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Sangre de dragón y salsa de tomate

"Aplaudo que los cines de los centros comerciales proyecten óperas, y tengo que decir que el ruido y el olor no me arruinaron por completo la experiencia..." Carolina Sanín opina sobre la experiencia de ir a ver ópera en un cine bogotano.

2013/08/16

Por Carolina Sanín

Un pájaro pasa volando y cantando por el escenario, y Siegfried, el héroe que no conoce el miedo, quiere entender lo que dice. Quizás para ello deba primero tratar de hacerse entender por el pájaro, imitándolo. Arranca una ramita y con el filo de su espada la convierte en una flauta, pero al soplar no consigue hacer música. Resuelve entonces tocar su cuerno, con el que ya ha atraído otras criaturas del bosque. Pero aunque lo toca expertamente, tampoco él le ayuda a entender lo que el pájaro dice. Se mete luego a la boca un poco de la sangre del dragón que acaba de matar. De repente sus oídos se abren, y el público escucha a través de él las palabras del pájaro, que canta con voz de soprano y guía al héroe hacia su destino.

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