Martha Ruíz Martha Ruíz

Defensa de la pared (pintada)

"El aerosol para muchos de nuestros gendarmes es equivalente a un arma. A lo mejor porque las primeras pintas que “ensuciaron” las paredes de las ciudades eran apologías de la guerrilla o de la izquierda."

2014/04/21

Por Marta Ruiz

Lo primero que hizo Rafael Pardo en su breve paso por el Palacio Liévano fue mandar a borrar los grafitis de la Calle 26, dizque por razones de ornato. Pintar muros es considerado en el mundo entero un asunto de canallas; un acto de vandalismo. En sociedades civilizadas, “ensuciar” el espacio público o privado da pequeños carcelazos o multas. Aun así, los alcaldes de las grandes urbes, conscientes de que el grafiti no va a desaparecer porque sí, han creado espacios legales para que artistas callejeros y activistas dejen allí su impronta. Sin embargo, a saber por qué, los amantes del aerosol tienen una demostrada preferencia por los muros prohibidos. Es así como su prestigio se mide en muchas ciudades por la cantidad de multas y estrujones que han recibido.

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