'Candela', el tercer álbum de estudio del músico dominicano, fue lanzado a comienzos de este año. Foto: Cortesía Sony Music. 'Candela', el tercer álbum de estudio del músico dominicano, fue lanzado a comienzos de este año. Foto: Cortesía Sony Music.

“Me interesa que no se pierda la diversidad rítmica del mundo”

El cantautor dominicano Vicente García lleva años explorando los sonidos y las culturas del Caribe para articular una propuesta musical que ha explorado desde ‘funk’ hasta el merengue. Con motivo del lanzamiento de ‘Candela’, su más reciente álbum, hablamos con él.

2019/05/23

Por Cristina Esguerra

Para Vicente García, el Caribe es un lugar que recibe la cultura del mundo y la sincretiza. Él hace lo mismo. El cantautor dominicano lleva años explorando los sonidos y las culturas que ponen ritmo y llenan de alma la música de su país y del Caribe. De ahí surgieron sus discos Melodrama (2011), A la Mar (2016) con el que ganó tres Grammy Latinos y, este año, Candela (2019). Con motivo del lanzamiento de este último, ARCADIA se sentó con el cantautor dominicano para hablar sobre su proceso creativo, el estilo de merengue que propone en Candela, y la libertad artística que lo caracteriza y lo ha llevado del metal y el funk al R&B, la bachata y el merengue.

Cuéntenos qué pasó cuando comenzó a investigar la música y las culturas de República Dominicana.

Aprendí a abrazar mi país: la forma en que nos expresamos, nuestras idiosincrasias, nuestras costumbres, nuestra religión sincrética; cómo sentimos con intensidad el amor y el desamor; cómo vivimos la esperanza infinita de que las cosas vayan a mejorar… todo. Eso que en otro momento de mi vida parecía incompleto, se volvió mi identidad.

¿En qué consistió esa investigación de sus raíces?

Me adentré en el campo y comencé a hablar con la gente. Viajé por mi país queriendo entender por qué celebran las fiestas de los bancos [de palos] cuando el muerto cumple un año, por qué le rezan a San Miguel de Arcángel, qué hay detrás de todo eso.

¿Dónde buscó inspiración para Candela, y cuánta libertad creativa se dio? ¿Sabía a dónde quería llegar o iba paso a paso?

No sabía a dónde quería llegar. Sabía que quería que el medio de transporte fuera el merengue y que no quería hacer el de formación de orquesta con un frente de banda, tres bailarines, saxofón, trompeta, trombón tipo Rikarena, Jossie Esteban, Wilfrido Vargas.

Aunque hago música tropical, vengo de un formato de banda de rock o alternativa y no sentía que de repente iba a poner cuatro coristas, un tumbao de piano y jaleo de saxofón todo el tiempo.

Por eso empecé a buscar en sus orígenes y encontré otros sonidos: merengue de guitarra, con tiple, con acordeón, el que reemplazaba el acordeón por armónicas. En esas esquinas encontré nuevas ideas. Escuchando los discos del 78, de los cincuenta, de los sesenta, Joseito Mateo, Dioris Valladares descubrí diferentes formatos del merengue, armonías con las que resueno más.  

La segunda fase de producción consistió en inyectar elementos de música electrónica: sintetizadores, programar beats de bajo de la base percutiva de los tambores y la güira… Así creé el merengue de Candela.

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Además de la investigación musical, ¿qué otros campos le sirven de inspiración?

Por ejemplo, historias y expresiones que encuentro investigando. En A la Mar hay una canción que se llama “She Prays” y habla de una señora que se llamó Bertilia Peña que vivió en la provincia de Samaná y fue la precursora del género bámbula. Yo leí su historia investigando sobre el bámbula e hice esa canción de la reina del bámbula que iba de tal lugar a tal lugar en una procesión el día de las fiestas de San Rafael.

