativamente. Mejor compenetrados que nunca, demostraron que lo conseguido en años anteriores con Blue Monday o Temptation podía tener continuidad. Era el primer paso para la transición entre las rebeliones iniciadas por la new wave de inicios de los ochentas con peinados raros, maquillaje, sintetizadores y videos locos; y las también particulares rebeliones que en los noventas rescataron la introspección y la pasión que, con variaciones, se encargaron de definir.

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