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El nuevo revisionismo (hueco): una columna de Nicolás Morales

Ni siquiera en las épocas en que Uribe fue presidente, el uribismo deslegitimó la historia oficial.

2019/02/25

Por Nicolás Morales

Este artículo forma parte de la edición 160 de ARCADIA. Haga clic aquí para leer todo el contenido de la revista.

El affaire de Darío Acevedo se complica. Su pasado lo avasalla. Y todo aquel que llegue a ese cargo en este gobierno, al parecer, tendrá problemas. Es probable que nunca encuentren un buen candidato. La razón, el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) conceptualmente no fue pensado para acoger revisionismos históricos. Y esa era una política de Estado, no de gobierno. Van entonces algunas ideas sobre este particular sin salida.

Los profesores candidatos y sus complejos. Muchos de los revisionistas cuentan con poco apoyo de la academia reconocida, es un hecho. Y, por lo general, estos candidatos han tenido historias universitarias muy desafortunadas con dificultades en su ascenso y con muy mediocres libros. La mayoría de sus colegas los tachan de flojos. Es posible que este resentimiento haya sido el que los empujó a ser distintos y a abrazar la ultraderecha para parecer –de cierta forma– originales. Algo así como el historial del ministro de Educación colombiano en Brasil.

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Ni siquiera en las épocas en que Uribe fue presidente el uribismo deslegitimó la historia oficial. Hago notar que las instituciones educativas y culturales del gobierno de Uribe jamás promovieron tesis revisionistas radicales y muy por el contrario se conectaron con temas innovadores de diversidad racial y algunos otros asuntos de una agenda progresista. En otras palabras, y sé que esto es polémico, el gobierno de Uribe articuló un ministerio de Cultura moderado y un grupo de Memoria Histórica que nunca llegó a ser objeto de ningún tipo de censura. Para ilustrar esto me permito recordar que María Victoria Uribe, académica connotada por sus análisis de violencia, fue ratificada como directora del Instituto de Antropología por Uribe. Ironías de la vida, después trabajaría con Gonzalo Sánchez en el CNMH. Con la actual disparatada carrera de elección del director del cnmh queda algo claro: para cierto sector del Centro Democrático, los ocho años de Uribe fueron muy suaves ideológicamente. Y bueno, aspiro que se conserve el teflón en el ministerio de Cultura, en el que fueron nombrados o ratificados por este gobierno unos funcionarios sensatos. Pero no se confíen, queridos.

El Centro de Memoria fue crítico de la ultraizquierda. Es impresionante ver cómo sectores intelectuales importantes del uribismo pueden ser tan malos lectores; parece que ninguno ha leído con detenimiento los informes que produjo el cnmh, en los que las Farc-ep también salen muy mal paradas del análisis. Cierto, estos informes muestran lo complejo de leer la violencia en un país como Colombia, pero si ustedes me preguntan, hasta los congresistas de la exguerrilla deben estar aplaudiendo el hundimiento de la era de Gonzalo Sánchez en el bendito centro.

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La Nueva Historia hizo la tarea. Todos los materiales generados desde los años noventa por eminentes historiadores vulgarizadores han dado frutos. Obvio, no hablo solo de los libros de Editorial Planeta dirigidos por Tirado y Melo. Hablo de muchos otros libros y manuales generados por la academia. Esto es bonito. Son textos a los que les debemos, en parte, una opinión pública más formada y madura. Hace treinta años habría sido más fácil adherirse a las tesis ultraderechistas de Acevedo, Torrijos y compañía de que no hubo conflicto. Hoy hay una barrera de pensamiento sensata. Y, fíjense, no hay una sola universidad acreditada que les sirva de respaldo.

El revisionismo es flojo. En general, los capítulos de revisionismo del país han sido precarios. Desde las hipótesis absurdas de las bananeras manejadas por cierta congresista hasta los chapuceos en la elección de la cabeza del cnmh hay una constante: es frágil la sustentación intelectual del ultraderechismo tropical colombiano. Su inspiración no es ni siquiera la de un derechista sensato, como un Nicolás Gómez Dávila, sino que su fuente de ideas es la de profesores mediocres que nunca gozaron de prestigio, calidad y carreras significativas. Súmenle a esto que los columnistas de la derecha están lejos de ser intelectuales de derecha prestigiosos como los hay en Europa. Los Mauricio Vargas y & están lejos de constituir una epidermis de pensamiento porque son intelectuales flojos, algunos con novelas insignificantes para el mundo literario. En fin, con este capítulo habrá que esperar y darle algo de beneficio al Dr. Acevedo. Después de todo, viene de la Universidad Nacional, y eso debió dejarle alguna impronta para aceptar debates e interlocutores.

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