“Como dice Leibniz y dijo Egan Bernal en una entrevista: todo es por una razón”. “Como dice Leibniz y dijo Egan Bernal en una entrevista: todo es por una razón”.

El futuro es el reino de la posibilidad: la columna de Andrea Mejía

“Como dice Leibniz y dijo Egan Bernal en una entrevista: todo es por una razón”.

2019/08/26

Por Andrea Mejía

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Lo real, lo posible, lo necesario

El día que se corría la última etapa del Tour de Francia recibí un correo de un amigo. Le había escrito el día anterior para felicitarlo porque Egan Bernal era campeón “virtual”, como decía la prensa, del Tour. Le dije que los ciclistas del altiplano me parecían gente muy bella y pacífica, y se merecían ese triunfo. Mi amigo, además de ser un filósofo admirable, es boyacense y es ciclista; entonces pensé que la alegría para él debía ser muy grande. Aprovechamos para retomar un intercambio que habíamos dejado en reposo sobre la necesidad y la posibilidad.

Yo acostumbraba a decir a mis estudiantes que era muy importante que conocieran de memoria la tabla de las categorías de Kant (aunque puede que no sea tan importante), y yo misma la escribo a veces en papeles que encuentro por ahí, como escribo un soneto de Shakespeare que me acompaña desde hace un tiempo: por el placer de copiarlo, y para no perderlo, para no olvidarlo. Dentro de la tabla de las categorías, las categorías de modalidad son de lejos mis preferidas. Se refieren al modo de ser de las cosas: podemos decir de algo que es real, que es posible o que es necesario. Cuando decimos que algo es necesario, estamos diciendo que ese algo no puede sino ser, o que no puede ser de otra manera. Las consideraciones sobre realidad, posibilidad y necesidad han dado pie a la metafísica y a la lógica más luminosas y a las más oscuras. Yo le haría un altar a la tabla kantiana de las categorías y lo pondría junto a mis otros altares que brillan en la noche; y en el lugar de las categorías de modalidad pondría las flores más frescas y blancas, las que están recién cortadas y son más puras. Esta distinción entre lo real, lo posible y lo necesario guarda el enigma de la experiencia humana. Dios quizá no hace esa distinción. Quizá no puede hacerla. Esta distinción constituye nuestra experiencia y nuestro pensamiento de un modo tan fundamental que no poder hacerla sería una carencia, una especie de debilidad metafísica. O una iluminación. Por eso, si no estuviera ya un poco vieja para hacerme más tatuajes, me tatuaría estas tres categorías. Y de paso me tatuaría toda la tabla, para no olvidarla, como el soneto.

En un punto de la conversación con mi amigo yo estaba muy sorprendida porque creía que “real” y “necesario” podían llegar a ser equivalentes. Estaba sorprendida porque justamente esa es la afirmación, inquietante y fascinante, del racionalismo. Su último clamor monstruoso. Todo lo que es debió haber sido. O como dice Leibniz y dijo Egan Bernal en una entrevista: todo es por una razón. Y eso es lo que yo le decía a mi amigo, que todo lo que llega a ser es necesario, no porque no pudo haber sido de otro modo, sino porque en cuanto llegó a ser, pasó a ser necesario. Le expliqué mi intuición y mi estupor con exageraciones retóricas y emocionales con las que él supo ser compasivo. Su respuesta fue tan bella y tan simple que la cito aquí sin su permiso: “Esa me parece que es tu idea, y en algunos momentos creo que he vivido algo así. He tenido esa sensación, sobre todo en momentos en que troto por un parque y siento un disfrute especial, y pienso que pase lo que pase ese momento ya está inscrito en el cosmos y nunca se podrá borrar, aun si yo lo olvido o dejo de existir”. 

Yo no podía haberlo dicho nunca de manera tan cristalina. Mientras pensaba en esto y le respondía a mi amigo, seguía el Tour “en vivo” a través de los cables de un periódico deportivo que encontré en internet. “En muy poco, los ciclistas darán la última vuelta al circuito de los Campos Elíseos. Egan Bernal ganará el Tour de Francia”, decía uno de los últimos cables.

El futuro es el reino de la posibilidad. De lo que no es necesario (aunque no siempre: la muerte es futura y es necesaria; no puede no ser). En un momento preciso, Egan cruzó la meta, pasó de ser el campeón futuro o posible a ser el campeón real. Como si la línea de llegada separara el reino de la posibilidad y el reino de la realidad efectiva. Egan podía haberse roto la cabeza, podía haber tenido un accidente, y entonces, en un instante fatal, hubiera pasado de ser campeón virtual a ya no ser el campeón, o a ser el no-campeón del Tour (aquí entran en juego otras categorías). Yo pensé eso la noche anterior a la etapa final. Por supuesto no fui capaz de compartir esos pensamientos con nadie.

Todo lo que es ya no puede ser de otra manera. Lo real es necesario. Ese es el fondo místico de todo racionalismo. Hay un éxtasis y un horror en ese pensamiento. Por eso me atrae tanto. Así es la vida: cada día descubro lo racionalista que soy, y lo cerca que eso me lleva del silencio. Pero por ahora prefiero, con mucho, la versión serena y luminosa que tiene mi amigo de este pensamiento.

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