En agosto, un juez falló en primera instancia a favor de Luciana Cadahia, ordenándole a la universidad su reintegración. Pero el 20 de agosto, la Universidad Javeriana apeló la decisión. En agosto, un juez falló en primera instancia a favor de Luciana Cadahia, ordenándole a la universidad su reintegración. Pero el 20 de agosto, la Universidad Javeriana apeló la decisión.

Carta abierta de la profesora Luciana Cadahia al rector de la Javeriana

Tras la segunda desvinculación de la filósofa Luciana Cadahia de la Universidad Javeriana, publicamos esta carta que Cadahia le dirige a Jorge Humberto Peláez Piedrahíta, rector de la universidad.

2019/10/07

Por revistaarcadia.com

En mayo, la Universidad Javeriana decidió terminar sin justa causa el contrato de Luciana Cadahia, una de las profesoras de la facultad de Filosofía.

“Solo me dijeron que simplemente la universidad había decidido no renovar el contrato, que a veces no hay razones, que no enredara la cosa –le contó Cadahia a ARCADIA en su momento–. Les dije que era mi derecho al menos conocer por qué se me desvinculaba. Les pregunté, muy serenamente, al decano y al director de la facultad que si iban a permitir que desvincularan a una profesora así de la universidad, que si lo consideraban razonable”. Según ella, no hubo respuesta.

El 30 de julio, Cadahia interpuso una acción de tutela por habérsele vulnerado sus derechos fundamentales a la no discriminación por razones de opinión política o filosófica, a la libertad de cátedra, a la libertad de expresión, al buen nombre académico, al trabajo y al mínimo vital.

En agosto, un juez falló en primera instancia a favor de la profesora, ordenándole a la universidad su reintegración. Pero el 20 de agosto, la Universidad Javeriana apeló la decisión argumentando que el juez de primera instancia, Iván Real González, no había tenido en cuenta “todas las pruebas presentadas por la institución académica”. Esas pruebas incluyen hechos de muy diversa naturaleza que van desde no haber seguido ciertos “protocolos de la universidad en temas de discriminación” a no haber presentado un examen de inglés; un requisito, según la institución, obligatorio.

Según Cadahia, "ellos nunca presentaron ninguna prueba. Y lo del examen de inglés es relativo, porque yo sí he presentado suficiencia de inglés, pero decidieron no validármela. Y luego con los temas de discriminación hay un problema: la discriminación fue el acto del despido, por lo tanto yo no habría podido seguir los protocolos de discrminación si ya estaba despedida", le dijo Cadahia a ARCADIA esta mañana.

A pesar del apoyo que recibió Cadahia de la comunidad académica tras su reintegración, a la apelación de la universidad le siguió la segunda desvinculación de la profesora, y ahora el caso está en manos de la Corte Constitucional –y su fallo depende de que lo elija para pronunciarse–.

Cadahia decidió responderle al rector con esta carta que hoy decidió hacer pública. ARCADIA la publica también.

Estimado Padre Rector,

Dr. Jorge Humberto Peláez Piedrahíta: 

Recibo con tristeza y desazón la decisión de desvincularme nuevamente tras el fallo del juez en segunda instancia. En la reunión que usted tuvo la amabilidad de concederme intenté transmitirle la voluntad de abrir canales de diálogo, hacer prevalecer la convivencia y la cordialidad frente a la confrontación. Apelé a los mismos valores humanistas de la concordia y cuidado de la casa común que la tradición jesuita, y expresado en las últimas encíclicas del Papa Francisco, nos enseñaron a valorar, respetar y llevar a la práctica.

Desde que me vincularon (tras el primer fallo) solamente sucedieron cosas buenas: a. nos concedieron el proyecto interfacultades para trabajar con comunidades vulnerables y pensar el uso popular del derecho; b. muchos estudiantes (en su mayoría mujeres) comenzaron a retomar sus tesis conmigo; c. fui clasificada Investigadora Sénior en Colciencias, con lo que ello redunda de positivo para la Facultad (el único profesor de la Facultad con ese estatus); d. la prestigiosa Universidad de Cornell del Estado de New York (una de las más importantes en el mundo en Humanidades) me honró con una invitación para consolidar vínculos instituciones, proponerme como Visiting Professor el próximo semestre y dar dos asignaturas de pensamiento social latinoamericano. Ingenuamente pensé que esta nueva etapa iba a servir para dejar todo atrás y reencausar las cosas, más allá de la vía judicial.

Tenía la esperanza de que, tras el apoyo público de muchos integrantes de la comunidad Javeriana, de la comunidad académica nacional e internacional, iba a existir un espacio de diálogo para reflexionar como comunidad. Mis relaciones instituciononales siempre han sido excelentes, y eso se refleja en las cartas públicas y oficiales que escribieron autoridades de las diferentes Universidades donde estudié y trabajé, mostrando su perplejidad ante la decisión de despedirme. En todas ellas se resaltó mi solidaridad, capacidad de trabajar en grupo y compromiso con la institucionalidad y la sociedad.

Como usted sabe, querido Padre Rector, fue la obtención de la plaza en la Javeriana lo que motivó mi renuncia a una plaza titular en Flacso, la decisión vital de venir a vivir a Colombia y dejar atrás mi vida en Ecuador. Esa decisión vino refrendada por el respeto y admiración que siempre me inspiró la Javeriana, su defensa de las humanidades en tiempos de despojo neoliberal y el prestigio que la ha acompañado durante tantos años. 

Sinceramente, sigo sin comprender la raíz profunda de mi despido por parte del Decano de la Facultad, por qué no se buscó el mecanismo del diálogo y la negociación antes de la confrontación y la censura. ¿Una carta sobre “percepciones subjetivas” es motivo suficiente para desvincular a una profesora que ganó un concurso y dio muestras constantes de compromiso con la institución y la academia latinoamericana? ¿No resulta contrario a la filosofía y a los valores humanistas proceder de esa manera y usar la figura de despido sin justa causa? Teniendo en cuenta que no había evaluaciones negativas, que la docencia era volorada muy positivamente por los estudiantes de diferentes carreras y que mi producción académica era rigurosa. Pero lo que más me cuesta entender, a pesar de trasmitirle al Decano Luis Fernando Cardona la apertura al diálogo y a dejar atrás lo sucedido, es por qué persistió en su silencio y por qué no buscamos la vía filosófica  para pensar juntos lo que había sucedido. Sobre todo cuando un número más que significativo de estudiantes y profesores de la Facultad de Filosofía se manifestó en contra de mi despido, solicitó mi reincorporación y celebró mi nueva vinculación. Todo ello evidencia que mi despido no fue la expresión del sentir colectivo, y que la decisión de algunas autoridades quizá no expresaba el deseo de la comunidad.

En lo que a mí respecta, sigo abierta a la escucha y al diálogo. De mi parte, solamente encontrará un espíritu propositivo, constructivo y solidario hacia la comunidad. No es sabio lamentarse por lo que no pudo ser de otra manera, pero todavía está en nuestras manos revertir el escenario actual y decidir qué valores y ejemplos buscamos dar a la sociedad con nuestro humilde quehacer cotidiano.

 

Con admiración y respeto,

Luciana Cadahia.

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