Frontera México Estados Unidos foto de 'El Tiempo', sábado 3 de noviembre 2012. Frontera México Estados Unidos foto de 'El Tiempo', sábado 3 de noviembre 2012.

El Norte y el Sur

Antonio Caballero escribe para Arcadia sobre la inutilidad de la barrera física que separa a México de los Estados Unidos.

2012/11/27

Por Antonio Caballero

La camioneta no consiguió pasar, como puede verse en la fotografía (El Tiempo, sábado 3 de noviembre). Se quedó ensartada y en equilibrio en el filo de la barrera que separa a México de los Estados Unidos para que no pasen las drogas prohibidas y los inmigrantes ilegales a corromper a “America the Beautiful”, como suelen. Pues la verdad es que, pese a la barrera, suelen pasar. La barrera es una valla de hierro y hormigón que corre a lo largo de varios centenares de los 3.241 kilómetros de la frontera (o 1.952 millas: hasta eso separa a los dos países), alta, sólida, muy bella a ratos: una larga culebra oscura erizada de pinchos que serpentea por el desierto, patrullada de día por grupos motorizados de “minutemen”, voluntarios patrióticos armados de fusiles de asalto, y de noche iluminada por potentes reflectores de estadio. Hace un año el gobernador de Arizona decidió cerrar el boquete de ochenta y dos millas que quedaba sin muralla en su parte de frontera, y lo hizo a la manera tradicional: financiando la obra por suscripción popular (ahora recaudada por Internet) y construyéndola con trabajo esclavo, o, más exactamente, trabajo forzado de presidiarios. Probablemente inmigrantes ilegales mexicanos: de los cuarenta mil internos que hay en las cárceles del estado muchos lo son.

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