Entre muchos temas, el patrocinio de una petrolera tiene encendida la polémica en torno al British Museum. Foto: Vernon Yuen NurPhoto Getty Images Entre muchos temas, el patrocinio de una petrolera tiene encendida la polémica en torno al British Museum. Foto: Vernon Yuen NurPhoto Getty Images

Patrocinios cuestionables y tratos laborales encienden la polémica en el British Museum

En una carta abierta, Ahdaf Soueif, hasta hace poco integrante de la junta directiva del museo, explica los motivos por los cuales renunció y abre una discusión sobre las prioridades de tales instituciones.

2019/07/17

Por RevistaArcadia.com

En una carta abierta que publicó en su blog, Ahdaf Soueif renunció a la junta del British Museum. En el texto, expone lo que considera un cambio inaceptable en las políticas de una institución que aprecia pero que, a su manera de ver, ha perdido el rumbo ético. ARCADIA traduce su mensaje, uno cargado de preocupaciones que pueden aplicarse a muchos ámbitos diferentes al de este respetado y ahora cuestionado museo.

"El Museo Británico es uno de los pocos museos enciclopédicos del mundo: cuenta la historia de cómo se construyó la civilización, suma alrededor de siete millones de visitantes anuales, a quienes les da entrada gratuita, y guarda una posición de autoridad única en la consciencia de la nación y, quizás, del mundo. Hace pocos días renuncié a su junta directiva.

Esa renuncia no fue resultado de protestar por un tema en particular; fue mi respuesta acumulativa frente a la posición inamovible del museo frente a temas seriamente preocupantes para aquellas personas a quienes debería tener más en cuenta: los jóvenes y los menos privilegiados.  

Las instituciones culturales públicas tienen una responsabilidad: no solo profesional frente a su trabajo, sino también una moral en la manera en la que se posicionan en relación a cuestiones éticas y políticas. El mundo se enfrasca en luchas sobre el cambio climático, inequidad viciosa y en expansión, la herencia residual del colonialismo, cuestiones sobre democracia, ciudadanía y derechos humanos. Y en todas estas, el museo debe tomar una posición ética clara.

En 2016, cuestioné frente a la junta del museo y su director, el patrocinio de muy alto perfil de BP (British Petroleum) a las exhibiciones públicas. Esa experiencia me educó en cuanto a lo poco que esto les perturbaba, incluso ahora, cuando los activistas medioambientales llevan protestas más grandes y creativas al museo. El valor en relaciones públicas que el museo le da a BP es único, pero la cifra de dinero que BP le da al museo es posible de conseguir en otro lado. Por eso, solo puedo pensar que el museo, que ha ratificado su relación con el gigante del petróleo, no desea arruinar sus posibilidades de negocio, y que esto le importa más que las preocupaciones legítimas y agobiantes de la juventud del planeta, incluidos los niños de colegios, un público objetivo del museo.

En enero de 2018, el masivo proveedor de servicios Carillion entró en bancarrota. De los 138 empleados que el museo le encargó a Carillion cinco años atrás solo quedaron 60, que seguían asistiendo a su trabajo, limpiando las instalaciones. Algunos habían trabajado en el museo por más de 20 años, y querían volver a ser contratados directamente. En casos similares, el South Bank Centre y los Historic Royal Palaces volvieron a contratar gente. El museo, en cambio, no consideró conversar con los trabajadores. Y una discusión al respecto que traté de iniciar fue acallada.

En noviembre de 2018, un reporte comisionado por el presidente francés, Emmanuel Macron, recomendó la restitución de obras pilladas en África a sus países de origen. Esto abrió un debate sobre la repatriación de artefactos culturales. Museos, oficiales estatales, periodistas e intelectuales de distintos países han entrado en la discusión. El British Museum, nacido en un imperio y alimentado por prácticas coloniales, quedó bajo la lupa. Y, aún así, a duras penas habla. Está en una posición única para liderar la conversación sobre las relaciones entre norte y sur, sobre legados humanos y lazos históricos. Su tarea debería ser ayudarnos a todos a imaginar un mundo mejor y, en ese camino, demostrar el uso de los museos. Este punto incluso podría servir de argumento para mantener algunas piezas en Londres. Pero su credibilidad dependería de que el museo tomara una posición clara como un aliado de las generaciones futuras. 

En sus prácticas en el terreno, al museo no se le puede cuestionar. sus curadores están entre los mejores de la profesión; la investigación que produce es impresionante en su alcance, rigor y volumen. Ha creado una red vibrante de curadores a través del World Training Programme, que empezó hace 13 años. Ayudó a fundar el proyecto Circulating Artefacts, que permite hacer seguimiento a artefactos robados si aparecen en el mercado. Y se ha embarcado en un proyecto enorme de reorganizar su colección para contar una historia más coherente de la civilización. Esa condición es necesaria pero no suficiente para mantenerse relevante en las décadas a venir. Cualquier narrativa que escoja será juzagada en contexto: es decir, en relación a cómo se comporte, a dónde consiga su financiamento, a como trata a sus trabajadores y a quién considera aliado.

El British Museum no es bueno per se. Es bueno solo en la medida en la que use su influencia en el mundo para el bien. La colección es un punto de partida, una oportunidad e instrumento. ¿La usará para influir en el futuro del planeta y sus gentes? ¿O continuará proyectando el poder de sus ganacias coloniales y de la indemnización corporativa?

Los colegios llevan niños al British Museum. Los mismos niños que ahora viven en la crisis existencial del cambio climático. ¿Cómo deben reaccionar frente al logo de la BP en las exhibiciones grandes del museo? ¿Qué significa que el museo lleve a sus empleados a la precariedad laboral? Este es un museo de objetos materiales que mapea la manera en la que el mundo se ha construido y reconstruido a través de la historia: ¿seguirá involucrado en hacer de este mundo uno posible de habitar, justo, interconectado y abierto a las nuevas generaciones? O seguirá colaborando con aquellos que andan destruyendo al mundo frente a nuestros ojos.

Me entristeció renunciar; me entristeció creer que esa era la decisión más útil que podía tomar". 

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