Grabado en acero (993 × 78 mm), para el frontispicio de la edición revisada de 1831 del Frankenstein de Mary Shelley, publicado por Colburn y Bentley, Londres. Foto: Wikimedia Commons. Grabado en acero (993 × 78 mm), para el frontispicio de la edición revisada de 1831 del Frankenstein de Mary Shelley, publicado por Colburn y Bentley, Londres. Foto: Wikimedia Commons.

La fealdad: en busca de un futuro desesperado

"Me atrevo a afirmar que en lo monstruoso, al parecer, habitan las posibilidades infinitas de la creación: formas que aún no tienen nombres".

2018/10/11

Por Ángela Carmona

La humanidad odia a los desgraciados... y tú, mi creador, me detestas, desdeñas a tu criatura, a la que estás unido por unos vínculos que solo pueden disolverse con la muerte.

Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), Mary Shelley

Salí de la casa de Delcy Morelos (1967) con el debes crear algo feo en la cabeza pensando que sería muy sencillo. Después entendí que a la fealdad no se llega por azar: hemos huido de lo antiestético y lo repulsivo, hemos tratado de alcanzar las obras que reflejan la bella grandiosidad. Pero las piezas de Morelos, artista colombiana, las creaciones de Rei Kawakubo (1942), diseñadora japonesa, o la misma criatura creada por Mary Shelley en 1818, ratifican lo contrario. Están ahí, mostrándonos las grietas por donde se resquebraja nuestro placer estético.

Debes crear algo feo, algo sucio, ya que la historia que estás contando no tiene nada que ver con la belleza. Las frases de Morelos me retumbaban en la espalda durante mi proceso creativo: diseñar un traje que narrara la historia de una mujer que trabaja doce horas al día cosiendo solo puños y cada 45 minutos gira sus muñecas para que no se le contraigan. La historia de una mujer máquina, que son miles, pero yo la seguía dibujando con silueta de princesa. Olvidé las obras de Morelos, las texturas crudas que exponen la violencia, instalaciones a gran escala que ocupan espacios para evocar los miedos, rojos que explotan y salpican al espectador sin importar los preconceptos, sin buscar su entendimiento, descubriendo el dolor que sus historias claman.

Fue así como me di cuenta de que la historia de la fealdad está aún por escribirse. ¿Pero hablar de la monstruosidad sin mencionarla como otredad? Mary Shelley sabía que para hablar de la modernidad que encandelillaba los inicios del siglo XIX, una sociedad que veía posible revivir cuerpos inertes con un poco de chispa, necesitaba recrear a un científico para el cual los límites entre la vida y la muerte parecieran ilusorios. Narra, así, la historia de un creador que se asusta al ver abrir el ojo amarillento y mortecino de la criatura que ha fabricado: la fealdad como provocación, la fealdad como denuncia social, la búsqueda de la grandiosidad que al parecer no es tan brillante. Pero es Victor Frankenstein, el personaje, quien huye de ese cuerpo sin nombre al cual le dio vida, y a la vez es Mary Shelley quien se abre un camino como escritora, como mujer que es capaz de entrever la nueva consigna posmoderna de la antibelleza.

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Desde los inicios de su trabajo en los años setenta, Rei Kawakubo, con su marca Comme des Garçons, ha abordado lo antiestético desde una intuición creativa, la conciencia del vacío (Mu) que le permite combinar el movimiento de un cuerpo con expresiones grotescas y agresivas en el mundo de la moda que a veces parece estancarse en una silueta determinada: esa misma que quería imponerle a mi mujer máquina. Las creaciones de Kawakubo son vestidos no vestidos que intentan evadir el volumen, diseños exagerados cargados de tumores y jorobas. La S femenina y el cuerpo de guitarra tan marcados en occidente, se camuflan entre formas distorsionadas que aún no tienen nombre.

Es por eso que me atrevo a afirmar que en lo monstruoso, al parecer, habitan las posibilidades infinitas de la creación: formas que aún no tienen nombres, preguntas por el yo que palpitan en la obra de Shelley siguen avivando pasajes grotescos en un mundo aparentemente dominado por lo bello. La disputa continua -como lo menciona Kawakubo- entre el lado derecho del cerebro que ama la tradición y la historia, y el lado izquierdo que solo quiere romper las reglas. Una conversación inconclusa con Morelos y una actividad a principios de octubre: revivir la criatura de Shelley, continuar con esa chispa e inundar las redes sociales con su creación desde una calle en el barrio Santa Fe o una casa estilo Tudor en el barrio Chapinero. Reescribir la historia de lo desproporcionado y lo monstruoso, la fealdad que mira al futuro con total dignidad, que olvida reinterpreta, y cuestiona. Desde mi propia mujer máquina, mi propia criatura fabricada en popelina y fieltro deshilachado: formas sin nombre, monstruos que tal vez son nuestras más preciadas creaciones.

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* La lectura de la obra de Mary Shelley inició desde el pasado 29 de septiembre. La invitación esta abierta al público: múltiples miradas que serán publicadas en las cuentas de Instagram del @fcecolombia, @elmuroantiguo y @nulmedia.

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