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  • Catástrofe notable

    Antonio Caballero reflexiona sobre el derrame de petróleo causado por la BP en el golfo de México.

    2010/06/22

    Por Antonio Caballero

    Desde hace un mes, imágenes como la de esta foto le vienen dando sin cesar la vuelta al mundo en las televisiones, en Internet, en los periódicos. Tomadas desde arriba, como la que se ve aquí: el inmenso azul del Golfo de México que va tiñéndose de un negro de tinta china con visos de tornasol y zigzags rojizos que parecen de fuego. O de más cerca, en la costa pantanosa del delta del Mississippi, pelícanos encapuchados de fango y caimanes ahogándose con la boca abierta y peces muertos en un charco de aceite. Imágenes submarinas de nubes de petróleo y disolventes químicos, altas como cúmulos nimbus. Imágenes a ras del agua de barreras de plástico rosado, como aquellas con que una vez el artista Christo, en visión premonitoria, forró unos atolones de coral en la Florida. La imagen de un presidente de los Estados Unidos acurrucado en una playa recogiendo de la arena pelotitas de alquitrán, como un niño que buscara conchas de chipichipi.

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