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¿A qué retos se enfrenta el naciente viceministerio de la Economía Naranja?

David Melo será el primer viceministro de Economía Naranja que tendrá el país. ¿Qué implica la creación de este nuevo cargo? Hablamos con varios expertos.

2018/09/25

Por RevistaArcadia.com

David Melo Torres, actual viceministro de Cultura, fue elegido para ocupar el cargo de viceministro de Economía Naranja. Es ingeniero civil de profesión. Ha impulsado varios proyectos culturales en Bogotá y el país. Su experiencia en el campo de la economía y la cultura incluye haber sido investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Económico de la Universidad de los Andes, uno de los mayores impulsores de la Ley de Cine de 2003 y director de Cinematografía del ministerio de Cultura.

El proyecto está liderado por el ministerio de Cultura. Aunque aún no se ha anunciado la fecha oficial de su creación, el 7 de septiembre la ministra Carmen Vásquez y el presidente Iván Duque estuvieron en Mompox, en su primer encuentro cultural, que justamente llamaron “Toma Naranja”.

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¿Qué implicaciones tendría la creación de ese viceministerio? Les preguntamos a expertos en el tema y esto fue lo que nos dijeron:

Jaime Sierra

Ph.D., líder del Área de Negocio Internacional de la Escuela de Economía y Negocios de la Pontificia Universidad Javeriana

La creación de un viceministerio de la Economía Naranja puede considerarse tanto una oportunidad, si se lo concibe y dota con los recursos y las capacidades necesarios (incluida la de decisión y de ejecución), como una posible nueva frustración nacional, si no pasa de ser un ente burocrático y aislado, como tantos otros. Este resultado probable pasa, en principio, por comprender lo que la economía naranja significa e implica. Aunque genéricamente se la asocia con las denominadas industrias creativas, las actividades y sectores que se pueden vincular con ella son diversos y casi innumerables (algunos ejemplos son el cine, el diseño, la arquitectura, la música, el desarrollo de software –incluidos los videojuegos–, las industrias de la comunicación), pues ¿dónde no está presente la creatividad humana? Con esta premisa, el punto central de la creación del viceministerio debe referirse a cuál será el papel del Estado y de los entes gubernamentales en relación con las industrias de referencia. Si bien no se espera que el Estado haga todo, sí es necesario definir su misión y asegurar su cumplimiento cabal. Esto porque hay antecedentes poco alentadores en temas muy cercanos, como el desgreño y la desarticulación del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, sus pobres resultados y la situación de las iniciativas de apoyo al emprendimiento en el país. En efecto, estos dos temas están profundamente ligados a los temas de la economía naranja, por lo cual difícilmente se puede pensar que se parte de cero o que se trata de un tema nuevo. Así pues, es absolutamente necesario pensar no solo en los cargos y sus perfiles, y la financiación, sino en la articulación efectiva y eficaz con otras carteras y entidades públicas y privadas que deberían ser aliados naturales para que el viceministerio cumpla a fondo con la misión que se trace.

Juliana Barrero

Profesional y magíster en Economía, directora de Lado B, consultora enfocada en economía creativa.

Es importante incrementar el presupuesto y fortalecer las capacidades institucionales. Adicionalmente, hay cuatro puntos que deben tenerse en cuenta:

1) La articulación interinstitucional: la política pública, en materia de cultura del ministerio de Cultura tiene la Dirección de artes, la Dirección de música y Patrimonio. Pero el sector creativo es mucho más amplio. Incluye servicios creativos, entre los cuales están el diseño, la joyería, la publicidad, el desarrollo de software, servicios arquitectónicos, entre otros. Estos sectores se encuentran hoy en día bajo los lineamientos de distintos ministerios. El viceministerio de la Economía Naranja tiene el reto de articular todas las instituciones que puedan tener incidencia en los sectores que tienen como núcleo la creatividad.

2) Descentralización de las oportunidades: las industrias culturales y creativas están concentradas en Bogotá. Haciendo un barrido por sectores, el 70% de los ingresos de cualquier de ellos está en Bogotá. Medellín puede tener entre el 14% y el 15%. Cali puede tener un 8% o 9%. Después está Barranquilla, con 4% o 5%. De manera que el salto de una ciudad a otra es gigante. Esas proporciones están presentes en el sector de la música, el editorial y el cinematográfico. Esto muestra que para que la economía creativa se consolide como una oportunidad de desarrollo equitativo para el país, sería necesario reflexionar sobre las necesidades de los territorios, más allá de las ciudades principales.

