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Príncipes traducidos y tocados

Carolina Sanín reflexiona sobre la monaquía, a propósito de la más reciente boda real.

2011/05/24

Por Carolina Sanín

En español llamamos Isabel II a la reina que en su reino se llama Elizabeth II, Jorge VI a su padre y Guillermo a su lejano antecesor el Conquistador. Pero parece que llamaremos rey William a su nieto, pues así lo llamamos de príncipe, mientras que nunca hemos llamado Charles a su hijo, el de Gales y Wales. El traducir los nombres de los príncipes, como se hace con los de los santos, implicaba que el príncipe era una entidad más allá de la identidad; cada príncipe heredero era la personificación de un mismo personaje, el rey, que era uno desde el inicio de la memoria histórica, encarnado por distintos hombres vivos para que nunca muriera. El nombre del príncipe no importaba: cada lengua lo designaba con una palabra distinta, así como en cada una príncipe se dice de distinta manera.

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