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Yo soy tu padre: un perfil de Father John Misty

Una mirada a la carrera de uno de los secretos mejor guardados del indie pop norteamericano.

2019/03/06

Por Jacobo Celnik*

El músico, productor e investigador inglés Brian Eno suele decir que la buena música se repite. El pop, entonces, es en cierto sentido una gran amalgama de sonidos que se nutre de diversos momentos del pasado para dar forma al presente. Con esa premisa en mente, intenté encontrar en el gran páramo musical de 2018 un álbum y un artista (alejado de la vieja guardia y del mainstream) que me emocionara, que me hiciera vibrar por su propuesta estética, que arriesgara y que se destacara por sus letras y producción musical.

Y mi conclusión es que Father John Misty es uno de los secretos mejor guardados del indie pop norteamericano.

Con los años, su nombre ha ganado visibilidad por cuenta de álbumes excepcionales, entre ellos God´s Favorite Customer (Sub Pop, 2018), elegido por Mojo, The Guardian, Q y nme como uno de los más destacados de 2008. El exbaterista de Fleet Foxes, de Seattle, –un grupo de la onda indie folk que alcanzó notoriedad en 2011 con el trabajo Helplessness Blues–, ha desarrollado una carrera sustentada por la nostalgia, la sorpresa y la experimentación con la música y el lenguaje.

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Tras dejar a los Foxes en 2012, Misty, o Joshua Tillman, emprendió de lleno su carrera en solitario sin la presión de trascender o de vender, solo gobernado por la premisa de componer buenas canciones y de tocarlas donde lo invitaran. Aunque desde 2003 y hasta 2010, antes de ingresar a Fleet Foxes, Tillman había lanzado unos cuantos intentos en solitario (Minor Works, de 2006, resume sus primeras obras), fueron piezas que circularon muy poco, algunas editadas y autofinanciadas, otras apoyadas por sellos independientes con tirajes inferiores a 300 unidades. Sin embargo, eso fue suficiente para que algunas bandas indie se fijaran en su talento.

El paso por Fleet Foxes lo ayudó a madurar y a ver con otros ojos la música pop y sus posibilidades. Tenía una revancha personal y a pesar de los buenos momentos con esa banda, Tillman tenía la idea de crear su propia audiencia; soñaba con reivindicar el arte del trovador, del juglar, de la tradición oral, y con aprovechar al máximo estos tiempos convulsos para crear melodías memorables con letras profundas y contundentes. Decidió hacer una especie de reingeniería con su obra para conseguir esos objetivos. Y lo logró.

El primer cambio radical fue dejar atrás su nombre de pila y elegir uno artístico; un nombre con fuerza, trascendental, casi místico. Luego se dedicó a escuchar, durante casi un año, álbumes de cantautores y compositores como Elton John, Billy Joel, Nick Drake, Harry Nilsson y Randy Newman. En ellos encontró pasión, fuerza, brillo, sentimiento a la hora de cantar y coherencia entre imagen e interpretación. Ellos le señalaron el camino a seguir, y él los rescató del olvido poniendo en la agenda el legado de músicos profundos que cruzaron la línea de ser intérpretes comunes y corrientes. Aunque en el proceso fue inevitable imitarlos, Misty tenía la consigna de crear para ofrecer una voz original, así el público sintiera que con su música revivía los espíritus de Drake y Nilsson: “Cuando quieres decir lo que sientes a través de una canción, intentando ser otra persona o pensando que eres John Lennon o Lou Reed, lo más probable es que el resultado sea inferior al esperado. El verdadero desafío está en encontrar tu voz tomando lo mejor de las influencias”.

Fear Fun (2012), su álbum debut bajo el seudónimo de Father John Misty, lo lanzó con Sub Pop, sello independiente que apoyó los primeros pasos de Nirvana y Soundgarden. A pesar de cierto escepticismo, logró buenas reseñas de la prensa independiente de California, que destacó, entre otros aspectos, su acertada alianza con el guitarrista y productor Jonathan Wilson (estuvo en Bogotá con la banda de Roger Waters). Wilson le enseñó diversas posibilidades desde la ingeniería y la producción para construir una línea argumental sólida, sobre todo con técnicas usadas por The Beach Boys en Pet Sounds –el manual perfecto para producir una obra maestra–. En menos de tres años, Misty aprendió las claves para usar los referentes sin imitar, sin entrar en los terrenos de “suena como”, pues su lucha es por un arte conceptual, auténtico y coherente con sus ideas y pensamientos; el verdadero poder de su narrativa. El álbum I Love You, Honeybear (2015) reflejó la madurez del artista que entendió que sencillez y profundidad pueden convivir. Que menos es más.

