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Un misterio envuelto en un enigma

'Conspiración. Cómo Rusia ayudó a Trump a ganar las elecciones' de Luke Harding sirve de manual de referencia de los hechos y los personajes que seguramente ya están en el expediente del escándalo más grande de la Casa Blanca en los últimos 45 años.

2018/02/20

Por Mauricio Sáenz

Desde que aspiraba a la candidatura republicana, Donald Trump ya se caracterizaba por su lenguaje soez y virulento. El Donald (como le dicen sus críticos) insultaba a todo el mundo. Excepción hecha de un personaje insólito: el presidente ruso Vladimir Putin. En los discursos del magnate neoyorquino, Putin aparecía como un gobernante inteligente y firme que había devuelto a su país el orgullo: un modelo a seguir “To make America great again”.

Trump se deshizo en elogios hacia Putin tantas veces, que los analistas comenzaron a detectar un patrón sospechoso. Pero quienes más conocían la historia del desarrollador de finca raíz no se sorprendieron: Trump y su entorno tenían una larga historia de relaciones con Moscú, una telaraña de proyectos e intereses compartidos capaces de explicar la extraña deferencia del magnate-candidato con el exagente de la KGB, convertido en gobernante autoritario y antidemocrático.

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El británico Luke Harding trata de armar el rompecabezas en su libro Conspiración. Cómo Rusia ayudó a Trump a ganar las elecciones. Tiene calificaciones para hacerlo. Ya publicó otros cinco volúmenes de investigación periodística, dos de los cuales se convirtieron en películas, El quinto poder y Snowden, y participó en el descubrimiento del escándalo de la FIFA. Además, trabajó en Moscú como corresponsal del diario londinense The Guardian entre 2007 y 2011, y fue expulsado porque sus investigaciones sobre Putin estaban llegando más lejos de lo permisible.

En esos años pudo familiarizarse con los procedimientos non sanctos del Kremlin, y encontrar detalles como la práctica de recolectar (kompromat) información de inteligencia poco presentable sobre personajes de interés, y la de cultivar, durante años, a aquellos que presentan perfiles prometedores, justo como Trump. Harding también pudo conocer y tratar de cerca a muchos de los personajes involucrados, como Aras Agalarov, el multimillonario cuyo hijo participó en el trato para entregarle a Donald Jr. información contra Hillary Clinton. Y en 2008 entrevistó en Kiev a Paul Manafort, entonces asesor externo de la campaña del candidato presidencial favorecido por Putin en Ucrania. Manafort se convertiría en el director de la de Trump en 2016 y hoy es una de las personas de su entorno en la mira de la investigación especial del FBI sobre la posible colusión con Moscú.

Harding ya trabajaba en el tema cuando entrevistó a Christopher Steele, exagente del MI6, el servicio británico de inteligencia que había investigado el asunto por cuenta (según se sabe hoy) del Comité Nacional Demócrata. Steele, sin ser muy explícito, le aconsejó seguir dos líneas de investigación: una, las ventas de finca raíz hechas por Trump a personajes rusos, muchas veces por precios exagerados, y los préstamos recibidos por este. Y dos, las relaciones del magnate con las mujeres. Varias semanas después de esa entrevista, el portal Buzzfeed publicó el memorando de 32 páginas escrito por Steele, y estalló el escándalo.

El libro de Harding, que se lee como un thriller de espías, tiene el mérito indiscutible de poner los muchos indicios que apuntan en dirección a que Trump ganó la presidencia con la ayuda del gobierno de Putin. Datos y hechos que muestran que el apoyo financiero de Moscú y la intromisión de los hackers, que afectaron las percepciones populares acerca de Hillary Clinton, constituyeron una ayuda clave para que el magnate ganara las elecciones.

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Pero al mismo tiempo sufre una debilidad, que los defensores de Trump aprovechan para descalificar la obra: aunque las sospechas son muy fuertes, las pruebas judiciales capaces de sustentar un impeachment brillan por su ausencia. Pero encontrarlas no es el papel del periodista, sino del investigador oficial, Robert Mueller, y del juez natural del presidente, el Congreso. Ellos tendrán la última palabra.

Entre tanto, este libro sirve de manual de referencia de los hechos y los personajes que seguramente ya están en el expediente del escándalo más grande de la Casa Blanca en los últimos 45 años.

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