Robert Glasper se identifica como jazzista, pero se ha rehusado a colorear su obra dentro de las líneas canónicas del jazz: al contrario, se caracteriza por explorar y crear a partir de la fusión. Robert Glasper se identifica como jazzista, pero se ha rehusado a colorear su obra dentro de las líneas canónicas del jazz: al contrario, se caracteriza por explorar y crear a partir de la fusión.

Robert Glasper hace explícito el vínculo entre ‘jazz’ y hip hop

El pianista, cantante y productor nacido en Houston, Estados Unidos, se presentará este miércoles en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, junto con su Electric Trio. Aquí una mirada a su carrera entre dos géneros de la entraña del margen estadounidense.

2019/06/11

Por Santiago Cembrano

Tanto el jazz como el rap (y el hip hop) vienen del margen. Han sido música de protesta: a veces explícitamente, comentando sobre la desigualdad social, el racismo y la exclusión; otras, implícitamente, al contar historias cotidianas sobre la vida, la tristeza, el amor y la felicidad negros, historias que de otra forma quizás no serían contadas. El jazz y el rap han sido instrumentos contra la opresión y pocos han explorado esa conjunción en el siglo XXI como lo ha hecho Robert Glasper.

El pianista, cantante y productor nacido en Houston, Estados Unidos, se presentará este miércoles en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, junto con su Electric Trio, compuesto por él, el baterista Justin Tyson y el DJ Jahi Sundance. Se identifica como jazzista, pero se ha rehusado a colorear su obra dentro de las líneas canónicas del jazz: al contrario, se caracteriza por explorar y crear a partir de la fusión. El concierto probablemente aborde su discografía y la música negra popular que, además del jazz y el rap, puede incluir canciones de leyendas como Stevie Wonder. Además de su ampliamente reconocido y galardonado trabajo personal, es conocido por hacer covers de bandas como Radiohead y Nirvana, añadiéndoles a su esencia una estructura jazz.

Glasper nació en Houston en 1978 y desde niño empezó a tocar batería y piano en la iglesia baptista, donde su madre, Kim Yvette Glasper, quien era cantante de jazz y blues profesional, dirigía la banda. Además de la música negra con la que creció, actos del rap local como Scarface y los Geto Boys, UGK y DJ Screw lo introdujeron a los códigos, ética y estética del hip hop. Luego conocería la rama de Native Tongues de Nueva York, con bandas como A Tribe Called Quest y De La Soul, cuyo sonido bebía del jazz para construir una nueva onda de rap a comienzos de los años 90. Y hacia allá se fue cuando acabó el colegio, a estudiar en la New School for Jazz and Contemporary Music, donde conoció a Bilal, un músico que también ha unido el rap y el jazz en su trabajo, y con el que ha colaborado en múltiples ocasiones a lo largo de los años.

Ha publicado nueve álbumes como solista, dos de ellos merecedores al premio Grammy por mejor álbum de R&B: Black Radio (2013) y Black Radio 2 (2015). Pero entre colaboraciones, proyectos conjuntos (como August Greene, con Common y Karriem Riggins) y EPs, su trayectoria es mucho más amplia que esos nueve álbumes. Ha trabajado con figuras del rap como Kendrick Lamar, Terrace Martin, Anderson. Paak, Black Milk, Mac Miller y The Internet, entre otros. Su impacto en los proyectos del siglo XXI que fusionan el rap con el jazz y el soul es innegable e interminable. Y eso es posible por su educación y experiencia con estrellas que en sí mismas se dedicaron a explorar las fusiones y a retar y difuminar las fronteras entre géneros.

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Glasper participó en la creación de 1st Born Second (2001), el debut de Bilal, y así conoció a los Soulquarians, un colectivo de rap y neosoul compuesto por exponentes deslumbrantes que surgieron en los noventa, como Common, Talib Kweli, Mos Def, Q-Tip, Erykah Badu, Questlove y J Dilla. Construyó puentes creativos y colaborativos con ellos, pero sobre todo aprendió de Dilla, un habitual en el estudio Electric Lady, donde se grabaron varios de los álbumes de Soulquarians entre 1996 y 2002, aproximadamente. Fundado por Jimi Hendrix en los setenta, también habían grabado ahí David Bowie y Stevie Wonder. Era un lugar lleno de magia, donde Glasper pudo empaparse de conocimiento y música.

