Andrea Echeverri, de Aterciopelados, con la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Foto: Santiago Ramírez Andrea Echeverri, de Aterciopelados, con la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Foto: Santiago Ramírez

Día 3: Con rock sinfónico, Juanes, Fito y otros clásicos, Rock al Parque cerró una edición inolvidable

El festival celebró sus 25 años con un show impresionante de último día cargado de momentos para enmarcar. Tantos que, en un hecho insólito, el público llenó la plaza del Simón Bolívar hasta la una de la mañana.

2019/07/02

Por José Vicente Guzmán Mendoza*

En estos 25 años, Rock al Parque ha vivido muchos momentos inolvidables. Pero lo que sucedió el lunes, 1 de julio de 2019 (y en parte del martes 2), en el último día de la edición que celebraba los 25 años, se ganó un lugar de honor en la historia del evento. 

Las viejas leyendas cuentan que, en 1989, el Concierto de Conciertos duró hasta el amanecer del día siguiente. También que, en 1971, la gente cruzó nadando el río Medellín para llegar hasta el festival de Ancón. Las nuevas leyendas podrán hablar de trasnocho también: contarán que el último día de esta edición de Rock al Parque duró hasta la 1 de la mañana, con una plaza principal del Parque Simón Bolívar totalmente llena. Contarán que la gente espero, a pesar del frío, del hambre y del cansancio, a un concierto de la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB).

Por eso, vale la pena empezar este recuento desde el final, desde el cierre sinfónico con el que la orquesta logró hacerle un homenaje a varios clásicos del rock en español y a algunos de los artistas legendarios que han pasado por el festival en estas dos décadas y media.

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Hasta entonces, había sido una jornada larga y fría. A diferencia del año pasado, cuando el sol acompañó los tres días, el agua no dejó de caer sobre el parque de forma intermitente, desde que se abrieron las puertas hasta que comenzó Juanes. Los momentos de sol fueron pocos, y estuvieron acompañados de gotas de agua.

Además, como suele pasar en los cierres, la programación del escenario principal se retrasó más de una hora, lo que terminó alargando la jornada más de la cuenta. Algo que, sin duda, tendrán que revisar los organizadores.

 La OFB interpreta El puñal y el corazón, de Cafe Tacvba, junto con Rubén Albarrán, de esa agrupación. Foto Santiago Ramírez. 

La OFB, que estaba planillada para salir a tocar a las 9:59, apareció sobre el escenario 12 minutos después de la media noche. Y aunque unos pocos se habían ido después de Fito Páez, la plaza seguía llena. DJ Flesh ayudó a la gente a pasar el rato poniendo clásicos del rock en español como Pachuco, de la Maldita Vecindad, La Guitarra, de Los auténticos decadentes o El pobre, de Bajo Tierra, mientras se hacía el montaje de los músicos de la orquesta. 

La espera valió la pena. Cuando la OFB, una de las grandes orquestas clásicas del país, empezó a tocar Comprendes Méndes? junto con Pacho Machete, de Control Machete, quedó claro que testigos presenciales del último día de festival estaban frente a un show sin precedentes. El público tardó un poco en entrar en calor y en entender la magnitud del espectáculo. Más allá de que la orquesta ya había tocado en un Rock al Parque junto con Kraken, hace 14 años, esta era la primera vez que se veía un montaje de estas características: diez canciones, con arreglos sinfónicos, que se ejecutaron en el principal escenario del festival y de madrugada, junto con varios artistas que habían marcado momentos icónicos del festival. 

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La orquesta con 90 músicos (violín, arpa, percusión, teclados), una banda de guitarra, bajo y batería, y artistas como Elvis y Ricky, de Estados Alterados; Rubén Albarrán, de Café Tacvba; Andrea Echeverry y Héctor Buitrago, de Aterciopelados; Andrés Leiva y Roxana Restrepo, de Kraken; Pedro Aznar, Roby Draco Rosa, Los amigos invisibles y Mario Duarte, hicieron del final de los 25 años de Rock al Parque algo inolvidable. Canciones como Muévete, El puñal y el corazón, Maligno, Penélope, Vestido de cristal y ¡Ay, qué dolor! sonaron frescas desde su nueva dimensión sinfónica. 

Al final, todos juntos menos Draco, salieron a cantar una versión sinfónica de Florecita rockera, con la que cayó el telón luego de tres días. Inolvidable.

Un inicio movido

El día había comenzado casi 12 horas antes, cuando se abrieron las puertas del parque. La programación comenzó atrasada, pues el ensayo de la Filarmónica duró más de lo esperado. Hacia las 2:30pm salieron las primeras bandas: una voz disonante de esta jornada fue que las nacionales y las locales, las que le dan la razón de ser al festival, no congregaron tanto público como las internacionales 

Sin embargo, bandas como Burana Polar, Voltika o Southern Roots, lo dieron todo y demostraron por qué se ganaron un espacio en los escenarios del festival. El público, en cambio, llegó en grandes cantidades cuando tocó La Fuga, de España, en el escenario Bio, Channel One Sound System, del Reino Unido, en el lago y El Tri, de México, en la plaza principal. 

Los británicos, con su sonido afrocaribe que mezcla sonidos del reggae con mucho bass, demostraron por qué son una de las bandas más reconocidas de la escena sound system. Y los españoles, con clásicos como Verte sonreír o Buscando en la basura, pusieron a cantar a su público.

Channel One Sound System mezcla sonidos del reggae con la electrónica. Foto: Santiago Ramírez

Alex Lora, voz y líder del Tri, uno de los personajes más reconocidos del rock mexicano, dió un espectáculo digno de su leyenda, en una plaza que ya se percibía abarrotada cuando terminó su espectáculo. Con su energía, Lora mantuvo al público conectado: "¿Estamos siendo felices?".

