"Es posible que estemos entrando en una nueva era en que el deporte está empezando a construir una relación distinta, más crítica y menos obsecuente, con el establecimiento político", escribe Sandra Borda. "Es posible que estemos entrando en una nueva era en que el deporte está empezando a construir una relación distinta, más crítica y menos obsecuente, con el establecimiento político", escribe Sandra Borda.

Megan Rapinoe y Egan Bernal: el nuevo poder político de los deportistas

"Es posible que estemos entrando en una nueva era en que el deporte está empezando a construir una relación distinta, más crítica y menos obsecuente, con el establecimiento político", escribe Sandra Borda.

2019/08/26

Por Sandra Borda

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Megan y Egan: adiós al poder

Ella, Megan Rapinoe, la estrella del equipo de fútbol femenino estadounidense que ganó el más reciente campeonato mundial, lo dijo claro en una entrevista que se hizo viral: “I’m not going to the fucking White House”. Él, Egan Bernal, el ciclista colombiano campeón del Tour de Francia, decidió invitar a su homenaje en Zipaquirá, su tierra natal, solo al alcalde del municipio y al gobernador de Cundinamarca. Duque, entonces, no pudo entregarle la Cruz de Boyacá, ni pudo rendirle un homenaje televisado. Como la celebración no tuvo lugar en Bogotá y Bernal no fue a la Casa de Nariño, el presidente argumentó que la ceremonia sucedería al mismo tiempo que los festejos del bicentenario y prefirió no ir a Zipaquirá.

La resistencia de Rapinoe al gobierno de Trump es ya conocida: ha criticado explícitamente a su gobierno y ha sido de los primeros deportistas blancos en juntarse al gesto de Colin Kaepernick, y otros jugadores de fútbol americano, de poner una rodilla en el suelo cuando suena el himno nacional, antes de que el juego empiece. El gesto se hizo célebre en 2016, cuando Kaepernick decidió protestar contra la brutalidad policial y el racismo poniendo su rodilla en el suelo al inicio del partido (que es lo que hacen los quaterbacks hacia el final de un juego, después de recibir la pelota, y lo hacen para terminarlo cuando llevan ventaja).

Hace cinco años, Egan Bernal recurrió a Facebook para buscar los recursos necesarios para competir en el mundial de ciclomontañismo en Noruega. Ya entonces estaba en el puesto doce del ranking mundial, pero, como gran parte de los deportistas colombianos, tuvo que acudir a ese mecanismo para poder competir y practicar el deporte que hoy lo tiene en la gloria. Bernal decidió entonces que su deuda después de ganar el Tour de Francia era con la gente que lo apoyó en las etapas tempranas de su carrera, y no con el gobierno nacional.

Si bien son dos formas distintas de asumir la relación entre políticos y deportistas, Rapinoe y Bernal están proponiendo un alejamiento crítico a todas luces sano. Los deportistas triunfadores les vienen como anillo al dedo a los políticos porque su éxito es contagioso, mejoran el autoestima colectivo e inyectan optimismo. Por eso, les son supremamente útiles a los mandatarios, que alimentan en su nombre el siempre ventajoso nacionalismo y, con el uso del plural mayestático (“hemos triunfado”, “hemos llegado lejos”, “somos un pueblo peleador y fuerte”), presentan triunfos que no son suyos como si los fueran.

Tristemente, el poder político solo se muestra, con todo su alcance mediático y grandilocuente, en el momento del triunfo. Las jugadoras de la selección femenina de fútbol estadounidense ganan menos que los jugadores de la selección masculina (lo mismo sucede en Colombia), a pesar de que han ganado muchos más campeonatos, la audiencia las sigue con más asiduidad y, dejémoslo claro, son mucho mejores en el juego. Por eso, cuando la selección estadounidense ganó el más reciente campeonato mundial en Francia, todo el estadio cantó al unísono “equal pay” (pago igualitario).

En Colombia, hoy hay más presupuesto que antes para el deporte, y el desempeño de nuestros deportistas ha mejorado sustancialmente en el ámbito internacional. Sin embargo, este gobierno acaba de decidir recortar de nuevo el presupuesto en un doce por ciento; y el respaldo estatal está lejos de ser suficiente para que nuestros deportistas se dediquen profesionalmente a la práctica de su deporte. Así que, también el reciente elogio de Faryd Mondragón a la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez por su apoyo a la Selección Colombiana de Fútbol Femenina es, pues, bastante exagerado.

Pero aún en el caso hipotético de que el Estado apoyara más y mejor a sus deportistas, es un deber del Estado y no un favor que hace el mandatario de turno, por lo que ningún agradecimiento público y ninguna visita a los oscuros palacios del poder son obligatorios.

La decisión de estos deportistas de mantener sus éxitos lejos de la esfera de acción del poder político está plenamente justificada. En el caso de Rapinoe, la distancia crítica se ha convertido en activismo puro en contra de Trump y ello, en mi opinión, es otra forma legítima de usar la visibilidad y el gran simbolismo de los triunfos deportivos. Los deportistas, como todos nosotros, tienen preferencias políticas y están en libertad de tramitarlas públicamente, o de no hacerlo.

Es posible que estemos entrando en una nueva era en que el deporte está empezando a construir una relación distinta, más crítica y menos obsecuente, con el establecimiento político. Como en el caso del arte, creo que esa distancia no es solo saludable: es absolutamente necesaria.

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