Afiche de la película Déjame entrar. Afiche de la película Déjame entrar.

El rastro de tu sangre en la nieve

Juan Carlos González reseña la película Déjame entrar.

2010/04/21

Por Juan Carlos González A.

Qué lugar tan solitario es la adolescencia. Qué silencios se viven, qué incomprensiones se padecen, que ganas hay de ser visto, de ser aceptado, de poder encontrar alguien que hable nuestro propio lenguaje. Nos sentimos tan extraños en la adolescencia, tan confundidos y perplejos, que hasta pudiéramos llegar a pensar que nos entenderíamos bien con la quintaesencia del ser adolorido, el vampiro. Bueno, si acaso existiera. Por fortuna la fabulación del cine no tiene límites y la amistad entre adolescentes y vampiros –una sumatoria de soledades– es factible.

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