De los grupos que siguieron en los otros escenarios, cabe destacar a Tequendama, la banda bogotana conformada por Amos Piñeros (Ultrageno), Camilo Zuñiga (Zyderal), Jota García (Sonorama) y Alejandro Duque (Aterciopelados), cuatro virtuosos del rock colombiano que se unieron para hacer un rock electrónico y experimental, con sintetizadores en vez de guitarras, y que sonó muy bien.

La hora de los clásicos

Cuando cayó la noche, el turno le llegó al maestro Gustavo Santaolalla, uno de los grandes músicos y productores en América Latina. Era su primera vez en Rock al Parque y no desentonó: con su rock suave y progresista, llenó de sonidos clásicos -espectacular el violín- y su voz profunda, encantó al escenario. Canto clásicos del rock argentino como Mañana campestre y la conocida Al otro lado del río, de Diarios de Motocicleta, banda sonora con la que ganó un premio Óscar.

Alex Lora, líder del Tri, una de las bandas de rock más reconocidas de México, en Rock al Parque. Foto: Jorge Cote

Incluso volvió al escenario para cantar después Llorando a capela. Se fue ovacionado y sirvió de genial preámbulo para lo que venía después. 

En el escenario Lago, Estados Alterados, que algunos asocian  con Depeche Mode, dieron un concierto en el que mezclaron sus clásicos con la música nueva. En los años ochenta, fueron los primeros en llegar a MTV y, aunque Tato Lopera ya no hace parte de la formación, Elvis y Ricardo, junto con Natalia Valencia, siguen haciendo lo que saben. 

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A esa hora la lluvia caía de forma copiosa, pero cuando sonó Muévete, su gran clásico, nada importó: el público, siguiendo la letra de la canción verso a verso, bailó y saltó sin parar. Pero no solo de clásicos vivió el show: su nueva música, un poco más experimental y psicodélica, también pegó. 

Además de tocar con la Orquesta Filarmónica de Bogotá, los amigos invisibles tuvieron su propio show. Foto: Jorge Cote

Luego vino Pornomotora, en el escenario Bio, y dio su esperado show especial. Algunos problemas de sonido no detuvieron su marcha, y en su repertorio los clásicos fueron protagonistas.

Juanes sacó su lado metalero

Se venía Juanes: el criticado y el esperado de esta edición. El ídolo del pop y exmetalero de Ekhymosis llegaba por primera vez al escenario de los rockeros precedido de mucha expectativa por la forma en la que sería recibido. 

Cuándo salió, a las 8:32 de la noche, la plaza principal del Parque Simón Bolívar estaba repleta hasta donde el ojo alcanaba. El paisa finalmente apareció con una ruana negra, y cantó una tanda de éxitos como A Dios le pido o Mala gente

"Qué alegría tan hijueputa estar aquí con usted por primera vez", dijo, mientras el público respondía con aplausos.

Estaba nervioso, y lo aceptó ante el público. Incluso se tropezó, erró la letra de alguna canción y tuvo alguna equivocación con la guitarra. Pero a punta de carisma, se ganó el escenario, que coreó varias de sus canciones más pop.

"Esto no es para dividirnos muchachos, y menos en la música y en el arte, que es lo único que nos queda -dijo-. Qué bueno que a este escenario venga una banda de metal, una de punk y luego una de folclor. Eso es diversidad", dijo, consciente de que mucha gente no estaba contenta con su presencia en el festival.

Fito Páez y Juanes cantaron En esta puta ciudad. Foto: Santiago Ramírez 

Pero le fue bien. Incluso invitó al escenario a Fonseca y Andrés Cepeda, para cantar La tierra, el gran éxito comercial de Ekhymosis. Se dio así una imagen que, seguro, nadie imaginaba en Rock al Parque: tres íconos de las baladas pop y del tropipop coreados en el escenario de los rockeros.

El tiempo también le alcanzó para honrar su lado rockero: al escenario invitó a Zeta Bosio, de Soda Stereo, y tocaron Cuando pase el temblor. Luego cantó Solo, su canción más icónica de su época metalera. Finalmente, y ante la emoción del público, hizo un excelente cover de Seek and Destroy, de Metallica. Uno en el que ejecutó una guitarra Flying V y cantó en un timbre poco conocido: otro momento imborrable para la historia del festival. 

Al final, la gente lo despidió con una ovación.

Fito, siempre genial

Luego se tomó el escenario el rosarino Fito Páez, un infaltable de Rock al Parque, un clásico del rock en español que ha venido varias veces y siempre llena y satisface. No desentonó: salió con La ciudad liberada y luego puso a cantar a todo el Simón Bolívar con éxitos como 11 y 6, Vivir sin amor (gran voz la de su solista, Ana), Naturaleza Sangre o Al lado del camino.

Luego, y con todo el público saltando, moviendo pañuelos y camisetas, e iluminando todo con sus celulares, cerró con una tanda de A rodar mi vida, Dar es dar, Mariposa technicolor y Dale alegría a mi corazón. El público cerró cantando esta última a capela, mientras Fito y su banda se despedían del escenario.

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Finalmente, y luego del espectáculo sinfónico, el público salió del parque hacia la una y media de la mañana. Se presentaron algunos problemas con el transporte, sobre todo porque Transmilenio ya había cerrado sus puertas, y los taxis no daban abasto. A pesar de esto, Bogotá y su gente y sus invitados vivieron un festival para el recuerdo que, seguramente, quedará en el corazón de decenas de miles de asistentes.

* Periodista de revista Semana

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