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Otro aspecto destacado en la evolución de Misty es la fuerza de sus letras. Justamente en su trabajo de 2015 encontramos a un artista maduro que no teme enfrentar los demonios de una relación sentimental tóxica, con el marco social y político de un país polarizado por la campaña que llevaría a Trump a la presidencia del país. Misty es un gran observador e intérprete de su realidad. I Love You, Honeybear fue aire fresco para el pop gracias a canciones que reivindicaron el papel del compositor serio, preocupado por el paso del tiempo, el enigma del futuro, la crisis de los cuarenta y la banalización de la amistad de la mano de la tecnología y las redes sociales, que afectan las relaciones. “Las canciones de amor o desamor o de lo que pasa en el mundo deben escribirse en el momento en que uno vive esos sentimientos. No puedes esperar cinco o diez años para mirar el pasado e intentar definir qué sentías en ese momento. No me interesa cantar tontas canciones de amor. El amor duele y como tal lo reflejo en mis letras”.

“Soy un actor”

Pero el camino al éxito se volvió peligroso y tortuoso en 2016 e inicios de 2017. La fama trae sus bemoles, y Father John Misty no supo manejar el ego. En el XPoNential Music Festival 2016, en Filadelfia, dio un discurso de diez minutos en que atacó al sistema político del país y al mundo del entretenimiento. Se tomó muy en serio el rol de “Father”. Luego cogió su guitarra, interpretó un tema desconocido y una versión de “Bird On a Wire”, de Leonard Cohen. Le quedaban treinta minutos de actuación, pero abandonó el escenario en medio de silbidos. Ese fue el inicio de una seguidilla de recitales inconclusos con polémicas feroces con el público; de intercambios de insultos, de salir borracho al escenario a protagonizar momentos bochornosos.

Aunque la prensa del espectáculo no desaprovechó la oportunidad para atacarlo y de paso cobrarle su antipatía y resistencia a dar entrevistas, Misty se defendió en redes sociales y argumentó que todo era parte de un performance. “Soy un actor”, dijo. Sin embargo, le vino bien que hablaran de él porque sus dos primeros álbumes se vendieron mucho en ese momento.

Para aplacar la ola de críticas, desapareció durante un tiempo –como Dylan en 1969– para trabajar en un nuevo álbum que vio la luz en 2017. Pure Comedy es una obra maestra de la crítica social y el doble sentido. Trump en la presidencia ya era real. Por eso el disco gira en torno a la “estúpida idea de tener un presidente que maneja los rumbos del país como si fuera un juego del aprendiz”. También fue el pretexto para pasarles cuentas de cobro a colegas de quienes suele cuestionar su arte. Sucedió con “Total Entertainment Forever”, en el que se imagina teniendo sexo virtual con Taylor Swift, una respuesta inmediata a lo que propuso Kanye West en “Famous”. Lo tildaron de enfermo, misógino y freak. Todo eso también le vino bien, pues el disco fue doble platino. Todo eso lo capitalizó en 2018.

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Misty es un genio para crear pequeños alter ego propios en los cuartos de hotel (su lugar preferido para componer) a partir de sus referentes (puede sonar a Elton John y John Lennon en una misma canción), para expandir su mensaje a través del misticismo y la ambigüedad. Su pasión por el cine (idolatra a Bergman y Woody Allen) y la literatura (fan confeso de Raymond Carver y Bukowski) le ha ayudado a crear imágenes poéticas memorables en sus canciones. Sin la necesidad de inventar personajes, usa su vida para experimentar con el lenguaje. Es arriesgado a tal punto de inspirarse en “Subterranean Homesick Blues”, de Dylan, para darles forma a letras sin sentido o con doble sentido. “Gran parte del secreto de mi arte y mi propia voz está en la ironía y en tomar elementos de los artistas que me gustan sin pretender ser el nuevo Cat Stevens”.

Con God´s Favorite Customer, Father John Misty optó por reivindicar al músico que no quiere el estrellato y las polémicas; al músico que logró matar el ego para ver el mundo con otra perspectiva, más sincera y menos cínica. También quiso legitimar al artista que quiere ser reconocido por su confianza y sus mitos. Parte del encanto de la música de Misty está en el aura y la pasión que le imprime a sus canciones. Pocos discos actuales nos invitan a oírlo una y otra vez. Cada escucha refleja momentos estelares en su producción. El sonido setentero y crooner del álbum se vuelve pertinente con el mensaje de fondo de un testigo inclemente del paso del tiempo. Un disco que nos invita a hacer un ejercicio exhaustivo para identificar la cantidad de referencias sueltas, de pistas históricas que ayudaron a darle forma al mensaje del álbum. Misty es un Frankenstein que ha sabido conjugar el apego a lo retro, las buenas historias y el uso adecuado del poder melódico del pop. En vivo es más seguro, hipnotiza con el brillo de su voz y su fuerza escénica. Y el secreto de su encanto sigue siendo ser el secreto mejor guardado del pop.

* Escritor y periodista especializado en música. Autor de La causa nacional: historias del rock en Colombia (2018), entre otros libros

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