Stephan Micus se presenta en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia. Foto: Cortesía. Stephan Micus se presenta en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia. Foto: Cortesía.

Stephan Micus, el sentir de una música que supera fronteras y etiquetas

Días antes de su llegada al país, el músico alemán tuvo tiempo para hablar y contarnos los detalles de su trayectoria, su aprecio por el legendario sello ECM Records y su impresiones sobre el mundo artístico.

2019/05/07

Por José E. Plata

La industria musical tiene refugios sonoros o zonas no delimitadas que escapan a las clasificaciones de los críticos musicales, musicólogos o generadores de metadatos. Es así como se tiene una música libre, capaz de conectar al artista con su público y establecer así una comunión sonora. Una que en vivo resume un proceso y en estudio es parte del proceso.

De ese modo, cuando la mezcla sonora, el viaje, la investigación en instrumentos y el sentir aparecen como opción artística, los resultados pueden ser considerados como jazz. Pero aún así, cuando se dice que el jazz es la música de los músicos, hay alguien cuya música es la música del mundo y su pálpito.

Así es la obra del alemán Stephan Micus (Stuttgart, 1953), un músico que desde los años setenta ha emprendido un trabajo que lo ha llevado a viajar por el mundo descubriendo instrumentos, aprendiendo a tocarlos, haciendo conciertos y, ante todo, sorprendiendo por la capacidad de unir lenguajes musicales y culturas musicales que raras veces se encuentran. Si a esto se le añaden viajes, inmersiones culturales y aprendizajes, los resultados son únicos e irrepetibles.

Micus ha tenido un aliado especial en su vida artística: el mítico sello alemán ECM Records, que cumple cincuenta años y que continúa fiel a su intención original de ser el sonido más hermoso después del silencio. El alemán regresa a Colombia luego de su primera fascinación con la obra de García Márquez. En este ocasión, su visita lo llevó a recorrer lugares como el río Orinoco, el Parque Nacional el Tuparro, la laguna del Pañuelo y la reserva ecológica Bojonawi. Además, por la gestión de Nova et Vetera y Rey Naranjo Editores, hoy, martes 7 de mayo, se presentará en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional a las 7:30 de la noche. Este concierto se realiza en el marco de la octava edición de la plataforma internacional de artes vivas Experimenta/Sur, un proyecto del Goethe-Institut y Mapa Teatro - Laboratorio de artistas.

Días antes de su llegada al país, Micus tuvo tiempo para hablar y contarnos los detalles de su vida musical, su aprecio por ECM y su impresiones sobre el mundo artístico.

¿De dónde nace el interés artístico de la exploración musical de las diferentes geografías del planeta?

No tengo idea. Es un poco extraño poder viajar a tantos lugares. Lo que sí puedo decir es que tengo una fascinación alrededor de las culturas extranjeras, en especial las de África y Asia. Esto tal vez empezó con una exploración del flamenco. Durante los últimos años he viajado a Granada, en Andalucía, para explorarlo: es una música que tiene elementos de la India y del mundo árabe que evolucionó hasta hoy en día. Siempre buscaba eventos y conciertos, me fascinaba estudiar y viajar. En un momento de mi vida me gustaba no solo conocer la música, sino viajar para también conocer los otros aspectos de esas culturas. Creo que esto es muy importante para poder aprender un instrumento por fuera de su propio mundo, de su propia cultura. La literatura, la poesía, las artes visuales, todo es susceptible de ser apreciado. De todo esto hay que empaparse, tomar elementos y, claro, comprender el instrumento que se estudia y su contexto histórico.

Tras casi cinco décadas de transitar por el mundo y hacer grabaciones, ¿qué busca en sus viajes?

Hay muchos viajes que he hecho con un reto definido; por ejemplo, cuando he escuchado un instrumento en un concierto y me ha impactado, he entrado en contacto con el artista, he preguntado si me puede enseñar sobre ese instrumento. Otros viajes, en cambio, los he hecho buscando un sonido. Y en otros tengo que ir varias veces a un lugar para explorar y encontrar lo que me gusta.

¿Ha encontrado sentimientos comunes en la música, a pesar de las diferencias culturales? ¿Belleza, armonía, paz?

La música es, obviamente, un idioma universal que todos pueden comprender. No es un asunto romántico con las palabras: es una forma de comunión. La música nos lleva a encontrar sin tener que hablar el idioma del otro, permite un acercamiento entre culturas. He hecho algunas cosas en idiomas distintos. Los sonidos que estoy cantando no están dirigidos al cerebro, son un vínculo para transportar los experimentos sonoros y los instrumentos. Con estas condiciones he hecho algunas cosas. Por ejemplo, si canto en inglés o español, mucha gente no lo puede comprender. Las palabras son solo textos que algunos pueden comprender.  

