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Los primates

Marta Ruíz reflexiona sobre el caso de Dominique Strauss-Kahn.

2011/06/23

Por Marta Ruiz

A propósito del escándalo que tiene en la cárcel a Dominique Strauss-Kahn, ha quedado claro que, respecto al sexo, entre la tradición calvinista de los gringos y el mito seductor de los franceses hay una enorme brecha. Ya se sabía que en Estados Unidos se ha exagerado tanto el puritanismo que cualquier petición respetuosa de irse a la cama puede considerarse acoso sexual. Pero los franceses son el otro extremo: a juzgar por lo que hemos leído estos días, muchos consideran que no sugerirle sexo a una mujer es sinónimo de mala educación. Y que si la susodicha se niega, es porque carece de modales. “Vamos, seamos adultos” es una frase que más de una vez escuchamos las mujeres cuando decimos “no”, y de inmediato se nos considera inmaduras. O la famosa y aparentemente cáustica pregunta que sigue a la negativa: “¿eres lesbiana?”. Como si uno tuviera que demostrar lo contrario y complacer al pedigüeño.

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