Ilustración de carátula de 'Rhodesia'. Ilustración de carátula de 'Rhodesia'.

Una profecía underground: 'Rhodesia', de N. Hardem y Las Hermanas

Producido por el músico bogotano Las Hermanas y con las líricas del rapero N. Hardem, este álbum propone una estética poco convencional, lo-fi, lejana del ritmo 4x4 y de la rima fácil. A cambio, beats intrincados y líricas inusuales: un viaje sonoro en forma de espiral.

2018/11/28

Por David Martínez Houghton*

Ser el músico más singular y vanguardista de la escena del rap colombiano, que a su vez es la más vanguardista y prometedora de toda América Latina, es una posición que quizá N. Hardem apenas intuye. Al menos así lo deja ver cuando afirma ser “la prueba de que es posible ser el mejor jugador sin balón”. Es el mejor jugador del partido, a pesar de no ser el más visible: quiere ser el “rapero favorito de tu rapero favorito”, como lo dijo en una entrevista. Singularidad y virtuosismo que se confirman en sus conciertos, en los que se transforma en una especie de Babalawo en pleno ritual de Santería.

Su último trabajo, Rhodesia, es un álbum único en el panorama local del hip hop. Producido por el músico bogotano Las Hermanas (Diego Cuellar), propone una estética poco convencional, lo-fi, lejana del ritmo 4x4 y de la rima fácil. A cambio, beats intrincados y líricas inusuales: un viaje sonoro en forma de espiral, con letras llenas de imágenes en apariencia inconexas, al estilo de la escritura automática de los surrealistas.

Carátula de Rhodesia.

Lanzado el 16 de noviembre de 2018 bajo el sello bogotano Indio, Rhodesia es una apuesta arriesgada en un contexto musical en el que se suele ver el rap como una manifestación exclusiva de los barrios marginales, vehículo expresivo de injusticias sociales. Arriesgada también si tenemos en cuenta el tipo de oyente que aún espera punchlines, momentos de clímax y beats convencionales. “Esta fórmula escapa-a-su regulación”, escuchamos en “Afuera bien”, sencillo promocional del disco. En Rhodesia todo es metáfora, símbolo, introspección, a veces erudición. Y es que a pesar de que N. Hardem y Las Hermanas habían dejado ver ya una visión del mundo oscura, experimental, siempre elaborada y llena de referencias a otras artes y otros discursos, este disco marca un punto de inflexión en sus carreras en particular y en el rap latinoamericano en general.

"Afuera bien", el primer sencillo de Rhodesia.

Este es un álbum raro, ingenioso, que a la manera de un antiguo códice va revelando más y más en cada escucha: desde su título, que alude a una de las grandes paradojas de la historia occidental, pasando por sus líricas que exploran la soledad y el aislamiento, hasta llegar a las texturas irregulares e hipnóticas de sus beats. No hay rastros de protesta social, de clichés sobre “ser real” o estructuras rítmicas predecibles. Hay, eso sí, estructuras circulares, alusiones al persa Jerjes o al holocausto judío, hay ritmos que se desvanecen y nunca estallan, hay experimentación, hay libertad creativa.

Escuchar Rhodesia es entrar en el territorio del caos: extraños juegos con el tiempo y la máquina, como en “Crisol”: “Máquinas… tiempo… poniéndole sol a las páginas”. Pero es un caos generador: un desorden del que va naciendo un nuevo orden. Sonidos que proponen nuevos espacios para habitar; lugares oscuros, pero al fin habitables y hermosos. El disco se va ajustando en nuestra mente a cada escucha, como si diera una vuelta más de tuerca.

Tratar de desentrañar este caos es, sin embargo, una labor estéril.  Sabemos que el álbum toma distancia del habitual 4x4, de la rima consonante y del ripio en el verso, pero no sabemos bien qué es lo que nos atrapa al escucharlo. Los sonidos de Las Hermanas evocan el universo extravagante de Flying Lotus o la ilimitada libertad de RZA para nutrir sus beats. En diálogo con estos sonidos, las letras de Hardem no cuentan una historia (con la notable excepción de “Víspera”, esa especie de trap espacial), o al menos no con una narrativa explícita: escritura automática, libre asociación de ideas, juego que le apuesta más a la sonoridad de las palabras que a su significado. El resultado de este contrapunto es un álbum con una implícita vocación conceptual, fruto del trabajo conjunto de un productor ecléctico e innovador y de un artista que pasa por su mejor momento como escritor y cantante: basta escucharlo rapear con ese ritmo frenético al estilo de Kendrick Lamar, especialmente en “Esfinge”, espléndido cierre del álbum: “Espontaneidad… expón tu deidad”.

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Es más que alentador ver la buena salud por la que pasa la cultura hip hop en Colombia. Sus artistas más relevantes están haciendo todo para trascender las fronteras del género: experimentos usando una brass band como base instrumental, incursiones en el neo-soul, incorporación de motivos de la música colombiana, influencias literarias y motivos eruditos en perfecta sintonía con las referencias a la calle. Los más recientes lanzamientos de Rapiphero (Noiseferatu, 2018), Lianna (Como el agua, 2018) o Vic Deal y Luis7Lunes (El armador del sol, 2018) son indicios de que asistimos a la consolidación de un proceso que está creando sus propios cismas, rebeldías, mesías, gurús y Judas. Rhodesia, en ese panorama, es una especie de profecía underground.

* Profesor de la cátedra de Música y cultura de masas, realizador en Uninorte FM Estéreo 103,1 y coordinador del taller Lado E en la Universidad del Norte (Barranquilla).

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