Antonio Caballero Antonio Caballero

Entre dos aguas

"A mi parecer, este Dalái Lama no dice sino bobadas". Antonio Caballero escribe sobre el "sorprendentemente" popular líder espiritual.

2014/03/21

Por Antonio Caballero

Este anciano jovial y a la vez acongojado (esas cejas, esa sonrisa indecisa) que saluda o bendice con unción eclesiástica, a la manera de los exalcaldes de Bogotá, es en realidad el modelo que les inspira a ellos su manera de saludar (o bendecir): es el Dalái Lama, mezcla de Papa infalible y rey feudal por derecho divino, jefe religioso de la rama vajrayana del budismo y gobernante teocrático y autocrático del Tíbet desde los cuatro años de edad. Era un niño llamado Lhamo Dhondup en una aldea perdida del Himalaya cuando fue descubierto y reconocido como la reencarnación de los trece grandes lamas tibetanos desde el siglo xiv, rebautizado como Tanzin Gyatso con el nombre de sus antecesores y llevado a educarse y a la vez a enseñar en su gigantesco palacio y además templo de Potala, en Lhassa. Hasta que en 1959, cuando tenía veinticuatro años, la invasión del Tíbet por las tropas chinas lo mandó al exilio. 

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