Esa mecánica de trabajo la acentué muchísimo en Trending Tropics, un proyecto en el que trabajo con Eduardo “Visitante” Cabra. Trabajamos a partir de conceptos, de una historia específica y no de la inspiración. Es como esculpir. Se hace un primer borrador y uno va poniendo y quitando cosas, organizando un banco de palabras del que saca ideas.   

Usted ha dicho en entrevistas que también ve la música como un juego, ¿cómo moldea eso su proceso creativo?

Gran parte de mi manera de componer es a partir del juego y de la improvisación. Casi siempre parto de la melodía. Siento que esta lleva ya una carga importante de información: si la canción es triste, feliz… En el subconsciente se van generado palabras, la fonética te va llevando a mensajes, y con la guitarra o el piano comienzo a probar acordes.

Yo no tuve una formación musical, digamos, muy intensa. Me preparé hasta mi adolescencia y luego estudié ingeniería electrónica. Por eso no lo siento como algo tan técnico y académico sino más lúdico y divertido.

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Me gustaría volver al tema de su investigación musical y cultural. Actualmente vemos en el mundo la tendencia a separar las cosas. Sin embargo, su instinto lo lleva a unir, a mezclar ritmos y sonidos. ¿Ha encontrado algún hilo conductor que atraviese las músicas y las culturas que ha estudiado?

Haciendo este disco me di cuenta de que ha habido un constante diálogo musical entre América y África. Siempre se dice que la música vino de África y llegó al Caribe junto con la europea. Y es verdad, pero del diálogo posterior poco se habla. Tú puedes encontrar merengue en Angola. Puedes encontrar son en Angola y en Cabo Verde, que lo llevaron en la Guerra Civil cuando fueron los cubanos. Hay africanos cantando son en español. Existe desde los setenta.

Yo hoy escucho un merengue de Angola que se devolvió, pero que de aquí también se había devuelto porque el merengue supuestamente vino de una tribu de Madagascar. Esa es una de las teorías.

Este diálogo es un factor determinante para mi música y la de la mayoría de los artistas que me influencian: Juan Luis Guerra, Paul Simon, Robi Draco Rosa… Ellos también ven el merengue o la bachata o la música caribeña como parte de los ingredientes que hay para hacer música. Se pueden mezclar fácilmente con coros zulú de Sudáfrica o encontrar una similitud del merengue con la coladeira no sé por qué pero si los pones juntos suenan bien y agregarle a la tambora la percusión de conga de la coladeira o del merengue angolés. Para mí, ahí es donde está lo divertido de hacer merengue.


En 2018, García ganó tres Latin Grammys con A la Mar; entre ellos, el premio a Mejor Nuevo Artista. Foto: Cortesía Sony Music.

¿Cómo se describiría como músico?

Me encanta ser libre. Ahora mismo estoy en un momento en el que siento que he sido súper libre y paradójicamente esa libertad ha hecho que de todo lo que hago quiera escapar y hacer otra cosa para no encasillarme. Siempre mi interés es reinventar la vuelta, y tratar de hacer algo nuevo, de ponerme en juego. En ese proceso me guío por la intuición, y hasta las confusiones lo llevan a uno a algún lugar.

¿Qué representa este disco en su carrera?

Es el último paso de la cadena que empecé con Melodrama.

Aprovecho la oportunidad para decir que no sólo voy a hacer un artista que rescata la música caribeña. A mi también me gusta el reggae, el soul, el R&B. Y tampoco todo tiene que tener una investigación. Puede que en un mes esté haciendo otra cosa, no sé.

Yo respondo en cierta forma a la actual centralización en la música urbana. Me gusta esa música, pero me interesa que no se pierda la diversidad rítmica del mundo, de América Latina, de mi país. Por eso quiero hacer cosas que no se están haciendo ya.  

Para terminar, ¿qué significa la música para usted?

Es mi vida, yo no hago otra cosa. Cuando no hago música, duermo, y a veces la música no me deja dormir.

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