Alberto Abello, que fue nombrado director de la Biblioteca Luis Ángel Arango el 17 de abril de 2017, presentó su renuncia la semana pasada. Foto: Juan Carlos Sierra/SEMANA. Alberto Abello, que fue nombrado director de la Biblioteca Luis Ángel Arango el 17 de abril de 2017, presentó su renuncia la semana pasada. Foto: Juan Carlos Sierra/SEMANA.

¿Por qué le corrieron la silla a Abello en la Luis Ángel Arango?

OPINIÓN | El escritor Alonso Sánchez Baute reflexiona sobre la reciente renuncia de Alberto Abello Vives, quien ejerció como director de la Biblioteca Luis Ángel Arango hasta el pasado miércoles 21 de noviembre.

2018/11/26

Por Alonso Sánchez Baute

Con la renuncia el pasado miércoles de Alberto Abello Vives, la sexagenaria Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República se prepara a recibir su cuarto director en el corto período de cinco años. ¿Qué tanto impacto genera la inestabilidad en esta dirección? De acuerdo con la Constitución, el Banco de la República es un ente autónomo en la estructura del Estado colombiano; una institución estable y seria en la que los mecanismos gerenciales y su gestión basada en procesos lo garantizan. Es además un banco central particular, como pocos en el mundo, pues una parte significativa de su presupuesto de gastos e inversiones se destina a promover la cultura en ciudades donde tiene sucursales.

Pero algo está pasando en su área cultural. Si bien desde afuera se le reconoce al Banco ser un pilar de la cultura colombiana, ofreciendo en algunas ciudades la única oferta cultural existente, por dentro pareciera no estar regido por un sistema democrático. Sus decisiones culturales son altamente centralizadas, lo que va en contravía de la misma creación artística. Muchas de ellas se imponen y surgen aisladas de las necesidades reales de la población nacional. Acaso, ¿quién decide el enfoque de lo cultural?

En tiempos de participación social y de trabajos colaborativos, poco hay de ello en el área cultural. Tres grandes profesionales han pasado por la Luis Ángel y tres se han ido en corto tiempo: Alexis De Greiff, profesor de la Universidad Nacional de Colombia; Natalia Ruiz, quien salió de allí para el viceministerio de Educación y Alberto Abello, quien fue traído de Cartagena luego de participar en un concurso. Todos competentes, inteligentes, honestos, reconocidos en sus medios y con los vínculos necesarios para adelantar con éxito su gestión.

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¿No será que la causa de todo esto hay que buscarla aguas arriba? Si los gerentes generales pueden estar máximo tres períodos de cuatro años, ¿por qué la gerencia en el área cultural sobrepasa ese tiempo? ¿Sigue el Banco por la senda de la vieja idea de cultura, de bellas artes, de patronatos elitistas o le apuesta a un mayor sentido de país plural? Bien valdría la pena que el Banco se sincerara ante el país y que su junta nos dijera qué tanto le importa la cultura más allá de los recursos públicos que destina y por qué se ejerce a punta de férula.

Debemos estar seguros de que el amiguismo no es la vara de medición para asignar los recursos desde el área cultural; debemos estar seguros de que la gestión cultural obedece a un nuevo país que no quiere castas definiendo la cultura, un país que no quiere expresidentes que respaldan a funcionarios, un país en el que la politiquería no exige recursos para sus fundaciones amigas, que no impone corbatas, no da órdenes desde afuera y que no altera los procesos de la gestión.

Se sabía que había llegado a la BLAA un investigador y gestor cultural con larga trayectoria, caracterizado por su seriedad y eficiencia. ¿Por qué le corrieron la silla a Abello si era tan buen muchacho? A lo largo de su servicio, los colombianos nos acostumbramos a ver la Biblioteca Luis Ángel Arango en los espacios noticiosos del país gracias a las gestiones de conmemoración de sus sesenta años y a una amplia programación variada y de calidad. ¿Acaso su salida se debe, precisamente, a que los medios estaban resaltando su trabajo? Eso de las nuevas colecciones adquiridas y donadas, de los hallazgos en sus colecciones, de una mayor apertura para la investigación, de la participación de públicos más diversos. Son todas buenas noticias que al parecer causaron escozor al interior de la dirección cultural del Banco. 

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