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La vocación

Carolina Sanín reflexiona sobre los escritores y sus egos.

2010/02/28

Por Carolina Sanín

Uno lee por primera vez su nombre en letras de molde y empieza a querer ser ese nombre escrito. Ha publicado en el anuario del colegio unos poemas, digamos, y las mamás lo han felicitado, y los compañeros han empezado a mirarlo un poco como si tuviera un secreto y un poco como si pudiera leer los secretos de ellos. Uno empieza a ser más solitario que lo que tal vez quiso, pero uno va a ser escritor (o, entiéndase, escritora): tiene vocación para la soberbia, así que le gusta parecerse a un lobo, acechado por la desconfianza propia y la suspicacia ajena. Uno se va volviendo paranoico.

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