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Robert Glasper toca el piano sin un aparente rumbo fijo, dispuesto a aceptar desafíos y seguir su intuición. Crea caminos a medida que va tocando las teclas, hace evidente la mezcla entre géneros y entre improvisación y orden. En ocasiones, sus interpretaciones empiezan a partir de un punto conocido, quizás la base de una canción popular, para luego elevarse y romper las barreras sonoras y cognitivas, como una suerte de sesión de laboratorio en tiempo real. Suave como el terciopelo, Glasper nos guía con tacto y talento a lo largo de sus elucubraciones sonoras.

La estructura de su música, en general, reta la estructura misma. Los motivos se repiten, como en el jazz, como en el rap, como en la música africana, como en las oraciones y cánticos de la iglesia de Houston donde empezó su vida artística. Los motivos se repiten, pero también varían, como lo hacía la música de J Dilla. La huella del productor de Detroit, leyenda del hip hop y una figura fundamental en la exploración de los vínculos del jazz y el rap, es tangible en la obra de Glasper (notablemente en ambas ediciones de Black Radio).

Ese toque humano que tenían los beats de Dilla, que no ‘cuantizaba’ los beats para que sonaran perfectamente sincronizados los golpes y los ritmos, sino que aprovechaba el fallo humano para darle calidez y dinamismo a los sonidos, también lo tiene la música de Glasper. Dilla aprendió del jazz para hacer rap y Glasper aprende de Dilla para hacer jazz: un continuum compartido de aprendizaje, innovación y conocimiento.

El rap también se hace presente en la música de Glasper vocalmente. Los scratches de voces y el spoken word, elementos que aparecen repetidamente en las canciones de Glasper, evidencian la influencia que proyectos como el Jazzmatazz de Guru, The Roots, toda la obra de Soulquarians e incluso el Yesterday New Quintet de Madlib, en sí mismo un rey de la fusión entre rap y jazz, han tenido en su obra. Lo bello es que estas influencias son reconocibles y hacen parte de la importancia de Glasper: con su música, con los sampleos, con sus palabras, agradece a los que pavimentaron el camino sobre el cual él se ha movido; se inscribe en una tradición de experimentación que reconoce al jazz como padre del rap, a la vez que él mismo reconoce a sus “padres” musicales.

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Por encima de Dilla, Miles Davis es la estrella polar que configura un norte artístico para Robert Glasper. Para Miles Ahead, la biopic que narra la vida de la leyenda del jazz, dirigió la creación Everything’s Beautiful¸ un álbum/banda sonora que reinventa la obra de Davis a través de varios músicos, configurándola para que suene al siglo XXI sin que pierda en absoluto su esencia. Si Glasper ha logrado darle vigor y vigencia masiva al jazz, luchando contra las voces reaccionarias que buscaban mantenerlo embotellado y aislado, es porque Davis luchó contra esas mismas fuerzas varias décadas antes. No sería exagerado decir que no existiría este Robert Glasper sin Bitches Brew (1970), el vanguardista, electrónico y eléctrico álbum de Davis que trascendió el género mismo y ayudó a abrir puertas en venues a los que el jazz no tenía acceso entonces.

Antes de morir, Davis empezó a construir Doo-Bop, un álbum que mostraba su interés por el rap, grabado de la mano con el productor Easy Mo Bee. Su búsqueda vital y musical nunca se circunscribió al jazz únicamente, de hecho, rechazaba esa etiqueta. Esa es la escuela de Glasper, por lo que la forma en que ha abordado su música tiene mucho sentido. Entonces su obra es a la vez transgresora y un homenaje a su tradición, a todos los que, antes que él, han retado los límites y han logrado revelar nuevas facetas de la música negra. Glasper hace jazz, pero su aporte al rap debe ser reconocido: lo ha hecho más rico y dinámico.

Glasper hace jazz. Lo repito porque debe quedar claro, pues es algo que él enfatiza. Aunque la etiqueta podría alejarlo de un circuito contemporáneo, él, al contrario, encuentra una oportunidad para contar su versión del jazz, para reflexionar sobre su contexto, como siempre lo ha hecho el jazz. Contra los tonos de blanco y negro y sepia que parecen ilustrar la forma en que el jazz es entendido hoy, Glasper está presente para llenarlo de color y exclamar que el jazz no es una música del pasado, que vive hoy a través del rap y del soul, pero también a través de sí mismo. Vive a través de músicos como Glasper.

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