'Era más grande el muerto' Luis Miguel Rivas. Seix Barral, 2017. 'Era más grande el muerto' Luis Miguel Rivas. Seix Barral, 2017.

La hora de los chichipatos

'Era más grande el muerto', de Luis Miguel Rivas, habla desde la postura de aquellos que no tuvieron las agallas para formar parte del negocio del narcotráfico.

2017/10/20

Por Camilo Hoyos

Luis Miguel Rivas es un conocido en el público lector de cuento colombiano: el Fondo eafit publicó Los amigos míos se viven muriendo (2007) y Tareas no hechas (2014), y Seix Barral publicó hace un par de años ¿Nos vamos a ir como estamos pasando de bueno? (2015). Nacido en Cartago en 1969 y luego residente de Envigado, conoció de la cultura paisa esa ambivalencia entre la tenacidad económica y la cultura de las posesiones materiales, de la fuerza física y del macho dominante. Temas no muy distintos a lo que podríamos encontrar en cualquier novela sobre el narcotráfico, pero que en el caso de Era más grande el muerto, su primera novela y último libro publicado, da un giro a la tuerca: no se concentra en los duros, sino en los chichipatos.

Carátula del libro.

Suele ocurrir que las películas, series o novelas sobre el ascenso del narcotráfico, y por lo tanto del sicariato y la violencia, se concentran en el fuerte, en el macho; en el que toma la delantera y sobresale por tener agallas para la tortura y la extorsión, y destroza la cadena de valores. Simboliza la facilidad del dinero a cambio de la ausencia del miedo, porque eso es lo más importante: no temerle a la muerte. Quien ha tenido voz en la memoria de la historia colombiana de la década de los ochenta es el fuerte que invirtió los valores de una sociedad. Era más grande el muerto es un ejercicio opuesto, y ahí está su valor narrativo: es la historia de los que sí temieron, de los que no tuvieron las agallas; y por esto, no por convicción ética, se quedaron del bando inofensivo. Es la historia de los chichipatos: no de los que quieren el dinero, sino de los que no tienen el valor para formar parte del negocio. Es decir, del marginal a esa escala de valores que por cualquier motivo no puede legitimar formando parte de la violencia.

El título de la novela ya da pistas sobre la naturaleza ética de esta situación: Manuel y Yovani, residentes del barrio Villalinda en la década de los ochenta, visitan la morgue porque allí venden la ropa de los muertos. Cada muerto que llega es una víctima del negocio de la droga, y en cada prenda atestigua la forma de su muerte: a ese lo arrastraron, a ese otro le pegaron dos balazos. Cada prenda comprada es también revivir al muerto por las calles. Manuel compra una chaqueta Chanel roja con una herida de bala en pecho y la primera vez que se la pone le gritan en la calle que le queda juanchona porque era más grande el muerto. ¿Más grande de talla, o más grande en “valentía?”. “El mundo es una cadena de chichipatos detrás de cuatro o cinco duros de verdad”, dice un personaje en algún momento de la novela. Quien compra la ropa del muerto hace las veces de chacal: está comprando la dominguera por la que el difunto mató en vida para poder comprarla de marca. Ya en La virgen de los sicarios el narrador explica que a tal lo mataron por “chichipato, por bazofia, por basura”, por ser alguien de “poca monta”. Se trata de un personaje que hace ya casi 30 años había aparecido en nuestra literatura, pero que hasta ahora parece tomar voz desde la marginalidad ética impuesta por las calles.

El giro que propone Rivas es poner a ese chichipato como narrador de la historia. Ya en este orden se abre un nuevo orden dentro de la narrativa del género, porque sin importar los elementos inherentes al mismo (bombas, sicariato, extorsión) son narrados desde esa doble marginalidad que implica un débil en un barrio marginal en poder de la mafia. A partir de este narrador, que intercala su narración entre largos fragmentos omniscientes y luego insólitas páginas cargadas de un registro oral impecable, caminamos de la mano de aquellos de quienes se aprovecharon, o que fueron tan poca cosa que ni siquiera los sicarios los consideraban una amenaza. Desde esta voz se construye una novela de la cual no es muy fácil reconocer la voz de la resignación, o de la moralidad: se trata de una novela que pone en juego una serie de valores ya anteriormente reconocidos, pero por primera vez relatados desde la perspectiva del débil. Del débil que el lector seguramente reconocerá como su par.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en REVISTA ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 157

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.