3) Formación de los individuos creativos: para que este proyecto sea sostenible, tiene que fortalecerse la formación artística. El ministerio de Educación y el de Cultura tienen un importante reto: la formación de individuos creativos para fortalecer lo artístico, la innovación y el consumo. Habría que pensar muy bien qué creativos y público se quieren para el país. Queremos gente que cree y consuma más, pero ¿más qué y de qué?

4) Sostenibilidad de las pequeñas empresas creativas: otro reto del viceministerio de la Economía Naranja es generar unos mecanismos que permitan el desarrollo, tanto de las grandes empresas, como de aquellas medianas y pequeñas que generan contenidos locales. Las empresas medianas y pequeñas empresas toman importantes riesgos por generar contenidos locales o independientes de las dinámicas comerciales, con esquemas de distribución complejos en mercados altamente concentrados, lo que dificulta su sostenibilidad.

Álvaro Zerda Sarmiento

Economista y administrador de empresas con maestría y doctorado en Economía, profesor de la Universidad Nacional de Bogotá

En principio podría ser una buena iniciativa, si realmente lo que busca es impulsar todas las actividades que caen dentro de ese mote; es decir, lo que ahora llaman “industrias creativas”, que son aquellas que se derivan del talento y la creatividad humana. Tienen como característica común que los derechos de propiedad intelectual juegan un papel central, con miras a que sus titulares reciban, como resultado de la comercialización de sus creaciones, unos ingresos justos y puedan vivir de ello. Me imagino que la función del viceministerio sería la de expedir las políticas públicas y facilitar los medios (recursos) para que ello se cumpla, y a la vez hacer seguimiento a su aplicación y la evaluación de los resultados para que paulatinamente dichas actividades se amplíen y multipliquen, actuando de la mano de los privados para, conjuntamente, alcanzar esos objetivos. De lograr todo ello, sin duda, los efectos para el sector cultura y las TIC serían positivos, aportando a la economía algo así como un punto adicional del PIB. Ahora bien, como se sabe, el diablo está en los detalles, porque dependiendo del diseño y orientación de las políticas, los beneficiarios pueden ser los creadores, desarrolladores y todos quienes giran en torno a las artes escénicas, la comunicación, la música, la creación de software, la gastronomía, la moda, el diseño, etc. Pero, como ocurre en otros lados, también las grandes compañías intermediarias entre la producción y su difusión, distribución y puesta al consumidor se pueden llevar gran parte de la torta dejando a sus generadores con unas migajas. Este es un campo muy monopolizado internacionalmente y la correlación de fuerzas, bastante desigual.

Por otra parte, en esas actividades se cruzan varias instituciones, como el ministerio de Cultura, el de las TIC, el de Industria y Turismo. Sabemos que la coordinación institucional en el país es algo supremamente engorroso y tortuoso, lo que para este campo sería de importancia. De lo contrario, actuaría más como una traba que como un facilitador –sin considerar la lucha por los presupuestos entre esas entidades–. De manera que, si bien es cierto que cualquier iniciativa que pretenda impulsar sectores culturales, económicos, tecnológicos es importante para un país como Colombia, no debemos perder de vista la necesidad de establecer una política de crecimiento económico y desarrollo económico y social que tenga como base la generación de ciencia y tecnológica como puntal para que el sector productivo industrial y agropecuario dinamicen con sus encadenamientos y sinergias la economía como un todo. Una sola golondrina no hace verano...

Óscar Becerra

Ph.D. en Economía y profesor de la Universidad de los Andes

Esto podría tener un efecto positivo en la economía del país, siempre y cuando sea bien manejado. Podría implicar un incremento en la productividad. Sin embargo, necesitaría del apoyo de otras dependencias del gobierno para funcionar. Tres ministerios podrían ofrecer esa ayuda. El ministerio de Trabajo, para conocer el material humano con el que se cuenta; el ministerio de Hacienda, que ayudaría a alinear los incentivos destinados; y el ministerio de Educación, que estaría relacionado con todo el proceso pedagógico que ilustraría sobre el proceso y el tema de economía naranja.

Medardo Restrepo Patiño

Magíster en Economía y profesor de la Universidad del Quindío.

Que ahora se llame “economía naranja” no quiere decir que no exista desde hace mucho. Con otros nombres ya se ha trabajado en el asunto, tanto desde el ámbito académico como el práctico. Así que el tema es viejo, independientemente del nombre. Dada la naturaleza del asunto, como quiera que se le llame, el viceministerio tendrá más implicaciones burocráticas que un verdadero impacto, sea este bueno o malo, dentro del desempeño económico de Colombia.

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