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¿Dónde hace sus grabaciones? ¿Cómo son sus rutinas en los estudios?

Todas las grabaciones de los discos están hechas en diferentes estudios. Desde hace 25 años tengo el mío, es algo que me deja trabajar y dedicarle todo el tiempo que necesito. Antes esto era algo imposible. Los primeros discos se hacían en tres días: en dos se grababa y el tercero se mezclaba. Se vivía un estrés inmenso. Fue un proceso de aprender mucho y tuve que acoplarme a mi propia circunstancia.

Hay piezas de cinco minutos con cinco instrumentos que en realidad fueron una selección de una grabación de veinticinco minutos. Hacer cosas así en esos primeros tiempos era algo infernal. Los años setenta y ochenta fueron años de total dedicación a las técnicas de grabación. Había una especie de prevención con las máquinas (una sola máquina de grabar podía costar un millón de euros). Por el contrario, hoy en día se pueden hacer grabaciones de buena calidad con equipos muy baratos.

Podemos comparar esto con la fotografía a comienzos del siglo veinte: nadie podía tomar fotos si no era un profesional y ahora tomamos fotos todos los días. La calidad de la música era igual. A veces estoy trabajando en una pieza y puedo tomar intervalos de descanso, cuando en otras épocas tenía que hacerlo y estar una hora completa frente a los equipos. Sin embargo, hay espacios que definitivamente no pueden ser reproducidos en un estudio, digamos, espacios amplios como los de una catedral. En ese caso, he tenido que hacer grabaciones en espacios como esos.

Desde los años ochenta usted ha sido publicado por el sello ECM Records, uno de los más reconocidos entre la comunidad del jazz y la música contemporánea. ¿Cómo llegó a ese sello y qué representa para usted él?

Es una historia bastante interesante. Yo había grabado unas flautas para un disco de uno de sus artistas en los años setenta. Fue lo primero que hice para ECM Records. Poco a poco, entre más colaboraba con ellos, fui conociendo el mito. En 1981 viajé a Nueva York para hacer cosas con una estación de radio. Era una estación de radio donde apreciaban mucho el sello. Al llegar allá, me di cuenta de lo importante que era y tomé datos de él para contactarlos. Luego regresé a Alemania y me di cuenta de que estaban ubicados a unas pocas cuadras de donde yo vivía. Llamé a Manfred, el director, y así entramos en contacto. El encanto ha sido largo y no era necesario ir a Nueva York para saberlo. Estaba allí y, desde esa época, me ha abierto grandes posibilidades.

¿Cuáles grabaciones de otros artistas en ECM destaca?

Me gusta particularmente el trabajo del compositor de Estonia Arvo Pärt.

Vivimos un tiempo en el que así como hay experiencias musicales que perduran, otras se desvanecen o buscan clics y aprobación rápida. ¿Qué opinión le merece el tener un proceso artístico que ha perdurado desde los setenta y que ha superado los embistes de la industria musical de las últimas décadas?

Yo creo que para que una música pueda durar mucho tiempo o hasta cincuenta años. Primero, el músico no debe buscar el éxito o la fama o el dinero. Yo creo que un músico debe buscar solamente los sonidos e intentar expresar lo mejor posible. También el tema del talento es importante: hay músicos que tienen la suerte de encontrar una persona que ayuda a desarrollar su sonido. Si la música tiene fuerza o algo verdadero, creo que la música va a continuar porque la gente va a apreciar la calidad.

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¿Cómo describe su nuevo disco, White Night? ¿Lo presentará en Colombia?

Tengo una combinación de dos o tres instrumentos africanos. Uno de ellos es la Kalimba, un instrumento de percusión de ese continente. Por un lado, tengo tengo instrumentos que pueden generar una sensación melancólica y melódica. Pero la Kalimba da otras tonalidades. Hay varios tipos de percusión. La verdad no voy a presentar piezas de este álbum, será algo que combinará otras piezas y un trabajo de inmersión en el país que he realizado en diferentes lugares.

Stephan Micus se presenta hoy, martes 7 de mayo, a las 7:00 p.m. en el Auditorio León de Greiff (Universidad Nacional de Colombia, carrera 30 # 45-03). Más información haciendo clic aquí.

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