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La muerte que (no) se fue

Carolina Sanín reflexiona sobre el imaginario en torno al SIDA.

2011/06/23

Por Carolina Sanín

Entre los niños de mi edad circulaba la leyenda de un hombre que una noche se acostaba borracho con una desconocida y, a la mañana siguiente, encontraba escrito en el espejo del baño, con lápiz labial, “Bienvenido al club del SIDA”. También circulaba la historia de un atracador que merodeaba por Bogotá asaltando a sus víctimas con una jeringa infectada del virus VIH. Cuando oímos de la enfermedad por primera vez, no teníamos todavía relaciones sexuales pero empezábamos a ser conscientes de nuestro deseo y planeábamos besarnos. Las leyendas que digo no producían el miedo de las historias de asesinatos o secuestros sino el terror de las historias fáusticas y las de apariciones fantasmales. Hablaban de gente que estaba viviendo la muerte en la geografía de los vivos.

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